El Heredero Inesperado: El Millonario Plan Oculto Tras el Desmayo en la Calle

El Señor Vargas se detuvo abruptamente a pocos pasos de Aaron, sus ojos oscuros ocultos tras las gafas de sol, pero su postura irradiaba una amenaza silenciosa. Su voz, cuando finalmente habló, era un susurro gélido que cortó el aire.
"¿Qué cree que está haciendo?", espetó Vargas, su mirada clavada en la identificación de Valeria que Aaron aún sostenía. Su tono implicaba una acusación directa, sin espacio para la duda.
Aaron, aún arrodillado junto a Valeria, intentó balbucear una explicación. "Señor, ella... se desmayó. Solo quería ayudar. Encontré esto..." Levantó la tarjeta, intentando ofrecerla, pero Vargas no hizo ademán de tomarla.
"¿Ayudar?", replicó Vargas, con una risa amarga y despectiva. "Oportunista es la palabra que busco. ¿Qué hacía con su identificación en la mano? ¿Y su bolso abierto? ¿Creía que nadie lo vería?"
La multitud, que había crecido en número, ahora observaba la escena con mayor interés. Los murmullos comenzaron a extenderse, las miradas de curiosidad se tornaron en juicios silenciosos. Aaron sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
En ese momento, el sonido estridente de una sirena se acercó. Una ambulancia, alertada por algún transeúnte, llegó al lugar. Los paramédicos se abrieron paso, con sus maletas de primeros auxilios.
"¡Apártense, por favor!", ordenó uno de ellos. Aaron se hizo a un lado, sintiendo el peso de la mirada de Vargas sobre él.
Mientras los paramédicos atendían a Valeria, Vargas se acercó a Aaron, su voz ahora aún más baja, casi inaudible para los demás, pero cargada de veneno. "No sé quién es usted, ni qué pretendía, pero le aseguro que la familia Montiel no toma a la ligera los incidentes que involucran a sus miembros. Especialmente cuando hay extraños merodeando con propiedades ajenas."
La palabra "propiedades" resonó en la cabeza de Aaron como una campana de alarma. ¿Lo estaba acusando de robo? El miedo se apoderó de él, un frío que iba más allá del asfalto.
"Yo no...", intentó protestar Aaron, pero Vargas lo interrumpió con un gesto imperioso.
"No diga una palabra más", siseó Vargas. "La señorita Montiel será llevada al hospital. Y usted, joven, vendrá con nosotros. Hay algunas preguntas que responder."
Antes de que Aaron pudiera reaccionar, un coche negro de alta gama, que había aparecido de la nada, se detuvo a su lado. Dos hombres corpulentos, vestidos con trajes oscuros, bajaron. No eran policías, pero su presencia era igualmente intimidante.
"Por favor, acompáñenos", dijo uno de ellos, su voz plana y sin emociones, pero su mano se posó firmemente en el brazo de Aaron. No era una invitación, era una orden.
Aaron se encontró en el asiento trasero del coche, flanqueado por los dos hombres silenciosos. Vargas iba adelante, haciendo llamadas en su teléfono, su rostro una máscara de fría determinación. El taxi de Aaron, el que lo llevaría a su futuro, se había perdido en el tráfico. Su entrevista, su sueño, todo se había esfumado.
El hospital era un laberinto de pasillos asépticos y olores a desinfectante. Valeria fue llevada de inmediato a una sala de emergencias. Aaron, por su parte, fue conducido a una pequeña oficina, más una sala de interrogatorios que una sala de espera.
Vargas entró poco después, acompañado por un agente de seguridad del hospital y un par de policías que habían sido alertados. La situación escalaba a cada minuto.
"Aaron Morales, ¿verdad?", preguntó uno de los policías, con una libreta en la mano. "Señor Vargas nos ha informado de un incidente. Parece que usted estaba en posesión de la identificación de la señorita Montiel y que su bolso estaba abierto."
Aaron, exhausto y con el corazón en un puño, intentó explicar de nuevo, con voz temblorosa, la secuencia de los hechos. Su buena intención, el desmayo, su intento de ayuda.
Vargas, sentado con las piernas cruzadas, escuchaba con una expresión de escepticismo marcada en su rostro. Interrumpió a Aaron en varias ocasiones, señalando inconsistencias o planteando dudas sobre sus motivos. "Es una coincidencia muy grande, joven, que usted, un desconocido, estuviera justo allí, y que justo usted tomara su identificación. ¿Y qué buscaba en el bolso? Las pertenencias de la señorita Montiel son de un valor incalculable."
Las horas pasaron como una eternidad. Aaron se sentía atrapado en una pesadilla. Su celular, que había vibrado con llamadas perdidas de la empresa de la entrevista, ahora estaba en silencio. Había perdido la oportunidad de su vida, y ahora, parecía que también perdería su libertad.
Finalmente, una enfermera entró en la oficina. "La señorita Montiel ha recuperado la conciencia. Está débil, pero consciente."
Un rayo de esperanza se encendió en el pecho de Aaron. Valeria. Ella podría aclarar todo. Ella podría decirles que él solo intentaba ayudar.
Vargas se levantó de inmediato. "Vamos. Es hora de que la señorita Montiel confirme lo ocurrido." Su mirada se posó en Aaron. "Y usted, joven, tendrá la oportunidad de escuchar la verdad de boca de la propia víctima."
Mientras se dirigían a la habitación de Valeria, Aaron sentía una mezcla de alivio y terror. ¿Qué recordaría ella? ¿Estaría lo suficientemente lúcida? ¿O la influencia de Vargas la llevaría a una conclusión errónea?
Cuando entraron en la habitación privada, Valeria yacía en la cama, pálida pero con los ojos abiertos. Su mirada se encontró con la de Aaron. Había una chispa de reconocimiento, o al menos eso le pareció a él.
Vargas se acercó a la cama con una sonrisa forzada. "Valeria, querida, ¿cómo te sientes? Qué susto nos has dado. Este joven de aquí, Aaron Morales, dice que te encontró desmayada. Y que él solo estaba... ayudando. ¿Recuerdas algo de lo que pasó? ¿Recuerdas si él te quitó algo del bolso?"
Valeria parpadeó lentamente, su mirada fija en Aaron, luego en Vargas. El silencio en la habitación era ensordecedor. Aaron contuvo el aliento, su destino pendiendo de las palabras de esa mujer.
"Yo...", comenzó Valeria, su voz apenas un susurro. Todos se inclinaron para escuchar. "Yo... yo solo recuerdo... el mareo... y luego... él... él estaba allí..." Su mirada volvió a Aaron, y luego, con una expresión de dolor y confusión, se clavó en Vargas. "Y tú... tú también estabas allí, ¿verdad, Señor Vargas?"
La tensión en la habitación se volvió insoportable. Las palabras de Valeria, en lugar de aclarar, habían añadido una capa más de misterio. Vargas endureció su mandíbula, y Aaron sintió un escalofrío. La "verdad" estaba a punto de ser revelada, pero no de la manera que Aaron esperaba.
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