El Millonario y la Herencia Sorpresa: La Niña del Orfanato que Reclamó su Dueño

El silencio que siguió a la palabra "¡Papá!" se extendió como una mancha de tinta oscura, absorbiendo todo el sonido, toda la luz de la sala. Alejandro Velasco, el hombre que había negociado acuerdos multimillonarios sin inmutarse, que había enfrentado a consejos de administración hostiles con una calma pétrea, se encontró por primera vez en su vida sin palabras, sin una estrategia, sin un plan. La pequeña mano de Camila seguía aferrada a su pantalón, un ancla inquebrantable a una realidad que él se negaba a reconocer. Sus ojos, normalmente tan astutos, estaban fijos en el rostro inocente de la niña, buscando alguna señal de burla, alguna explicación lógica, pero solo encontró pura convicción.
Sor Marta fue la primera en reaccionar, aunque su voz sonó apenas como un susurro. "Camila, cariño, el señor Velasco no es tu papá. Debes estar confundida". Se arrodilló, intentando con delicadeza pero con firmeza separar a la niña del magnate.
Pero Camila no cedió. "Sí es mi papá", insistió, girando su rostro hacia Sor Marta con una expresión de perplejidad. "Él me lo prometió. Dijo que vendría a buscarme."
Las palabras de la niña golpearon a Alejandro como un puñetazo en el estómago. ¿Prometió? ¿Cuándo? Él nunca había prometido nada a ningún niño. Su mente, un archivo impecable de datos y eventos, no registraba ningún encuentro previo con esa niña, con ningún niño de ese orfanato, más allá de las formales visitas anuales. La ira comenzó a burbujear bajo su superficie helada. Alguien estaba manipulando a esta niña, o peor, intentando alguna clase de chantaje.
"Esto es un error", espetó Alejandro, su voz recuperando parte de su habitual dureza, aunque con un matiz de incredulidad. Miró a Sor Marta, sus ojos grises lanzando dardos. "Directora, ¿qué significa esto? ¿Quién es esta niña? ¿Y por qué está diciendo tales disparates?"
Sor Marta sintió un sudor frío recorrer su espalda. "Señor Velasco, le juro que no tengo idea. Camila llegó al orfanato hace tres años. Sus documentos... sus documentos indicaban que fue encontrada abandonada en la calle. No teníamos ningún dato de sus padres." La directora se llevó una mano a la boca, sus ojos recorriendo a la niña con una nueva y perturbadora inquietud.
Alejandro se agachó de nuevo, esta vez con una expresión más severa. "Camila", dijo, su voz sorprendentemente calmada, aunque con un filo de acero. "¿Por qué dices que soy tu padre? ¿Quién te dijo eso?"
La niña parpadeó, sus grandes ojos azules llenos de una honestidad desarmante. "Nadie me lo dijo. Yo lo sé. Tú eres mi papá. Me pareces al dibujo que hice de mi papá en el jardín de niños. Y siento que eres tú". Sus dedos se aferraron con más fuerza, como si temiera que él se desvaneciera.
La explicación de Camila era a la vez absurda y extrañamente convincente en su simplicidad infantil. Alejandro sintió un escalofrío. La semejanza física, ahora que la miraba con más atención, era inquietante. El mismo color de ojos, aunque los de ella eran más brillantes, la misma forma de la nariz, un pequeño lunar cerca de su oreja que él también tenía, oculto por su cabello. La posibilidad, por remota que fuera, lo golpeó con una fuerza abrumadora.
"Esto es inadmisible", declaró, levantándose abruptamente. "Exijo una explicación, directora. Y exijo ver los expedientes de esta niña de inmediato. Todo lo que tengan".
Sor Marta, temblorosa, asintió vigorosamente. "Por supuesto, señor. Venga a mi oficina. Camila, por favor, ve con la hermana Elena". La hermana Elena, una cuidadora de rostro amable, se acercó para llevarse a Camila, quien finalmente soltó el pantalón de Alejandro, pero no sin antes darle una última mirada de esperanza y una pequeña sonrisa.
En la oficina de Sor Marta, el aire era tenso y pesado. Alejandro se sentó frente al escritorio, su mirada fija en la directora mientras esta buscaba entre archivadores viejos y carpetas polvorientas. Su mente corría a mil por hora. Él siempre había sido un hombre de negocios, dedicado por completo a su imperio. Su vida personal era casi inexistente, un páramo de relaciones fugaces y sin compromiso. ¿Un hijo? Era impensable.
Finalmente, Sor Marta encontró la carpeta de Camila. La abrió con manos temblorosas y comenzó a leer en voz alta los escasos detalles. "Camila, edad estimada al ingreso: dos años. Encontrada en el Parque Central, cerca del lago. No llevaba identificación. Solo una pequeña mochila con un peluche y una nota."
"¿Una nota?", interrumpió Alejandro, su voz aguda.
"Sí, señor. Una nota muy breve. Decía: 'Por favor, cuiden a mi Camila. Su padre la buscará. Su nombre es Alejandro'". Sor Marta se calló, sus ojos alzándose para encontrarse con los de Alejandro, llenos de un miedo reverencial.
La mención de su nombre hizo que el mundo de Alejandro se tambaleara. "Eso es imposible", murmuró, pero la convicción en su voz flaqueó. La nota, la semejanza, la inusual seguridad de la niña. Un recuerdo fugaz, casi borroso, comenzó a formarse en los confines de su memoria, una figura femenina, un encuentro en el Parque Central hace años, una noche de soledad y excesos que él había borrado de su mente con la misma eficiencia con la que eliminaba una inversión fallida.
"¿Hay alguna foto de la madre?", preguntó, su voz ahora apenas un susurro.
Sor Marta negó con la cabeza. "No, señor. Nunca se encontró a la madre. La policía investigó, pero no hubo rastro. Solo la nota y la niña."
Alejandro se levantó abruptamente. La habitación parecía encogerse a su alrededor. "Necesito una prueba. Una prueba irrefutable. Contacte a mis abogados, Sor Marta. Y a un laboratorio. Esto... esto debe ser aclarado de inmediato." La frialdad había regresado a su voz, pero ahora era una armadura contra el torbellino de emociones que amenazaba con arrastrarlo. Su vida, su imperio, su meticulosa existencia, pendían de un hilo, de una palabra pronunciada por una niña. El testamento de su vida, escrito en piedra, estaba a punto de ser reescrito por una verdad que se negaba a aceptar.
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇
Deja una respuesta

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA