El Empresario Millonario Iba a Despedirla, Pero el Secreto que Su Empleada Guardaba en la Mansión Cambió Su Destino y Su Herencia para Siempre

La noche se hizo eterna para Eduardo. No pudo dormir. La imagen de los números y letras en el plano, la historia de María, la mirada de Sofía, todo se arremolinaba en su mente. Apenas amaneció, se levantó y bajó al jardín, donde el rosal "Rosa Eterna" se alzaba majestuoso, cubierto de rocío matutino.

María ya estaba allí, esperándolo. Su rostro, aunque cansado, irradiaba una mezcla de nerviosismo y expectación.

"Buenos días, señor Vargas", dijo en voz baja. "¿Ha pensado qué significa N-3-A y J-7?"

Eduardo había estado dándole vueltas toda la noche. "Creo que N-3-A podría ser el ala norte de la casa, tercer piso, habitación 'A'. Y J-7... quizás un punto específico en el jardín, o una medida."

Se acercaron al rosal. Era un espécimen antiguo, con tallos gruesos y retorcidos, y flores de un rojo intenso que desafiaban el paso del tiempo. Junto a él, como María había mencionado, había una vieja fuente de piedra, cubierta de musgo, que Eduardo siempre había visto como una mera antigüedad.

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"Mi abuela decía que Don Elías era muy ingenioso", comentó María.

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