El Empresario Millonario Volvió a su Mansión de Lujo un Día Antes y Descubrió la Deuda Más Cara de su Vida

El zapato, un mocasín de piel de becerro color tabaco, con la suela de goma finamente estriada, era inconfundible. Pertenecía a Marco Valeriano, su socio más cercano, su amigo de la infancia, el hombre en quien había depositado una confianza ciega durante décadas. El hombre al que le había encomendado la dirección de sus operaciones en Europa.

El corazón de Roberto se encogió hasta convertirse en un puño de hielo. La traición tenía un rostro, y era el de Marco. Y el de Sofía. Un dolor agudo, punzante, le atravesó el pecho. No era solo la infidelidad; era la doble puñalada de las dos personas en las que más confiaba.

Se obligó a mirar a través de la rendija. La escena que se desplegaba ante sus ojos era una pesadilla hecha realidad. Sofía estaba sentada en el borde de la cama, riendo, mientras Marco le acariciaba el cabello. No había pasión desbordada, no había un acto explícito, pero la intimidad, la complicidad en sus gestos y miradas, era más devastadora que cualquier imagen explícita. Era la intimidad de años, no de un desliz.

Roberto sintió un ardor en los ojos, pero se negó a llorar. La rabia, fría y calculada, comenzó a reemplazar el dolor. Abrió la puerta de golpe.

El sonido del impacto contra la pared resonó en la habitación, silenciando de inmediato las risas. Sofía y Marco se giraron, sus rostros palideciendo al ver a Roberto parado en el umbral, su figura imponente proyectando una larga sombra.

"Roberto...", Sofía balbuceó, sus ojos grandes y llenos de terror. Se levantó de un salto, tropezando ligeramente con sus propios pies. Su cabello estaba revuelto, su vestido de seda ligeramente desabrochado.

Marco, con una calma espeluznante, aunque con una pizca de sorpresa en sus ojos, también se puso de pie. Su sonrisa habitual de complicidad se había esfumado, reemplazada por una mueca tensa. "Roberto, qué sorpresa. No te esperábamos hasta mañana."

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La voz de Roberto era un susurro mortal, cargado de acero. "Ya veo que no. Parece que interrumpo algo importante. ¿Una reunión de negocios, Marco? ¿O quizás una 'reunión' de otra índole?" Su mirada no se apartaba de Sofía, quien se encogía bajo su escrutinio.

"Roberto, por favor, déjame explicarte...", comenzó Sofía, extendiendo una mano temblorosa.

Él la ignoró. Sus ojos se fijaron en Marco. "Tú. Mi amigo. Mi socio. El hombre a quien confié mi empresa y mi familia." Cada palabra era un martillo golpeando la pared de su traición. "¿Qué tienes que decir, Marco? ¿Cómo explicas esto?"

Marco, con un aplomo que a Roberto le pareció repugnante, se ajustó la camisa. "No hay mucho que explicar, Roberto. Las cosas a veces simplemente... suceden. Sofía y yo... hemos estado juntos por un tiempo."

La confesión, tan directa, tan descarada, golpeó a Roberto con la fuerza de un rayo. "¡¿Por un tiempo?!", rugió, su voz finalmente estallando. "¿Cuánto tiempo? ¿Desde cuándo me estás engañando en mi propia casa, con mi propia esposa, con mi propio... amigo?"

Sofía rompió a llorar. "Roberto, por favor, no grites. Los niños... están dormidos."

"¡¿Los niños?!", gritó Roberto, la furia nublando su juicio. "¡¿Te atreves a mencionar a los niños después de esto?! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto, Sofía?! ¡¿Después de todo lo que hemos construido?!"

Marco intervino, con un tono más conciliador. "Roberto, cálmate. No es el momento ni el lugar para esto. Podemos hablarlo con tranquilidad."

"¡No hay tranquilidad para esto, Marco!", espetó Roberto, acercándose peligrosamente a él. "¡Me has apuñalado por la espalda! ¡Ambos! ¡En mi propia casa! ¡Mientras yo estaba trabajando para asegurar el futuro de esta familia, de nuestra familia!"

