El Sótano del Padrastro Ocultaba una Deuda Millonaria y el Testamento Perdido del Dueño Original

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con Sofía y qué encontró la policía en ese sótano. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante, y está ligada a una fortuna que nadie en el vecindario sospechaba.

La Tierra Removida y el Secreto

Sonia, la maestra de tercer grado, se sentó en la sala de interrogatorios improvisada, sintiendo el frío de la noche colándose por las ventanas de la comisaría.

Aún podía ver los ojos de Sofía.

La niña de ocho años no había derramado ni una lágrima. Solo había susurrado una frase que se clavó en el alma de Sonia: "Tengo miedo de mi casa. Pero lo que está en el sótano… es peor."

Sonia había actuado por instinto puro.

Los moretones en el brazo de Sofía eran la evidencia visible de la negligencia, pero el terror en su voz apuntaba a algo más oscuro, algo monstruoso.

La maestra había llamado a la línea de protección infantil, y luego directamente a la policía local, insistiendo en que debían ir ahora.

El Oficial Ramírez, un hombre de hombros anchos y mirada cansada, fue quien lideró la pequeña patrulla hacia la calle Maple 147.

Era una zona de clase media alta, casas grandes con jardines impecables.

La casa de Sofía, pintada de un pastel amarillo pálido, parecía la imagen misma de la tranquilidad suburbana. Rosales trepaban por la cerca. Las luces del porche estaban encendidas.

Ricardo, el padrastro, abrió la puerta.

Era un hombre de unos cuarenta y tantos, con un abdomen prominente y una sonrisa que no llegaba a sus ojos pequeños. Llevaba una camiseta de fútbol y olía ligeramente a cerveza y colonia barata.

Artículo Recomendado  Las Primeras Palabras de Sarah: Lo Que Reveló el Silencio de 8 Años

"Oficiales, ¿hay algún problema?" preguntó, su tono falsamente jovial.

Ramírez no perdió el tiempo con cortesías.

"Estamos aquí por una denuncia de bienestar infantil, Sr. Galván. Necesitamos revisar la propiedad."

Ricardo intentó ser encantador, el vecino ejemplar.

"Mire, es solo un malentendido. Mi hijastra es… creativa. A veces se inventa historias. Los niños, ya sabe."

Intentó cerrar la puerta, pero Ramírez metió el pie con firmeza.

"Ella mencionó específicamente el sótano, Sr. Galván. Dijo que hay algo ahí que le da mucho miedo."

La mención del sótano fue como un interruptor. El color abandonó el rostro de Ricardo. Su sonrisa se desvaneció, dejando una máscara de pánico mal disimulado.

"El sótano… no, no hay nada. Es solo un lugar para guardar herramientas y latas de pintura viejas. Está desordenado, no es apto para una visita."

Ricardo se movió torpemente, interponiéndose entre los oficiales y el pasillo que llevaba a la cocina y, presumiblemente, a la entrada del sótano.

El oficial Ramírez, con una calma aterradora, le pidió que se hiciera a un lado.

"Si es solo almacenamiento, no tendrá problema en que echemos un vistazo, ¿verdad?"

Ricardo empezó a sudar copiosamente. Intentó argumentar sobre la falta de una orden, sobre la invasión de la privacidad, pero su voz se quebró a mitad de la frase.

Ramírez lo apartó con un movimiento suave pero firme y se dirigió a una puerta de madera oscura escondida tras una repisa de abrigos viejos.

Artículo Recomendado  El Multimillonario Descubre Un Secreto Devastador Sobre Los Niños Que Dormían En La Basura

La cerradura no era suficiente. Un pesado candado de bronce, corroído por el tiempo y la humedad, aseguraba el acceso.

"¿Por qué el candado, Sr. Galván?" preguntó el segundo oficial, un joven llamado Torres.

Ricardo murmuró algo ininteligible sobre "seguridad contra ladrones".

Ramírez sacó una cizalla de su cinturón. El ruido metálico al cortar la cadena oxidada resonó en el silencio tenso de la casa.

La puerta se abrió con un gemido grave.

La oscuridad que se reveló no era la oscuridad vacía de un almacén. Era una oscuridad densa y cargada.

El aire frío subió por las escaleras, arrastrando consigo un olor inconfundible.

No era solo moho o humedad. Era un cóctel químico de tierra húmeda, metal viejo, y un hedor dulzón que los oficiales identificaron de inmediato: descomposición.

Ramírez encendió su linterna. El haz de luz cortó el aire.

El sótano no tenía estantes. Era un espacio de tierra batida y cemento, iluminado solo por una pequeña bombilla colgante que parpadeaba débilmente.

En el centro del suelo de cemento, había una anomalía que gritaba desorden.

Una gran sección, de aproximadamente dos metros cuadrados, no era cemento. Era tierra. Tierra negra, recién removida, apilada descuidadamente.

Ricardo, que había seguido a los oficiales, se quedó paralizado en el umbral, con la respiración entrecortada.

Ramírez bajó lentamente. El suelo bajo sus botas crujió con la arena y la grava suelta.

Se acercó al montón de tierra. La linterna se detuvo.

Artículo Recomendado  El Comandante que Perdió su Pensión y Honor al Humillar a la Heredera Millonaria de la Cúpula Militar.

Justo en el borde del montículo, sobresaliendo de la tierra húmeda, había algo duro y pálido.

El oficial se agachó, sintiendo la adrenalina bombear en sus sienes. Tocó el objeto con la punta de su guante. Era hueso.

No era un animal. Era demasiado grande, con una forma inconfundible.

Era la falange de un dedo humano, limpia y blanca, como si hubiera sido desenterrada y enterrada varias veces.

Ramírez se levantó, su rostro sombrío. Miró a Ricardo, que ahora estaba temblando incontrolablemente en el marco de la puerta.

"Sr. Galván, ¿sabe usted qué es esto?"

Ricardo no respondió. Solo emitió un grito ahogado, un sonido de terror y derrota.

El oficial Torres llamó a refuerzos y al equipo forense. Lo que había en el sótano no era un simple caso de abuso infantil, era la escena de un crimen capital.

Pero la cosa pálida y dura que sobresalía de la tierra no era el único secreto. Cuando Ramírez movió la linterna, notó que, justo al lado del montículo de tierra, había una pequeña placa de bronce casi invisible incrustada en el cemento original.

La placa tenía tres iniciales grabadas: E. M.

Elías Mendoza. El nombre del antiguo dueño de la casa, desaparecido misteriosamente cinco años atrás, un hombre del que se rumoreaba que poseía una fortuna considerable y una colección de arte única.

¿Había matado Ricardo al dueño original para quedarse con la propiedad? ¿Y qué tenía que ver Sofía con todo esto?

Sigue leyendo la continuación tocando el botón de abajo 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir