El Niño del Portón: La Venganza Que Nadie Esperaba

Si llegaste desde Facebook buscando saber qué pasó realmente con Ana y el niño misterioso, estás en el lugar correcto. La historia que está a punto de conocer ha dejado sin palabras a miles de personas.
Lo que comenzó como un acto cruel hacia un niño indefenso, se convirtió en algo mucho más oscuro de lo que nadie imaginaba.
El Terror Comienza
Los hombres de traje no venían a negociar.
El primero que bajó de la camioneta era alto, de unos cincuenta años, con una cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda. Sus ojos tenían esa frialdad que solo se ve en personas acostumbradas a resolver problemas de la peor manera.
"Señora Morales", dijo mientras se acercaba a mi puerta. "Soy el señor Vásquez. Trabajo para la familia Mendoza."
Mis manos temblaron al abrir la puerta. María seguía espiando desde su ventana, pero ahora había cerrado las cortinas.
"Lo que le hizo a Miguelito esta tarde fue un error muy grave", continuó Vásquez. Su voz era suave, pero cada palabra sonaba como una amenaza. "Ese niño no es cualquier niño."
Me mostró una foto con el celular. Era Miguelito, pero limpio, bien vestido, sonriendo junto a un hombre de unos cuarenta años en lo que parecía una mansión.
"Su padre, don Roberto, es un hombre muy poderoso. Y muy protector con su familia."
Vásquez guardó el teléfono y me miró directo a los ojos.
"Pero hoy, Miguelito presenció algo terrible en su casa. Algo que lo traumatizó tanto que salió corriendo, buscando ayuda. Y usted…" hizo una pausa que me pareció eterna, "usted fue la primera persona que encontró."
Mi garganta se secó completamente.
"¿Qué… qué presenció?" logré susurrar.
Vásquez sonrió, pero no había nada amable en esa sonrisa.
"Su madrastra muerta. Asesinada. Y don Roberto con las manos llenas de sangre."
El mundo se me vino encima. Había rechazado al único testigo de un crimen. Un niño que solo buscaba refugio.
"Miguelito vio todo desde la escalera", continuó Vásquez. "Escuchó los gritos, vio la pelea, presenció el momento exacto en que don Roberto perdió el control."
Los otros hombres se acercaron más a mi puerta. Ahora podía ver que llevaban algo en las manos, pero las sombras no me dejaban distinguir qué era.
"El problema, señora Morales, es que usted fue muy cruel con el único testigo que podría hundir a nuestro jefe."
Vásquez sacó un sobre de su chaqueta.
"Don Roberto está dispuesto a ser… generoso. Cincuenta mil dólares por su silencio. Y por asegurar que si alguien pregunta, usted nunca vio a Miguelito esta tarde."
El sobre cayó a mis pies.
"Pero si decide no cooperar…" Los otros hombres dieron un paso adelante. Ahora podía ver lo que llevaban en las manos.
Eran palas.
"Bueno, digamos que don Roberto sabe hacer que los problemas… desaparezcan."
Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que podían escucharlo. Miré hacia la casa de María, pero las luces estaban apagadas.
"¿Dónde está Miguelito ahora?" pregunté con voz quebrada.
Vásquez miró su reloj.
"Esa es la pregunta correcta, señora Morales. Porque resulta que el niño nunca llegó a casa."
Se me helaron las venas.
"Después de que usted lo echó con agua jabonosa, Miguelito siguió caminando. Y ahora…" Vásquez hizo una pausa dramática, "ahora está perdido en algún lugar de la ciudad. Un niño traumatizado, mojado, con frío, que sabe dónde está enterrado el cuerpo de su madrastra."
Los hombres comenzaron a caminar hacia mi jardín trasero.
"Don Roberto me envió aquí con una misión muy simple", dijo Vásquez mientras sus hombres empezaban a cavar. "Encontrar a Miguelito antes de que hable con alguien. Y eliminar cualquier evidencia de que estuvo aquí."
Fue entonces cuando escuché un ruido que me paralizó de terror.
Un llanto infantil. Venía desde adentro de mi casa.
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