El Pasaje de Avión en Su Bolsillo: La Verdad Detrás de Su "Viaje de Negocios" Que Destruyó Su Vida 😱

La Llamada Que Rompió el Paraíso

El sol de Cancún era glorioso. Ricardo sintió la arena tibia bajo sus pies descalzos mientras sostenía la mano de Sofía. La brisa marina acariciaba su rostro.

"Esto es el paraíso, Ricardo", susurró Sofía, recostando su cabeza en su hombro. Él sonrió, sintiéndose invencible.

"Lo es, mi amor. Y es todo nuestro", respondió, bebiendo de su margarita. Había olvidado por completo la existencia de Laura, del trabajo, de cualquier responsabilidad.

Su teléfono vibró en el bolsillo de su bermuda. Una llamada de un número desconocido. Lo ignoró.

Minutos después, volvió a vibrar. Esta vez, un mensaje de texto.

Ricardo lo abrió con pereza, esperando alguna notificación de su aerolínea o una oferta de su banco. Lo que leyó hizo que el vaso de margarita se le resbalara de la mano, derramando el líquido sobre la arena.

"Sus cuentas bancarias han sido congeladas por orden judicial. Por favor, contacte a su abogado para más detalles."

Su corazón dio un vuelco. Se le secó la garganta. ¿Congeladas? ¿Por orden judicial?

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"¿Qué pasa, Ricardo? ¿Estás bien?", preguntó Sofía, notando su palidez repentina.

Él no pudo responder. Sus ojos estaban fijos en el mensaje, releyéndolo una y otra vez, buscando algún error, alguna explicación.

Volvió a sonar el teléfono. Esta vez, era su socio, Carlos.

Ricardo se alejó unos pasos de Sofía, que lo observaba con preocupación. Su voz, cuando respondió, sonó forzada.

"¿Carlos? ¿Qué diablos está pasando? Acabo de recibir un mensaje..."

La voz de Carlos al otro lado de la línea era grave, casi un murmullo. "Ricardo, ¿dónde estás? Necesitas volver. Ahora mismo."

"Estoy en Cancún, en la convención... ya sabes. ¿Qué es tan urgente?"

Hubo un silencio tenso. Luego, Carlos soltó la bomba. "No hay ninguna convención, Ricardo. Tu... tu esposa, Laura. Ha presentado una demanda de divorcio. Y no es una demanda cualquiera."

El mundo de Ricardo se tambaleó. ¿Divorcio? ¿Laura? Imposible. Ella no sabía nada. Él era demasiado listo.

"¿De qué hablas, Carlos? Laura no sabe nada. Esto es una broma, ¿verdad? ¿Es por el viaje? Le dije que era de negocios..."

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"Ricardo, esto es serio. Muy serio. Ha presentado pruebas irrefutables de tu infidelidad. Recibos, mensajes, incluso grabaciones de voz, no sé cómo lo hizo. Y ha solicitado una orden de restricción. No puedes acercarte a la casa, ni a ella."

La mención de "grabaciones de voz" le heló la sangre. ¿Cómo? ¿Cuándo?

"Y hay más", continuó Carlos, su voz ahora con un tinte de exasperación. "Ha solicitado la congelación de todos tus activos compartidos, y los de la empresa también, citando malversación de fondos para 'gastos personales no declarados'."

Las piernas de Ricardo flaquearon. Se sentó bruscamente en la arena. ¿Malversación de fondos? Eso era un crimen.

"¿Qué? ¡Eso es una locura! ¿Malversación? Eso es mentira. Todos esos gastos eran legítimos, de la empresa..." Su voz era un hilo.

"Ricardo, ella tiene extractos. Detallados. Gastos de hoteles de lujo, vuelos, cenas... todo a nombre de 'proveedores' o 'clientes' que no existen. Y casualmente, coinciden con tus 'viajes de negocios' y los de Sofía."

Sofía. Ella estaba a unos metros, mirándolo, con los ojos muy abiertos. La pieza final del rompecabezas encajó con un ruido sordo y aterrador.

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Laura lo sabía todo. Lo había sabido desde hacía tiempo. Y lo había estado planeando.

El paraíso se había convertido en un infierno en cuestión de segundos. El sol quemaba, la brisa se sentía fría.

"Necesito que vuelvas. Nuestro abogado está desesperado. Esto es un desastre, Ricardo. Un desastre total." La voz de Carlos se cortó.

Ricardo colgó el teléfono. Su mente era un torbellino de pánico, ira y, sobre todo, un miedo abrumador.

Miró a Sofía, que se acercaba lentamente. "Ricardo, ¿qué está pasando? Me estás asustando."

Él la miró con ojos vacíos. "Laura... Laura lo sabe todo. Y me ha destruido."

El pasaje de avión en su bolsillo, ese que lo había traído a su "paraíso" de engaños, ahora parecía una sentencia. El viaje de negocios se había convertido en el viaje al fin de su vida tal como la conocía.

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