El Empresario Millonario y la Deuda de su Pasado: Un Heredero Inesperado que Cambió Todo

La palabra "Ana" apenas salió de sus labios, pero resonó en el aire como un disparo. Laura, al escuchar el nombre, giró su cabeza hacia Marcos con una expresión de asombro y una creciente sospecha. La dulzura de su rostro se transformó en una interrogación silenciosa. "¿Ana? ¿La conoces, mi amor?"
Marcos se sintió atrapado, como un animal en una jaula. El sudor frío le empapaba la frente. No había forma de escapar. No había palabras que pudieran suavizar el golpe que se avecinaba. Se bajó del caballo con movimientos torpes, sus piernas se sentían pesadas, como si estuvieran hechas de plomo. Caminó unos pocos pasos hacia Ana, sintiendo la mirada inquisitiva de Laura clavada en su espalda.
"Ana, yo... no sabía que estabas aquí", dijo Marcos, su voz aún ronca, intentando sonar casual, aunque su corazón latía a mil por hora. Miró el vientre abultado de ella, y un nudo de terror se apretó en su garganta. ¿Era posible? ¿Después de tanto tiempo?
Ana se incorporó, dejando la leña a un lado. Su figura, antes menuda, ahora proyectaba una sombra de resignación. Sus ojos, antes llenos de la chispa de la vida, ahora parecían dos pozos profundos de dolor y cansancio. No había ira en su mirada, solo una tristeza infinita que le partía el alma a Marcos.
"¿No sabías?", respondió Ana, su voz suave pero cargada de un sarcasmo apenas perceptible. "El mundo es pequeño para algunos, ¿no, Marcos? Especialmente para los que huyen de su pasado."
Laura, que se había bajado del caballo también, se acercó a Marcos, su mano buscando la suya. "Marcos, ¿quién es ella?", preguntó Laura, su voz teñida de una preocupación que rápidamente se transformaba en ansiedad. La mano de Marcos estaba fría y temblorosa.
Marcos tragó saliva. Era el momento de la verdad, o al menos, una parte de ella. "Laura, ella... ella es Ana. Mi exesposa."
El silencio que siguió fue ensordecedor. Laura soltó la mano de Marcos como si se hubiera quemado. Sus ojos azules se abrieron de par en par, pasando de la sorpresa a la incredulidad, y luego a una profunda herida. Miró a Ana, luego al vientre de Ana, y finalmente a Marcos, con una expresión que exigía una explicación que él no sabía cómo dar.
"¿Tu exesposa?", susurró Laura, apenas audible. "Pero... ¿por qué está aquí? ¿Y por qué... por qué está embarazada?" Su voz se quebró al final. La felicidad del paseo se había disuelto en un instante, reemplazada por una amarga realidad.
Ana no apartó la mirada de Marcos. "Estoy aquí porque es el único lugar donde puedo estar", dijo con una voz que Marcos apenas reconoció, tan desprovista de emoción. "Y mi embarazo... bueno, eso es algo que tú deberías saber, Marcos."
El golpe fue directo al estómago de Marcos. Las palabras de Ana eran un dardo envenenado. La certeza, que había estado latente, ahora se manifestaba con una fuerza brutal. Ese hijo. No podía ser de otro. No podía.
"No... no puede ser", balbuceó Marcos, retrocediendo un paso. Su mente buscaba desesperadamente una excusa, una negación. Pero la imagen de Ana, sola, vulnerable, embarazada, no dejaba lugar a dudas. La última vez que habían estado juntos, un año y medio antes, fue una despedida agridulce, un último intento de revivir algo que él ya había decidido dejar morir. Él se había ido a la ciudad, a construir su imperio. Ella se había quedado atrás.
Ana sonrió, una sonrisa triste y amarga. "Oh, sí que puede ser, Marcos. De hecho, lo es. ¿O acaso pensaste que tu 'última noche de despedida' no tendría consecuencias? No todos tienen la suerte de olvidar tan rápido."
La revelación cayó sobre Laura como una losa. Sus ojos se llenaron de lágrimas. "Marcos, ¿es verdad? ¿Es... es tu hijo?" La voz de Laura era un hilo apenas audible, cargada de dolor y traición. La imagen del futuro que habían construido juntos se desmoronaba ante sus ojos.
Marcos intentó acercarse a Laura, pero ella retrocedió, negando con la cabeza. "No me toques", dijo, su voz ahora más firme, aunque temblorosa. "Explícame esto, Marcos. ¿Me has estado mintiendo todo este tiempo?"
"Laura, por favor, déjame explicarte", suplicó Marcos, mirando de una mujer a otra, sintiendo el peso de su pasado y su presente chocar violentamente. "Yo... yo no sabía. No tenía idea. Ana, ¿por qué no me dijiste nada?"
Ana rió sin humor. "Y para qué, Marcos? ¿Para que me dieras limosnas? ¿Para que arruinara tu nueva vida de lujo y tu prometida perfecta? Ya te habías ido. Ya me habías dejado. ¿Qué esperabas? ¿Una llamada para felicitarte por tu nuevo rancho y tu nuevo amor mientras yo me desmoronaba en la soledad?"
La acusación de Ana era justa y brutal. Marcos no tenía defensa. Se había ido. Había cortado todo contacto, sumergiéndose en su trabajo, en su ascenso social, en la construcción de su imagen de "empresario de éxito". Había borrado a Ana de su vida como si nunca hubiera existido, convencido de que era lo mejor para ambos.
"Pero... un hijo", susurró Laura, sus ojos llenos de un dolor insoportable. "Marcos, ¿cómo pudiste?"
"Laura, por favor, no es lo que parece", intentó Marcos, pero sus palabras sonaban huecas incluso para él. ¿Cómo no iba a ser lo que parecía? Parecía exactamente lo que era: un hombre que había abandonado a su esposa, la había dejado embarazada sin saberlo, y ahora se enfrentaba a las consecuencias de su irresponsabilidad.
Ana se inclinó de nuevo, con dificultad, para recoger la leña. No pidió ayuda. Su orgullo, a pesar de su situación, era inquebrantable. Marcos se sintió diminuto, patético. El millonario, el empresario exitoso, ahora era solo un hombre acorralado por sus propias decisiones.
"No te molestes, Marcos", dijo Ana, sin mirarlo. "No necesito tu lástima, ni tu ayuda. Ya me las arreglaré. Siempre lo he hecho."
La leña, un símbolo de su dura realidad, fue recogida lentamente, rama por rama. Cada movimiento de Ana era un golpe al corazón de Marcos. Laura se había alejado unos pasos, sus lágrimas caían silenciosamente, su mirada perdida en el horizonte. La relación que Marcos había valorado tanto, su futuro, su estatus, todo estaba en peligro. La deuda de su pasado, materializada en el vientre de Ana, era un precio que nunca imaginó tener que pagar.
Marcos sabía que no podía dejarlo así. No podía permitir que Ana se fuera, no con esa verdad a cuestas. Tenía que enfrentar esto. Tenía que hablar con ella, con Laura. Pero el miedo, un miedo atroz a perderlo todo, lo paralizaba. La imagen de un heredero inesperado, de un hijo que no había buscado, que llegaba a desestabilizar su vida perfecta, era abrumadora.
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇
Deja una respuesta

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA