El Abogado Millonario Quiso Robar la Propiedad, Pero la Viuda Encontró el Testamento Secreto y Desató un Juicio de Herencia

PÁGINA 2: La Batalla Legal y el Abogado Despiadado

María pasó la noche leyendo y releyendo los documentos. El sol de la mañana ya no le parecía hostil; era un testigo de la verdad que David había protegido.

El Sr. Thorne, un hombre que valía cientos de millones, había intentado robarle lo único que le quedaba: su hogar.

A las ocho en punto de la mañana, María llamó a la única persona que conocía que podía enfrentarse a la maquinaria legal de Thorne: Elena Ríos, una abogada de defensa civil que había trabajado con David en casos menores.

Elena llegó en menos de una hora, con una expresión de seria preocupación.

"María, lamento mucho tu pérdida. Pero dime, ¿por qué me has llamado con tanta urgencia? El equipo legal de Thorne es despiadado."

María le mostró la caja oxidada y su contenido.

Elena examinó el testamento notariado. Sus ojos se abrieron como platos al ver la complejidad del esquema de propiedad.

"David era un genio. Usó una estructura de fideicomiso ciego para comprar la casa bajo sus narices. Es casi imposible de rastrear, a menos que tengas esta documentación."

Luego, Elena revisó los extractos de la malversación.

"Esto es dinamita, María. Thorne no solo te está desalojando; está tratando de destruir cualquier prueba de que David estaba investigando su fraude. Si esto sale a la luz, Thorne pierde su licencia, sus bienes, y va a prisión."

La conversación se interrumpió bruscamente. Un golpe seco y autoritario resonó en la puerta principal.

Era Marcus Vance, el abogado de Thorne, conocido en la ciudad por su brutalidad en los desalojos. Detrás de él, dos hombres corpulentos de seguridad.

María tragó saliva. Elena se puso de pie, su expresión firme.

"Soy la abogada de la Sra. Soto. Tienen que hablar conmigo."

Marcus Vance, un hombre alto y delgado con un traje de tres piezas de seda gris, sonrió con desprecio.

"Vaya, la señora Soto encontró un abogado de barrio. No importa. Tenemos una orden de desalojo. Las 48 horas han expirado."

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Vance le entregó un papel a Elena. Era una orden judicial genérica de desalojo basada en la propiedad corporativa de Thorne & Asociados.

"La casa es un activo de la empresa, señora Ríos. Mueva sus cajas o mis hombres lo harán por usted. Y créame, no serán cuidadosos."

Elena no se inmutó.

"Lamentablemente, Sr. Vance, su orden se basa en información errónea. La Sra. Soto es la legítima dueña de esta propiedad."

Vance soltó una carcajada seca y sin humor.

"¿Dueña? ¿Con qué documento? El título de propiedad está a nombre de 'Fideicomiso Corporativo Delta Uno', que es propiedad de Thorne & Asociados. Muéstreme un título que lo contradiga, o salga de mi camino."

María, siguiendo las indicaciones de Elena, se acercó al escritorio y levantó la carpeta de "TESTAMENTO".

"Aquí está," dijo María, su voz temblando ligeramente, pero con una firmeza que no sabía que poseía. "El testamento de David y la documentación que demuestra que él compró el Fideicomiso Delta Uno legítimamente, sacándolo del control de su cliente."

Marcus Vance tomó la carpeta con desdén y hojeó los papeles. Su sonrisa se desvaneció un poco al ver el sello notarial.

"Esto es una farsa. Documentos manipulados por un hombre muerto. El título de propiedad que nosotros poseemos es el que está registrado en el condado, y lleva la firma de David como agente de la empresa."

Elena intervino rápidamente.

"Entonces tendremos que dejar que un juez decida qué documento es legítimo, Sr. Vance. Y le advierto, si su cliente presentó un título fraudulento, no solo perderá la propiedad, sino que enfrentará cargos penales muy graves."

Vance se puso lívido. Retiró a sus hombres, pero no sin antes lanzar una amenaza.

"Nos vemos en la corte, señora Soto. Prepárese para perder lo poco que le queda."

El juicio de emergencia se programó tres días después. La prensa local, atraída por la disputa de propiedad y la mención del nombre del multimillonario Thorne, estaba enardecida.

