El Secreto Bajo la Cama: Mi Noche de Bodas y la Verdad Que Me Destrozó

El Corazón Roto en la Oscuridad
Me quedé bajo la cama, inmóvil, incluso después de escuchar la puerta cerrarse de nuevo y el "clic" del seguro. El sonido de la ducha de Liam seguía resonando en el baño, ajeno a la tormenta que acababa de desatarse en mi mundo.
Las palabras de Marcus y la voz del teléfono se repetían en un bucle cruel en mi mente. "Patrimonio", "deuda", "ingenua", "demasiado tarde".
Una lágrima solitaria se deslizó por mi mejilla, caliente y amarga. Luego otra, y otra. Me cubrí la boca con la mano para ahogar cualquier sonido, cualquier sollozo que pudiera delatar mi presencia.
¿Liam? ¿Mi Liam? El hombre que me había cortejado con tanta pasión, que me había prometido un futuro lleno de amor y felicidad, ¿era capaz de tal engaño?
No podía ser. Mi mente se negaba a aceptarlo. Era un error. Una terrible, horrible confusión.
Pero las palabras habían sido claras. El testamento de mis padres... ellos habían muerto en un trágico accidente hace cinco años, y yo había heredado todo. Mi abogado me había explicado que el grueso de la fortuna, incluyendo una parte de la empresa familiar, se liberaría y sería de libre disposición una vez que me casara.
Siempre lo había visto como una formalidad, una forma de asegurar mi madurez financiera. Nunca como una trampa.
Me sentía como si me hubieran arrancado el alma. Mi corazón, que minutos antes rebosaba de alegría, ahora era un pedazo de hielo roto.
Escuché el grifo de la ducha cerrarse. El sonido me sacó de mi estupor. Liam saldría en cualquier momento.
¿Qué debía hacer? ¿Salir de mi escondite como si nada hubiera pasado? ¿Confrontarlo? ¿Cómo?
No tenía pruebas. Solo un fragmento de una conversación clandestina, escuchada desde un lugar ridículo en mi noche de bodas.
El terror se apoderó de mí. Si Marcus y su cómplice eran capaces de planear algo así, ¿qué más harían? ¿Estaría mi vida en peligro si descubrían que yo sabía la verdad?
Me arrastré con cuidado, saliendo de debajo de la cama. Mis piernas temblaban. Mis ojos estaban hinchados y ardían, pero me obligué a secar las lágrimas con el dorso de la mano.
Tenía que actuar normal. Tenía que fingir.
Me puse de pie, tambaleándome un poco. El vestido de novia, antes un símbolo de mi felicidad, ahora se sentía como una mortaja.
Me miré en el espejo de cuerpo entero. Mi reflejo era el de una extraña. Una mujer con los ojos vacíos, el alma rota.
El Velo de la Mentira
Liam salió del baño, envuelto en una toalla, con el pelo mojado y una sonrisa radiante.
"¡Elara! ¿Dónde estabas? Pensé que te habías esfumado," dijo, con su voz melódica que ahora me sonaba a una cruel melodía.
Me giré, forzando una sonrisa que sentí que se resquebrajaba en mi rostro.
"Solo... admirando la vista. La suite es preciosa," mentí, mi voz sonando extraña en mis propios oídos.
Liam se acercó a mí, sus ojos brillando con lo que yo había creído que era amor. Ahora solo veía avaricia.
Me tomó de la cintura, atrayéndome hacia él. El contacto de su piel me provocó un escalofrío de repulsión.
"Estás un poco pálida, cariño. ¿Estás bien?" preguntó, su pulgar acariciando mi mejilla.
Tuve que concentrarme para no apartarme bruscamente.
"Sí, solo... un poco agotada por el día. Ha sido... mucho," logré decir, la verdad oculta en mis palabras.
Liam asintió, comprensivo. "Lo sé, mi amor. Pero ahora estamos aquí. Solos. Y nuestra vida juntos acaba de empezar."
La ironía de sus palabras me quemó por dentro. Nuestra vida juntos, cimentada en una mentira, en una traición atroz.
Me besó, y yo cerré los ojos, sintiendo un nudo en el estómago. Fingí corresponder, pero mi mente estaba en un torbellino.
Tenía que pensar. Tenía que planear. No podía permitir que se saliera con la suya.
En ese momento, bajo el velo de la mentira, juré que Liam no solo no obtendría mi fortuna, sino que pagaría por cada una de sus mentiras.
Pero primero, necesitaba más información. Necesitaba pruebas irrefutables. Y necesitaba ser más inteligente que él, que Marcus, y que quienquiera que estuviera involucrado en esta red de engaños.
La noche de bodas apenas había comenzado, y yo ya estaba en una guerra. Una guerra silenciosa, secreta, que tendría que librar completamente sola.
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La Búsqueda Silenciosa
Los días que siguieron a mi noche de bodas fueron una tortura. Cada vez que Liam me miraba, cada vez que me tocaba, sentía un escalofrío. Su sonrisa, antes mi refugio, ahora era una máscara.
Tuve que convertirme en una actriz. Reír cuando no tenía ganas, besar cuando mi cuerpo se resistía, asentir a sus planes de futuro que ahora sonaban a huecas promesas de un ladrón.
