El Secreto Oculto en la Oscuridad de Sus Ojos

El Sonido del Cristal Roto
La noche fue un tormento. No pude dormir. Cada crujido de la casa me sobresaltaba. La imagen de Laura, su mirada de pánico, se repetía en mi mente una y otra vez.
¿Qué estaba ocultando? ¿Por qué esa reacción tan exagerada por un simple encendedor?
Al día siguiente, decidí que no me iría sin respuestas. Le dije a Juan que había cambiado mi billete, que me quedaría unos días más. Él se alegró inmensamente. Laura, en cambio, pareció tensarse.
"¡Qué bien, Elena! Así me ayudas con las compras", dijo con una sonrisa forzada.
Esa tarde, mientras Laura se preparaba para salir al supermercado, escuché su voz al teléfono, susurrando en la cocina.
"Sí, sí, ya te dije que se queda unos días más. Es insoportable... Pero no te preocupes, lo tengo todo bajo control. Nos vemos esta noche, ¿verdad?"
Mi corazón dio un vuelco. ¿Insoportable? ¿Se refería a mí? ¿Y con quién se iba a ver "esta noche"?
Cuando Laura salió, mi primer impulso fue ir a Juan y contarle todo. Pero me detuve.
¿Y si me equivocaba? ¿Y si solo eran celos de mi parte, o una mala interpretación?
Juan, ciego y vulnerable, no necesitaba más angustia. Necesitaba pruebas.
Decidí que tenía que buscar. Tenía que encontrar algo que confirmara mis sospechas.
Con el estómago revuelto, empecé a revisar. No era una espía, no era mi estilo, pero la preocupación por mi hermano era más fuerte que cualquier escrúpulo.
Comencé por el dormitorio. Cajones, mesitas de noche. Nada. Todo parecía normal, ordenado.
Luego, el escritorio de Juan en el estudio. Él solía tener sus papeles importantes allí.
Laura le ayudaba a organizarlos, decía.
Abrí el cajón superior. Facturas, cartas del banco, todo en braille o con etiquetas en braille que Juan podía leer.
Pero debajo de una pila de recibos antiguos, encontré algo.
Una pequeña caja de madera, de esas que Juan usaba para guardar sus monedas de colección. Estaba cerrada con un pequeño candado.
No tenía la llave.
Mi pulso se aceleró. ¿Qué guardaría Laura allí?
Sentí una mezcla de culpa y adrenalina. Tenía que abrirla.
Busqué por toda la casa una llave que pudiera servir. Nada.
Entonces, recordé algo. Juan siempre había sido mañoso. Solía tener herramientas escondidas.
Fui al garaje. Entre cajas viejas y trastos, encontré un pequeño kit de ganzúas que él había comprado años atrás, "por si acaso", decía.
Mis manos temblaban mientras volvía al estudio.
Con cuidado, con el corazón latiéndome en los oídos, logré forzar el candado.
El pequeño clic resonó como un trueno en la habitación silenciosa.
Abrí la caja. Dentro, no había monedas.
Había varios sobres, algunos sellados, otros abiertos. Y un pequeño diario.
Tomé el diario primero. Estaba escrito con una caligrafía elegante, pero no era la de Juan. Era la de Laura.
Abrí una página al azar. "Hoy, Juan volvió a preguntar por las facturas del seguro. Qué molesto. Parece que no entiende que no puede manejar eso ya. ¡Cómo si pudiera leerlas!"
Mi aliento se cortó. No podía creer lo que estaba leyendo.
Pasé a otra página. "Mi amor me llamó. Quiere que nos veamos. Juan está tan inútil, ni se dará cuenta. Pobre ciego".
La palabra "inútil", "pobre ciego". La indiferencia, la crueldad.
Las lágrimas empezaron a empañar mis ojos. Mi héroe. Mi hermano.
Laura no era un ángel. Era un monstruo.
Con manos temblorosas, abrí uno de los sobres. Era un extracto bancario.
Los números me golpearon como un puñetazo. Grandes sumas de dinero, transferencias recurrentes a una cuenta desconocida.
Y no era la cuenta de Juan. Era una cuenta a nombre de Laura. Y de un tal "Ricardo G.".
Ricardo G. Ese era el nombre que había escuchado en su llamada.
Estaba vaciando las cuentas de mi hermano.
El sonido de la puerta principal abriéndose me hizo saltar. Laura había vuelto.
Rápidamente, cerré la caja, volví a poner el candado (aunque ya no servía), y la coloqué en su sitio.
Mi cuerpo temblaba. Mi mente era un torbellino de indignación y dolor.
Tenía que decirle a Juan. Tenía que abrirle los ojos.
Pero, ¿cómo? ¿Cómo le iba a decir que la mujer que amaba, la mujer en la que confiaba ciegamente, lo estaba traicionando de la forma más vil?
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇
Deja una respuesta

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA