El Secreto del Apellido que Detuvo el Tiempo en la Carretera

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con Lucas y su apellido. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante de lo que imaginas.
La Desesperación al Volante
El viejo Seat rugía bajo Lucas.
Cada kilómetro era un martillo en su pecho.
Salamanca lo esperaba, pero el tiempo se escurría como arena entre los dedos.
Su madre.
Su viejita.
En sus últimas horas, en la cama fría de un hospital.
El teléfono en el asiento del copiloto vibraba sin descanso.
Llamadas perdidas.
Todas del hospital.
Sabía lo que significaban.
Cada vibración era un eco de su propia impotencia.
El asfalto se perdía bajo sus neumáticos desgastados.
Su mente era un torbellino de oraciones y recuerdos.
La imagen de su madre, sonriendo, regañándole por no abrigarse.
Ahora, ¿sería la última vez que la vería?
Pisó el acelerador a fondo.
El motor gimió, protestando, pero Lucas no podía parar.
No quería parar.
No podía permitírselo.
Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla.
Se secó el ojo con el dorso de la mano, sin quitar la vista de la carretera.
El sol empezaba a ponerse, tiñendo el cielo de naranjas y morados.
Un paisaje hermoso que él ni siquiera notaba.
Solo veía el camino, el horizonte, la promesa de llegar a tiempo.
Una Luz Azul en la Oscuridad
Y entonces, las luces.
Azules y rojas, parpadeando con una urgencia brutal.
Un sonido estridente, la sirena de una patrulla.
¡No, por favor!
No ahora.
Su corazón dio un salto, un golpe seco contra sus costillas.
Miró por el retrovisor.
Una patrulla de la Guardia Civil.
Lo obligaron a orillarse.
El coche chirrió al frenar bruscamente en el arcén.
Lucas apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
La impotencia lo invadió.
¿Qué podía hacer?
Bajó la ventanilla, el aire frío de la tarde entrando en el habitáculo.
Una agente se acercó a su coche.
Su uniforme impecable, su postura firme.
Llevaba la mano en la funda de su pistola, una imagen que heló la sangre de Lucas.
"Documentación, por favor", dijo la agente.
Su voz era grave, sin rastro de emoción.
Lucas, temblándole las manos, rebuscó en la guantera.
Sacó su cartera, con los dedos torpes por la adrenalina.
Le entregó el carné de conducir y el permiso de circulación.
La agente los tomó sin una palabra.
Sus ojos, oscuros y penetrantes, lo escrutaron por un instante.
Luego, se retiró un paso, examinando los documentos.
Lucas sintió que cada segundo era una eternidad perdida.
"Agente, por favor", balbuceó, la voz ronca por la tensión.
"Mi madre... se está muriendo. Necesito llegar al hospital".
La agente apenas levantó la vista.
Su expresión permanecía impasible.
"Lucas García", leyó en voz alta, su mirada fija en el carné.
Y en ese instante, todo cambió.
El Impacto de un Nombre
La agente, que antes parecía de piedra, palideció de golpe.
Sus ojos se abrieron como platos.
Miró a Lucas con una mezcla de horror y sorpresa que le heló la sangre.
"García...", repitió, casi un susurro.
Su voz se había vuelto apenas audible, cargada de una extraña incredulidad.
"¿Eres un García?"
Lucas no entendía.
¿Qué significaba eso?
La mano de la agente, que antes descansaba firme en la puerta del coche, ahora temblaba ligeramente.
Su mirada se desvió, como si hubiera visto un fantasma.
No miraba a Lucas, sino a algo más allá de él.
Quizás al asiento trasero, o al vacío detrás del coche.
Su rostro se contorsionó en una expresión de profunda angustia.
Lucas la observó, confundido y aterrorizado.
"Sí, mi nombre es Lucas García", respondió, tratando de mantener la calma.
"¿Hay algún problema, agente? De verdad, tengo que irme".
Pero la agente no escuchaba.
Estaba absorta en sus propios pensamientos, en un recuerdo que parecía haberla golpeado con la fuerza de un rayo.
Su respiración se aceleró.
Su boca se abrió ligeramente, como si quisiera decir algo, pero las palabras no salieran.
Sus ojos, antes firmes, ahora estaban vidriosos, llenos de un dolor antiguo.
Miró a Lucas de nuevo, esta vez con una intensidad que lo hizo sentir incómodo.
Era una mirada que iba más allá de él, que veía algo en su apellido, en su esencia, que él mismo desconocía.
"García...", volvió a musitar, su voz apenas un hilo.
El aire se había vuelto denso, cargado de una tensión inexplicable.
Lucas sentía un escalofrío recorrer su espalda.
¿Qué secreto oscuro ocultaba su apellido?
¿Qué conexión tenía con esta mujer, con esta patrulla, con esta detención inoportuna?
La imagen de su madre, cada vez más lejana, se mezclaba con el misterio que se cernía sobre él.
No podía creer que su desesperación se viera interrumpida por algo tan incomprensible.
La agente se quedó muda, paralizada por lo que parecía ser un recuerdo doloroso.
Lucas no sabía si debía insistir, si debía gritar.
Su mente solo repetía una y otra vez: "Mamá".
Pero el silencio de la agente era más fuerte, más ominoso que cualquier sirena.
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