Mi misión era clara: encontrar pruebas. Pero ¿dónde empezar?
Liam trabajaba desde casa la mayor parte del tiempo, lo que dificultaba mi búsqueda. Siempre estaba cerca. Sus ojos, antes llenos de amor, ahora me parecían escrutadores, como si temiera que yo descubriera algo.
Me concentré en pequeños detalles. Su estudio, al que antes no le había prestado mucha atención, ahora era mi objetivo.
Un día, mientras él estaba en una larga llamada telefónica, me aventuré. Su escritorio estaba impecable, pero sabía que los hombres a menudo esconden cosas en lugares obvios.
Abrí el cajón superior. Nada. Solo bolígrafos y papeles sin importancia.
El segundo cajón. Una pila de documentos de la empresa de mis padres, mezclados con extractos bancarios de Liam. Mi corazón se aceleró.
Entre ellos, encontré un sobre grueso, sin membrete. Mis manos temblaron al abrirlo.
Dentro había varias hojas. La primera era una copia del testamento de mis padres, resaltando la cláusula de "liberación de bienes tras el matrimonio". La segunda, un contrato de préstamo a nombre de Liam, por una cantidad obscena, con intereses altísimos. El acreedor era una empresa offshore que sonaba vagamente familiar, pero no podía precisar dónde la había escuchado antes.
Y la tercera, una carta. Escrita a mano, con una letra que reconocí: la de Marcus.
Decía: "Liam, la presión es insostenible. Necesitamos ese dinero. Los acreedores no esperan. Si Elara descubre algo antes de que transfieras los fondos, estamos acabados. Recuerda el acuerdo: tú te casas, pagas la deuda con su dinero y el resto lo repartimos. Y no olvides la cláusula de la empresa de su tío. Ese es el verdadero golpe maestro."
"La cláusula de la empresa de su tío..." ¿Qué significaba eso? Liam nunca había hablado de un tío mío. Mis padres eran hijos únicos.
La carta también mencionaba a "su tío", lo que me confundió aún más.
De repente, la voz de Liam me sobresaltó. "Cariño, ¿qué haces en mi estudio?"
Mi corazón casi se detuvo. Rápidamente, metí los documentos de nuevo en el sobre y lo deslicé bajo la pila de papeles bancarios.
"Solo buscaba un bolígrafo," mentí, mi voz un poco temblorosa. Me giré, forzando una sonrisa.
Liam me miró con una ceja levantada. "Hay bolígrafos en la cocina, mi amor. Sabes que no me gusta que toques mis papeles." Su tono era frío, casi amenazante.
El miedo me invadió. Me había visto. ¿Había sospechado algo?
"Lo siento, solo... lo olvidé," tartamudeé.
Me di la vuelta y salí del estudio, sintiendo su mirada clavada en mi espalda. Sabía que había estado cerca de ser descubierta.
La Trampa se Cierra
A partir de ese día, Liam se volvió más vigilante. Parecía seguirme con la mirada, sus preguntas eran más incisivas.
"¿Por qué tardaste tanto en la tienda?" "¿Con quién hablabas por teléfono?"
La presión era asfixiante. Sabía que el tiempo se agotaba. Necesitaba una copia de esos documentos.
Una tarde, Liam anunció que tenía que viajar por negocios de la empresa. "Solo dos días, mi amor," dijo, besándome con una frialdad que ya me resultaba familiar.
En cuanto la puerta se cerró, sentí una oleada de alivio y una punzada de pánico. Era mi oportunidad.
Volví al estudio. Mis manos temblaban mientras buscaba el sobre. Estaba allí, exactamente donde lo había dejado.
Con manos rápidas, saqué los documentos. No tenía una fotocopiadora. Mi única opción era fotografiarlos con mi teléfono.
Cada clic del obturador era un golpe en mi pecho. El testamento, el contrato de préstamo, la carta de Marcus.
Mientras fotografiaba la última hoja, mi teléfono vibró. Una llamada entrante.
"Marcus."
El nombre apareció en la pantalla. Mi corazón se detuvo. ¿Por qué me llamaba a mí?
No respondí. Dejé el teléfono boca abajo y me concentré en terminar.
Justo cuando guardaba los documentos en el sobre y lo ponía de nuevo en su lugar, escuché el sonido de la puerta principal abriéndose.
Liam.
Mi sangre se heló. ¿Había vuelto? ¿Por qué?
Me quedé paralizada. No había tiempo para escapar del estudio.
Liam entró, su maleta en la mano, con una expresión de furia en el rostro.
"Mi vuelo fue cancelado por la tormenta," dijo, con la voz dura como el acero. Sus ojos se clavaron en mí. "Y parece que te encontré justo donde no debías estar."
El sobre. Los documentos. Mi teléfono. Todo estaba en su lugar, pero la expresión en su rostro lo decía todo. Él sabía.
Había caído en mi propia trampa.
Liam dejó caer la maleta con un golpe seco. Caminó hacia mí, cada paso resonando como un tambor de guerra en mi pecho.
"¿Qué estabas haciendo, Elara?" Su voz era baja, pero cargada de una amenaza que me heló hasta los huesos. "No me mientas."
El aire se volvió espeso. La habitación se encogió a mi alrededor. Estaba atrapada.
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