El Heredero Millonario Rechazó a su Prometida y Cambió su Testamento a Favor de una Camarera Desconocida

El Abogado, la Cláusula y la Deuda de Honor
La decisión de Alejandro Dávila no solo destrozó la fiesta, sino que inició una guerra legal y social que amenazaba con desestabilizar el imperio Dávila.
Camila Velasco no era una mujer que aceptara un rechazo, mucho menos uno tan público y humillante. Su padre, el Juez Velasco, activó inmediatamente sus contactos, inundando los medios con historias difamatorias sobre la supuesta "inestabilidad mental" de Alejandro y exigiendo una compensación por "daños emocionales y contractuales" que ascendía a diez millones de dólares.
Mientras tanto, en el estudio de Alejandro, la atmósfera era tensa. Elena Vargas estaba sentada en un sillón de cuero, sintiéndose completamente fuera de lugar.
"Señor Dávila, no entiendo. ¿Por qué me trajo aquí?" preguntó Elena, todavía en estado de shock. "La gente como ella no paga por humillaciones, solo se van."
Alejandro, sentado detrás de su escritorio de caoba, la miró con seriedad.
"Ella no se irá, Elena. Ella y su familia van a intentar destruirme por el desaire. La diferencia es que yo sí pago mis deudas. Y la deuda que tengo ahora es de honor. Me avergüenza la forma en que mi prometida, o ex prometida, la trató en mi casa."
Sacó dos documentos voluminosos. Uno era el contrato prenupcial que nunca se llegó a firmar. El otro, un documento legal escrito a mano y sellado por su abogado, el prestigioso Marcus Thorne.
"Camila está exigiendo diez millones por el compromiso roto. Diez millones que, según el acuerdo verbal que teníamos, iban a ser depositados en un fideicomiso para ella un día después de la boda."
Elena abrió los ojos como platos. "¿Diez millones? Señor, por favor, no me meta en esto. Yo no quiero nada."
"Ya estás en esto, Elena. La familia Velasco va a intentar usar la opinión pública para presionarme. Necesito un contraataque legal que sea ético e irrefutable."
Alejandro deslizó el segundo documento hacia ella.
"Esto es una enmienda a mi testamento y un acto de donación irrevocable. Como heredero principal de la fortuna Dávila, tengo la potestad de disponer de ciertos activos sin la aprobación inmediata del consejo familiar, siempre y cuando no comprometan las acciones principales."
Hizo una pausa, dejando que la gravedad de sus palabras se asentara.
"Los diez millones de dólares que estaban destinados al fideicomiso de Camila… los he reasignado. Una parte sustancial, cinco millones de dólares, serán transferidos a un fondo de inversión a su nombre, Elena Vargas, para que pueda iniciar cualquier negocio o proyecto que desee, lejos de este tipo de humillación."
Elena se levantó de golpe, tambaleándose. "¡No! ¡Es una locura! No puedo aceptar eso. Es dinero de su familia."
"Es mi dinero, Elena. Y es una inversión en decencia. Pero hay una cláusula, y aquí es donde entra el abogado Thorne. Para que esta donación sea legalmente inatacable por los Velasco, debe demostrarse que usted no es una empleada, sino una socia. Por lo tanto, he creado una fundación bajo su nombre, la Fundación Vargas, dedicada a mejorar las condiciones laborales del sector servicios."
En ese momento, la puerta se abrió y entró Marcus Thorne, el abogado. Era un hombre imponente, con una calma aterradora.
"Alejandro, el Juez Velasco me acaba de llamar. Están listos para presentar la demanda por incumplimiento de promesa matrimonial. Necesitamos actuar ahora."
"Perfecto, Marcus. ¿Está lista la carta de respuesta? Y, ¿la prueba de la transferencia a la Fundación Vargas?"
"Lista. Pero hay un problema, Alejandro. Camila ha estado rastreando tus movimientos financieros. Sabe que has movido los diez millones. Su argumento es que, al mover el dinero destinado a ella, has incurrido en fraude contractual."
"¿Y qué le dijiste?"
"Le dije la verdad. Que el dinero fue donado. Pero ella no cree que lo hayas dado a una camarera, Alejandro. Ella cree que lo escondiste. Su padre está exigiendo una auditoría forense de tus cuentas personales y empresariales."
Alejandro sonrió fríamente. "Que auditen lo que quieran. No tengo nada que esconder. Pero tú sí, Marcus. ¿Qué encontraste en los antecedentes de la señorita Velasco?"
Thorne se acercó y bajó la voz, aunque solo estaban ellos tres.
"Camila Velasco no solo estaba casada legalmente hace tres años con un empresario chipriota—un matrimonio que nunca fue anulado—sino que además, la razón por la que el Juez Velasco está tan desesperado por el dinero es que su bufete está al borde de la quiebra debido a una serie de malas inversiones y una investigación federal por evasión fiscal."
Elena jadeó, cubriéndose la boca.
Alejandro se levantó, su expresión ahora de pura determinación.
"Entonces, el Juez Velasco no busca justicia, busca un rescate de diez millones usando a su hija como peón. Marcus, presenta la contrademanda mañana. No por difamación. Por bigamia y fraude. Y asegúrate de que el Juez Velasco entienda que si intenta impugnar la donación a Elena Vargas, toda su situación fiscal saldrá a la luz pública."
La guerra había pasado de ser un drama social a una batalla legal por la supervivencia económica de una de las familias más poderosas del país. Alejandro estaba usando la ley no para vengarse, sino para exponer la podredumbre que había intentado infiltrarse en su vida, mientras aseguraba el futuro de la única persona inocente en toda la situación.
El Juez Velasco recibiría el golpe más duro de su carrera, y Camila, la mujer que creyó que el dinero lo compraba todo, estaba a punto de perderlo absolutamente todo.
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Excelente historia... Muy triste, muy miedosa, muy linda, con un final feliz y esa mujer lacdel vestido color perla, una porquería de vieja... Siquiera se dieron cuenta a tiempo y se deshizo ese compromiso..
MI nombre es.. Cecilia torres
Mi correo.. cecilia8910@gmail.com
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