El Pacto Millonario: Mi Hija Me Abandonó, Pero el Dueño de una Mansión de Lujo Cambió Mi Destino

El silencio se estiró, pesado y denso, mientras Hassan me analizaba. Su mirada era como un láser, intentando perforar mi máscara de calma. Sentí un sudor frío recorrer mi espalda, pero me obligué a sonreír, una sonrisa pequeña y educada, como Arthur me había indicado.
"¿Esposa?", dijo Hassan, finalmente, su voz teñida de incredulidad y una pizca de burla. "Arthur, no sabía que tenías tan buen gusto para el drama. ¿Y dónde ha estado escondida esta 'esposa' todo este tiempo?"
Arthur apretó mi espalda suavemente, una señal para que mantuviera la compostura. "Elena es una mujer discreta, Hassan. No le gusta el circo mediático. Nos casamos en una ceremonia íntima, lejos de los ojos curiosos. Y ahora, ha venido a Dubái para apoyarme en estos momentos difíciles". Su voz era firme, rebosante de confianza.
Me armé de valor y hablé, sorprendiéndome a mí misma con la dulzura de mi tono. "Es un placer conocerte, Hassan. Arthur me ha hablado mucho de ti". Mentira tras mentira, pero sonaba convincente. La actuación era real.
Hassan no apartó sus ojos de mí. "Y tú, Lady Elena, ¿de dónde vienes? ¿Cuál es tu historia?" Su pregunta era una trampa, lo sabía. Estaba buscando la fisura, el detalle que no encajaba.
Arthur intervino con rapidez. "Elena es de una familia noble europea, Hassan. Prefiere mantener un perfil bajo. No le gustan las intrigas familiares". Con esa frase, Arthur intentaba cerrar cualquier línea de investigación sobre mi pasado.
Pero Hassan no se dio por vencido. "Curioso. Mi tío siempre fue muy claro sobre la importancia de la transparencia en la familia. Y que Arthur se case en secreto con una 'noble europea' que nadie conoce... huele a desesperación, ¿no crees?" Su mirada volvió a Arthur, desafiante. "Los seis meses se acercan, primo. Y el testamento es muy específico".
La mención del testamento y la fecha límite me recordó la gravedad de la situación. Arthur necesitaba esto desesperadamente. Y yo, por mi parte, necesitaba mi libertad y mi dinero.
"No es desesperación, Hassan", respondió Arthur, su voz más fría ahora. "Es amor. Y respeto por la privacidad de mi esposa. Algo que tú, al parecer, no entiendes". Luego, se giró hacia mí, y su expresión se suavizó de una manera que me dejó perpleja. "Mi amor, ¿por qué no subes y descansas? Ha sido un día agotador. Yo me encargo de nuestro... invitado".
Agradecí la excusa y, con un asentimiento, me dirigí hacia la escalera principal. Pude sentir la mirada de Hassan en mi espalda hasta que desaparecí de su vista. Subí los escalones, mi corazón latiendo como un tambor. Esto era mucho más complicado de lo que imaginaba.
Los días siguientes fueron una mezcla de lujo y tensión constante. Vivía en una jaula de oro. Sirvientes atendían cada una de mis necesidades, pero mi libertad era una ilusión. Arthur me instruía sobre la historia que debíamos mantener: cómo nos habíamos conocido en un evento benéfico en Londres, nuestro amor a primera vista, la boda íntima. Cada detalle era una capa de la farsa.
Hassan era una presencia constante, siempre merodeando, haciendo preguntas sutiles, observando cada uno de mis movimientos. Me sentía como una actriz en una obra de teatro de alto riesgo, donde el fracaso significaba la ruina.
Una tarde, mientras Arthur y yo estábamos en el jardín, fingiendo una conversación íntima, Hassan se acercó con una sonrisa maliciosa. "Arthur, me gustaría felicitarte. Tu esposa es... interesante. Pero me pregunto, ¿qué piensa ella de tu historial amoroso? Especialmente de la señorita Zaynab, la bailarina".
Mi corazón dio un vuelco. Zaynab, la bailarina. Arthur me había dicho que no tenía historial. Lo miré, y por un instante, vi un destello de incomodidad en sus ojos. Él había mentido.
"Hassan, eso es irrelevante", dijo Arthur con dureza. "Nuestro matrimonio es sólido".
"¿Lo es?", Hassan se dirigió a mí directamente. "Lady Elena, ¿sabía que Arthur prometió matrimonio a la señorita Zaynab hace menos de un año? Una promesa de matrimonio que rompió para... casarse contigo, una completa desconocida".
La acusación me dejó sin aliento. Mis ojos buscaron los de Arthur, buscando una explicación. Había una historia detrás de sus palabras, una historia que me había ocultado. La confianza que, a duras penas, había empezado a construir, se desmoronaba.
"No es cierto", balbuceé, intentando mantener la fachada. Pero mi voz tembló.
Hassan sonrió, una victoria amarga en sus labios. "Oh, claro que es cierto. Y tengo pruebas. Documentos, testigos... ¿Te gustaría verlos, Lady Elena? Tal vez tu 'esposo' no sea tan honesto como crees".
La verdad me golpeó. Arthur no era solo un hombre en apuros; era un manipulador, un mentiroso. Me había usado, y probablemente había usado a otras antes. La idea de que mi hija me había traicionado me dolía, pero la idea de estar en manos de un hombre así era aterradora.
En ese momento, la puerta principal de la mansión se abrió de golpe, y una figura familiar apareció, con el rostro desencajado por la preocupación y la rabia. Era Sofía. Mi hija. Había logrado llegar a Dubái.
"¡Mamá!", gritó, su voz resonando por el jardín. "¡Sé que estás aquí! ¡Sé lo que hiciste!"
La aparición de Sofía fue el clímax absoluto. Hassan se giró, su rostro iluminado por la sorpresa y la intriga. Arthur me miró, pálido, su plan desmoronándose ante sus ojos. Yo estaba atrapada entre dos fuegos: la mentira que había construido con Arthur y la verdad de mi propia hija.
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