El Secreto Bajo la Cama: Mi Noche de Bodas y la Verdad Que Me Destrozó

¡Hola a todos los que vienen de Facebook! Si esa pequeña intriga sobre lo que escuché bajo la cama en mi noche de bodas los trajo hasta aquí, prepárense. La verdad que se reveló en ese instante no solo me quitó el aliento, sino que desmoronó por completo el cuento de hadas que creí vivir. Es una historia de traición tan profunda que aún hoy me cuesta creerla.

El Juego Inocente

El aire en la suite nupcial era denso con el aroma de las flores del banquete y la dulzura de un amor recién sellado. Mi corazón, Elara, latía con una euforia que nunca antes había sentido. Liam, mi esposo, el hombre de mis sueños, me había llevado en brazos hasta el umbral de nuestra nueva vida.

Acabábamos de llegar, agotados pero exultantes, después de una recepción que había sido pura magia. La luz tenue de la lámpara de noche creaba un ambiente íntimo, casi irreal.

Liam, con su sonrisa de siempre, esa que me había conquistado desde el primer día, me dijo:

"Voy a darme una ducha rápida, cariño. Estoy cubierto de laca y confeti."

Me besó la frente y se dirigió al baño, dejando la puerta entreabierta. Escuché el murmullo del agua al abrirse.

Una idea traviesa cruzó mi mente. ¿Y si le gastaba una broma? Sería divertido verlo buscarme por toda la habitación. Una pequeña risa se me escapó.

Miré a mi alrededor. La suite era espaciosa, con una cama king-size que parecía una nube. Perfecta para mi plan.

Con la agilidad de una niña, me deslicé hacia el borde de la cama. El grueso edredón caía casi hasta el suelo. Había espacio suficiente.

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Me agaché, sintiendo el leve roce de mi vestido de novia. La tela, ya un poco arrugada, se amontonó a mi alrededor.

El polvo bajo la cama picaba un poco la nariz, pero la emoción era más fuerte. Me acomodé en la oscuridad, riéndome en silencio. Esperaba el momento en que Liam saliera, confundido, buscándome.

El sonido de la ducha era constante, relajante. Mis ojos se adaptaron a la penumbra. Podía ver las patas de madera de la cama, el suelo alfombrado.

Y entonces, sin previo aviso, algo sucedió.

La Sombra Inesperada

La manija de la puerta principal de la suite nupcial giró. Un sonido metálico, suave pero inconfundible, resonó en el silencio.

Mi corazón dio un vuelco. "¡Qué rápido salió Liam de la ducha!", pensé, con una punzada de frustración. Mi broma había sido arruinada.

Pero los pasos que entraron en la habitación eran diferentes. Más pesados, menos familiares. No eran los de Liam.

El aliento se me cortó en la garganta. ¿Quién era?

Me quedé inmóvil, pegada al suelo, mi vestido de novia aplastado contra mí. El pánico comenzó a subir por mi pecho.

Escuché el sonido de la puerta cerrarse con un clic. La persona no se movía con la ligereza de Liam. Era una presencia más… imponente.

Se movió lentamente por la habitación. Pude escuchar el roce de su ropa, el leve crujido de sus zapatos. Cada sonido era una puñalada de miedo en mi silencio.

Luego, para mi absoluto horror, los pasos se detuvieron. Justo al lado de la cama.

Y la persona se sentó.

El colchón se hundió ligeramente, justo encima de donde yo estaba. Podía sentir el peso, la cercanía, la amenaza silenciosa. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que lo escucharía.

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Un pequeño haz de luz apareció en el suelo, filtrándose por el espacio entre el somier y el edredón. La persona había sacado un teléfono.

La pantalla iluminó brevemente el polvo y las fibras de la alfombra.

Y entonces, el sonido. Un leve "bip". Puso el teléfono en altavoz.

Las Palabras Que Me Congelaron

Una voz grave, desconocida para mí, comenzó a hablar desde el teléfono. Era baja al principio, casi un susurro, pero luego se hizo más clara.

"¿Ya lo tienes todo listo?" preguntó la persona sentada en la cama, su voz áspera, desconocida. No era Liam.

"Sí, Marcus. Nadie sospecha nada," respondió la voz del teléfono. El nombre "Marcus" me golpeó. Era el primo de Liam, el que supuestamente estaba de viaje de negocios en otro país.

Un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Qué hacía Marcus aquí? ¿Y por qué hablaba así?

Marcus soltó una risa seca, sin alegría.

"Bien. Asegúrate de que los papeles estén en orden. Recuerda, el patrimonio de los padres de Elara es sustancioso. Y con esta boda, Liam tiene acceso a todo. El testamento se activa con la unión."

Mi respiración se detuvo. Mis ojos se abrieron desmesuradamente en la oscuridad. ¿Patrimonio? ¿Testamento?

La voz del teléfono continuó: "Todo está procediendo según lo planeado. Elara es... bastante ingenua. Liam la tiene comiendo de la palma de su mano. Cree que es amor verdadero."

Una punzada de dolor, más aguda que cualquier miedo, me atravesó. ¿Ingenua? ¿Comiendo de la palma de su mano?

Marcus suspiró, un sonido que me pareció cargado de impaciencia.

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"Asegúrate de que no haya cabos sueltos. Esta es nuestra única oportunidad de sacar a Liam de la deuda con los... ya sabes quiénes. Y de paso, hacernos con una buena parte."

La voz del teléfono respondió, con un tono más serio: "No te preocupes. Liam está convencido de que es por nuestro bien, por el futuro. Que es la única manera de salvar la empresa familiar, de la que él es el único heredero ahora que su tío... falleció."

La mención de la empresa familiar, y el tío de Liam, a quien yo apenas conocía y que había muerto hacía unos meses en un "accidente" del que Liam nunca quería hablar, me heló la sangre.

Liam siempre me había dicho que la empresa familiar estaba bien, que era próspera. ¿Deuda? ¿Qué deuda?

Marcus se levantó de la cama, y mi cuerpo se tensó. Caminó un poco por la habitación.

"Solo asegúrate de que ella nunca descubra la verdad. Sobre el tío, sobre los papeles... sobre todo."

La voz del teléfono rió, una risa cruel, sin una pizca de humanidad.

"No te preocupes, Marcus. Para cuando se dé cuenta, ya será demasiado tarde. Estará casada, y todo el dinero estará a nombre de Liam."

El mundo entero se me vino encima en ese instante. Las palabras rebotaban en mi cabeza: "ingenua", "deuda", "patrimonio", "nunca descubra la verdad", "demasiado tarde".

Mi noche de bodas, el día más feliz de mi vida, se había transformado en una pesadilla. El hombre que amaba, mi esposo, era un extraño, un estafador.

Y yo, Elara, era el peón en su juego macabro.

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