Sofía, entre sollozos, intentó defenderse. "No es tan simple, Roberto. Tú siempre estabas fuera. Siempre el trabajo, el imperio. Yo me sentía sola, abandonada."

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"¡¿Sola?!", Roberto se rió, una risa amarga y desprovista de alegría. "¡Tienes todo lo que una mujer podría desear! ¡Una mansión, viajes, joyas, una vida de lujo! ¡Mis hijos! ¡Y aun así, te sientes 'sola' y buscas consuelo en los brazos de mi socio!"

Marco, al ver que la situación se descontrolaba, decidió revelar una parte de la verdad que había mantenido oculta. "Roberto, hay algo más que necesitas saber. Esto no es solo una cuestión personal. Sofía y yo... tenemos un plan."

Roberto lo miró, incrédulo. "¿Un plan? ¿Qué plan? ¿Un plan para humillarme? ¿Para destruirme?"

"Un plan para el futuro de la empresa", dijo Marco, su voz ahora más firme, casi desafiante. "Tus métodos son anticuados, Roberto. Te aferras a la vieja guardia. El mercado exige una visión más arriesgada, más agresiva. Sofía comparte mi visión."

Sofía asintió, secándose las lágrimas. "Marco tiene razón, Roberto. Tus decisiones recientes... han sido demasiado conservadoras. La empresa necesita un cambio de liderazgo."

El aire en la habitación se volvió gélido. Roberto no podía creer lo que escuchaba. No era solo una traición personal, era un golpe de estado corporativo. La infidelidad era solo la punta del iceberg, una táctica para desestabilizarlo y tomar el control de su imperio.

"Así que esto es más que un simple romance", dijo Roberto, su voz ahora peligrosamente tranquila. "Esto es una conspiración. Quieres mi empresa, Marco. Y tú, Sofía, eres su cómplice."

"No es una conspiración, Roberto", replicó Marco. "Es una evolución necesaria. Con Sofía de mi lado, como tu esposa y accionista mayoritaria, el consejo de administración nos escuchará. Hemos estado preparando esto por meses."

La revelación de que Sofía era una accionista mayoritaria, un detalle que él mismo había orquestado para protegerla y asegurarle un futuro, ahora se volvía en su contra. Había transferido una parte significativa de sus acciones a su nombre hace años, como un gesto de amor y confianza. Esa confianza ahora era su mayor debilidad.

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Roberto sintió que el suelo se abría bajo sus pies. No solo había perdido a su esposa y a su amigo, sino que ahora su imperio, el trabajo de toda su vida, estaba en juego. Marco y Sofía lo habían planeado todo con una frialdad y una crueldad que le helaban la sangre.

"Esto no se quedará así", dijo Roberto, su voz un trueno contenido. "No se saldrán con la suya. Juro que se arrepentirán de esto. De cada maldita palabra, de cada maldito acto."

Marco se encogió de hombros con una arrogancia que Roberto nunca le había visto. "Veremos, Roberto. El mundo de los negocios es un campo de batalla. Y a veces, las batallas más importantes se libran en casa."

Sofía lo miró con una mezcla de remordimiento y desafío. "Piensa en los niños, Roberto. No hagas esto más difícil de lo que ya es."

"¡Los niños!", Roberto repitió, su voz temblorosa de ira. "¡Ustedes dos han destrozado la vida de mis hijos con su egoísmo y su ambición desmedida! ¡No se atrevan a mencionarlos!"

Roberto dio media vuelta, la imagen de Sofía y Marco, sus traidores, grabada a fuego en su mente. Salió de la habitación, dejando la puerta abierta de par en par, el silencio de la mansión ahora más opresivo que nunca. No sabía qué hacer, a quién recurrir. Su mundo, su perfecta vida de lujo y poder, se había desmoronado en cuestión de minutos. La deuda que le habían cobrado era mucho más que monetaria.

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