El Empresario Millonario Volvió a su Mansión de Lujo un Día Antes y Descubrió la Deuda Más Cara de su Vida

Roberto salió de la mansión, ignorando las llamadas desesperadas de Sofía y la fría mirada de Marco. La noche había caído por completo, y las estrellas, que antes le parecían un manto de diamantes, ahora brillaban con una indiferencia cruel. Subió a su coche personal, un Rolls-Royce Phantom que solía conducir solo en ocasiones especiales, y arrancó el motor. El rugido del V12 era el único sonido que lograba acallar el estruendo de su mente.

Condujo sin rumbo fijo por las carreteras serpenteantes de la costa, el océano oscuro y vasto reflejando el vacío que sentía en su interior. La traición de Sofía y Marco no era solo un golpe personal; era un terremoto que amenazaba con derrumbar los cimientos de su imperio. La revelación de que Sofía controlaba una parte significativa de las acciones de la empresa, y su alianza con Marco, era una jugada maestra, calculada para dejarlo sin salida.

Su mente, siempre aguda y estratégica, comenzó a procesar la información. Marco no era un simple empleado; era el Director de Operaciones Globales, el cerebro detrás de muchas de sus expansiones recientes. Su conocimiento interno de la empresa era enciclopédico. Si él y Sofía actuaban juntos, podrían reunir los votos suficientes en el consejo para destituirlo de su propio cargo. La idea le revolvía el estómago.

Llegó a un acantilado desolado, un lugar donde solía ir a pensar cuando los negocios se ponían difíciles. Salió del coche y contempló el abismo. El viento azotaba su rostro, pero no sentía frío. Solo la quemazón de la ira y la humillación. ¿Cómo pudo ser tan ciego? ¿Cómo pudo confiar tanto?

Recordó las cenas de negocios, las conversaciones con Marco sobre el futuro de "Grupo Fortuna", las risas compartidas. Recordó las noches con Sofía, las promesas de amor eterno, los sueños que habían construido juntos. Todo era una farsa, una elaborada puesta en escena para despojarlo de todo.

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La pregunta que más le atormentaba era: ¿desde cuándo? ¿Desde cuándo Sofía y Marco habían estado tejiendo esta red de engaños? Las palabras de Marco, "hemos estado preparando esto por meses", resonaban en su cabeza. Meses. ¿Mientras él viajaba, mientras él se deslomaba por ellos, ellos lo apuñalaban por la espalda?

Respiró hondo, intentando controlar la marea de emociones que lo ahogaba. Roberto no era un hombre que se rindiera. Había construido su imperio desde cero, superando obstáculos inimaginables. Esta era la batalla más personal y despiadada que jamás había enfrentado, pero no sería la última.

Al amanecer, Roberto regresó a la ciudad. No fue a la mansión. En su lugar, se dirigió a su oficina en el rascacielos que dominaba el skyline, la sede de Grupo Fortuna. Entró por la puerta de servicio, evitando el personal de seguridad que pudiera alertar a Marco.

Una vez en su despacho, un santuario de cuero y madera oscura con vistas a la ciudad, encendió su ordenador. Necesitaba pruebas. Necesitaba entender la magnitud de la traición. Pasó las siguientes horas revisando registros financieros, correos electrónicos corporativos, informes de proyectos.

A medida que avanzaba, una imagen más clara y siniestra emergía. Había movimientos sospechosos en varias cuentas offshore vinculadas a proyectos de Marco. Pequeñas desviaciones de fondos, camufladas entre grandes transacciones, que sumaban cifras considerables. Marco no solo quería su empresa; también había estado robando de ella.

Y Sofía. Descubrió transferencias de dinero a cuentas personales de ella, sumas que excedían con creces sus asignaciones habituales. No eran grandes cantidades que pudieran levantar sospechas de inmediato, pero eran constantes, un goteo persistente que indicaba una complicidad activa en el desfalco.

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La traición era aún más profunda. No era solo amor y amistad; era codicia.

Roberto llamó a su abogado personal, el implacable y meticuloso David Stern, un hombre que se había ganado su reputación defendiendo a magnates en batallas legales imposibles.

"David, necesito verte de inmediato. Es una emergencia. Y es... delicado", dijo Roberto, su voz aún ronca por la falta de sueño y la tensión.

Stern, un hombre de pocas palabras pero de gran intelecto, solo respondió: "Estaré en su oficina en treinta minutos, Roberto. Prepare los documentos."

Cuando Stern llegó, Roberto le expuso la situación con una frialdad y una precisión que sorprendieron incluso al veterano abogado. Los detalles de la infidelidad, el plan para tomar el control de la empresa, las pruebas de desfalco.

Stern escuchó atentamente, sin interrumpir, tomando notas en un cuaderno de cuero. Al final, cerró el cuaderno y miró a Roberto con seriedad. "Roberto, esto es un golpe duro, tanto personal como profesional. Pero tenemos un caso sólido. Infidelidad, conspiración para el control corporativo y malversación de fondos. La buena noticia es que Marco ha sido descuidado."

"¿Descuidado?", preguntó Roberto, sintiendo un atisbo de esperanza.

"Sí. Esas transferencias que encontró a sus cuentas offshore... no las enmascaró lo suficientemente bien. Y las transferencias a Sofía, aunque menores, demuestran su participación activa. El problema será el control de las acciones de Sofía. Necesitamos una estrategia para invalidar su posición."

"¿Qué podemos hacer?", preguntó Roberto, la rabia dando paso a una determinación férrea.

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"Primero, congelar todos los activos de Marco y Sofía que estén directamente relacionados con la empresa, bajo la acusación de fraude. Segundo, iniciar un proceso de divorcio por adulterio, lo que, en su caso, podría tener un impacto significativo en la división de bienes y, crucialmente, en la custodia de los niños. Y tercero, preparar una demanda penal contra Marco por malversación y conspiración. Para Sofía, podemos negociar si coopera."

La mención de los niños volvió a golpear a Roberto. La idea de una batalla por la custodia era devastadora. Pero no podía permitir que sus hijos crecieran en un ambiente de mentiras, con una madre que había traicionado a su padre y un "padrastro" que era un ladrón.

"Hazlo, David. Sin piedad", dijo Roberto, su voz resonando con autoridad. "Quiero que paguen por cada minuto de mi vida que me han robado, por cada centavo que han desviado, por cada mentira que han pronunciado. Y quiero que mi empresa esté segura."

Stern asintió. "Será una batalla pública, Roberto. Los medios de comunicación se harán un festín. ¿Está preparado para eso?"

Roberto miró por la ventana, hacia el vasto imperio que había construido. "He sobrevivido a guerras financieras, a crisis económicas, a tiburones de Wall Street. Esto es personal. Y estoy más que preparado."

La verdadera guerra apenas comenzaba. Marco y Sofía habían subestimado la astucia y la resiliencia de Roberto. Habían creído que lo tenían arrinconado, pero solo habían despertado al león dormido, un león que ahora rugía con la fuerza de la justicia y la venganza. La deuda que Roberto les cobraría sería impagable, mucho más allá de cualquier cifra monetaria.

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