En la sala del tribunal, Thorne parecía la personificación del estatus y la arrogancia. Se sentó junto a Vance, mirando a María con una mezcla de lástima y burla.

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Vance presentó el título de propiedad corporativo. Parecía impecable. La firma de David como agente de compras estaba allí.

"Su Señoría," argumentó Vance con voz resonante, "la defensa presenta un testamento dudoso y documentos de contabilidad que no tienen relevancia en este caso de propiedad. La casa es, legal y corporativamente, un activo de Thorne & Asociados. Pedimos el desalojo inmediato y que la señora Soto pague las costas legales por esta pérdida de tiempo."

La Jueza Reynolds, una mujer de expresión severa, examinó los documentos.

"Sra. Ríos, su turno. ¿Qué prueba tiene de que este título de propiedad corporativo es inválido?"

Elena se puso de pie. "Su Señoría, tenemos pruebas de que el Sr. Thorne no solo intentó desalojar a mi cliente, sino que falsificó documentos para ocultar una malversación millonaria que David Soto estaba a punto de exponer."

Presentó los extractos de la caja. Thorne se puso pálido.

Pero Vance fue rápido. "¡Objeción! Irrelevante. Esto es una disputa de propiedad, no una auditoría fiscal."

La Jueza concedió la objeción. "Manténgase en la propiedad, Sra. Ríos."

Elena asintió, pero su expresión era de confianza absoluta.

"Como prueba final, Su Señoría, presentamos el testamento de David Soto, donde transfiere el control legítimo del Fideicomiso Delta Uno a mi cliente. Y, lo más importante, tenemos la clave para desenmascarar el título fraudulento que el Sr. Vance acaba de presentar."

Elena se acercó a la mesa de pruebas y tomó el título de propiedad que Vance había entregado.

"Sr. Soto, antes de morir, sabía que el Sr. Thorne falsificaría un título. Por eso, él dejó una marca de seguridad en el título original que él compró legítimamente. Una marca que solo él conocía y que el Sr. Thorne no pudo replicar en su falsificación."

Elena se giró hacia la Jueza, sosteniendo el documento de Thorne a contraluz.

"El título que Thorne presentó, Su Señoría, es una copia casi perfecta. Pero David, mi cliente, me indicó una prueba simple: el verdadero título original, que David escondió, está impreso en un papel de seguridad que reacciona a la luz ultravioleta de una manera muy específica. Y la firma de David en el título de Thorne, si se mira con atención…"

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Elena hizo una pausa dramática. Sacó una pequeña linterna de luz ultravioleta de su maletín.

La Jueza, intrigada, asintió. "Proceda, Sra. Ríos."

Elena encendió la luz azulada y la pasó sobre la firma de David en el documento presentado por Thorne.

El papel brilló ligeramente, pero la tinta de la firma de David se mantuvo inerte, un negro opaco.

"Como puede ver, Su Señoría, la tinta es normal." Elena se dirigió a Thorne, que estaba sudando profusamente. "Usted usó tinta de imprenta común, Sr. Thorne."

Luego, Elena sacó un segundo documento, el que David había escondido en la caja oxidada, envuelto en papel de seda.

"Ahora, el título de propiedad original y legítimo, comprado por David Soto."

Elena pasó la luz ultravioleta sobre la firma de David en este nuevo documento.

Esta vez, la firma no se quedó opaca. Un detalle minúsculo, una pequeña línea de texto cifrado incrustada en el borde de la firma, que nadie podría haber visto a simple vista, brilló intensamente con un color verde esmeralda.

La Jueza Reynolds se inclinó, con los ojos fijos en el brillo verdoso.

"¿Qué es eso, Sra. Ríos?"

Elena sonrió. "Esa, Su Señoría, es una tinta de seguridad patentada que David Soto usaba en su trabajo de investigación. Él la llamó 'El Guardián Esmeralda'. El Sr. Thorne no podía saberlo, porque David nunca se lo dijo. Es la prueba irrefutable de que este es el título legítimo, y que el documento que presenta el Sr. Vance es una falsificación descarada."

La sala de la corte se quedó en un silencio absoluto. Thorne se desplomó en su silla.

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