El Secreto Helado de la Cuna Dorada

El Silencio que Gritaba

El aliento de María se detuvo en su garganta.

La mirada de Elena era un abismo.

No había sorpresa, ni miedo en sus ojos.

Solo una frialdad cortante.

Una calma aterradora.

"¿María?", la voz de Elena era un susurro helado, apenas audible sobre el viento.

"¿Qué haces aquí?"

María tartamudeó, intentando encontrar las palabras.

"Yo... yo escuché un ruido, señora. Pensé que... que el bebé..."

Su mirada se desvió hacia la cuna, luego de nuevo al objeto en la mano de Elena.

Era una jeringa.

Pequeña.

Con una aguja fina y brillante.

Pero no era una jeringa común.

Su punta parecía estar cubierta con una sustancia gelatinosa.

Elena siguió su mirada.

Con una lentitud deliberada, bajó la mano, ocultando el objeto detrás de su espalda.

"El bebé está bien, María", dijo.

Su voz era monótona, sin emoción.

"Solo le estaba dando una vitamina especial que el doctor le recetó. Es para su desarrollo."

Pero la explicación sonó hueca.

Vacía.

El corazón de María no le creía.

¿Una vitamina que se administraba de esa manera, en secreto, en la oscuridad, con el bebé tan inmóvil?

Artículo Recomendado  La Herencia de la Mansión: El Secreto del Novio que Destrozó su Boda y su Futuro

"Vuelve a tu habitación, María", ordenó Elena.

"No hay nada que ver aquí. Juanito necesita descansar."

María, paralizada por el miedo y la confusión, solo pudo asentir.

Retrocedió lentamente, sin apartar los ojos de Elena.

La señora permaneció de pie junto a la cuna, su figura erguida y enigmática, hasta que María desapareció por el pasillo.

Esa noche, María no durmió.

Las imágenes se repetían en su mente: la jeringa, el bebé inmóvil, la mirada de Elena.

Su instinto gritaba peligro.

Al día siguiente, la tensión era palpable.

Elena actuaba como si nada hubiera pasado.

Pero sus ojos seguían a María con una vigilancia sutil.

María, por su parte, se volvió más observadora.

Notó pequeños detalles.

Juanito siempre dormía profundamente después de ciertas horas.

Elena siempre preparaba sus biberones, nunca dejaba que María lo hiciera.

Y había un pequeño frasco escondido en el fondo de un cajón en la habitación de Elena.

Un frasco con una etiqueta ilegible, llena de un líquido transparente.

María sentía que estaba caminando sobre hielo delgado.

Sabía que si hablaba, si hacía la más mínima acusación, perdería su trabajo.

O algo peor.

Artículo Recomendado  Cuando un padre finalmente regresó del ejército, nunca imaginó encontrar a su pequeña durmiendo en un chiquero

Pero la imagen de Juanito, tan vulnerable, tan silencioso, la atormentaba.

Una tarde, mientras Elena salía para una de sus frecuentes reuniones, María vio su oportunidad.

Se dirigió sigilosamente al dormitorio principal.

El corazón le latía con fuerza.

Sabía que era un riesgo enorme.

Abrió el cajón donde había visto el frasco.

No estaba.

Elena lo había movido.

La frustración la invadió.

Pero entonces, sus ojos se posaron en una pequeña caja de madera, cerrada con un diminuto candado, escondida debajo de un montón de pañuelos de seda.

La caja parecía antigua.

Y pesada.

Con manos temblorosas, María buscó una llave.

Revisó entre las joyas de Elena, en los cajones de la mesita de noche.

Nada.

Casi se dio por vencida.

Pero algo la impulsó a seguir.

Con un gancho para el pelo, intentó forzar el candado.

Un click suave.

El candado cedió.

Abrió la caja con cautela.

Dentro, no había dinero ni joyas.

Había papeles.

Muchos documentos.

Certificados de nacimiento.

Fotos.

Y una pequeña libreta de cuero envejecido.

Sus ojos se posaron en una de las fotos.

Era un bebé.

Un recién nacido.

Pero no era Juanito.

Artículo Recomendado  Mi Marido Me Acusó de Interesada Después de 7 Años... Lo Que Descubrí Me Dejó Sin Palabras

Este bebé tenía un lunar distintivo en la mejilla izquierda.

Juanito no lo tenía.

La foto estaba fechada.

Un año antes.

María sintió un escalofrío.

Tomó el certificado de nacimiento que estaba debajo.

Nombre: Juanito de la Vega.

Fecha de nacimiento: Coincidía con la edad del bebé que cuidaba.

Pero los padres…

Los nombres de los padres eran distintos.

No eran los de Elena y el señor de la Vega.

Sus manos temblaban incontrolablemente.

Abrió la pequeña libreta.

Estaba llena de anotaciones manuscritas.

Fechas.

Dosis.

Nombres.

"Día 1: Sustitución exitosa. El niño real... (palabra borrada)".

"Día 30: El 'nuevo' Juanito se adapta. Dosis de sedante reducida. La apariencia es crucial."

"Día 90: El señor de la Vega no sospecha. El plan funciona. Nadie debe saber la verdad de Juanito."

María soltó la libreta.

El papel cayó al suelo con un suave murmullo.

La cabeza le daba vueltas.

No era una vitamina.

No era su hijo.

El "Juanito" que ella cuidaba era un reemplazo.

Un impostor.

¿Y el verdadero Juanito?

La libreta daba la respuesta, fría y cruel.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir