El Sótano del Padrastro Ocultaba una Deuda Millonaria y el Testamento Perdido del Dueño Original

PÁGINA 2: La Exhumación y el Testamento Fraudulento

La casa de Maple 147 se convirtió en una colmena de actividad policial. Las luces intermitentes de las patrullas pintaban la calle de azul y rojo, atrayendo a vecinos curiosos que se agolpaban tras la cinta amarilla.

La exhumación del cuerpo fue un proceso lento y meticuloso.

Ricardo Galván fue detenido de inmediato. Estaba en estado de shock, balbuceando negaciones incoherentes mientras era escoltado fuera de la casa.

Sonia, la maestra, regresó a la estación de policía, esperando noticias, sintiéndose extrañamente responsable por el horror que había desatado. Había salvado a Sofía, pero había abierto una caja de Pandora.

Mientras los forenses trabajaban en el sótano, el detective a cargo, un hombre llamado Delgado, comenzó a investigar la historia de la propiedad.

Los documentos confirmaron la peor sospecha.

La casa pertenecía originalmente a Elías Mendoza. Un soltero excéntrico, conocido en círculos de arte por sus inversiones y su reclusión. Había desaparecido sin dejar rastro cinco años antes.

Su desaparición fue catalogada como "voluntaria" en su momento, ya que no había herederos directos conocidos.

Dos años después de la desaparición, la casa fue transferida a Ricardo Galván.

"¿Cómo adquirió Galván la propiedad?" preguntó Delgado al oficial de registro.

"Un traspaso. Dijo que Mendoza le había vendido la casa justo antes de irse del país. Presentó documentos de venta y una escritura notarial."

"¿Y el dinero? ¿Cuánto pagó?"

El oficial revisó los archivos. "Cien mil dólares. Una ganga ridícula para esta propiedad. El valor de mercado era de al menos un millón y medio."

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El detective frunció el ceño. Era el primer indicio claro de fraude. Ricardo Galván había sido el jardinero de Elías Mendoza, contratado para mantener la casa. No tenía cien mil dólares, mucho menos la capacidad de comprar legalmente una propiedad de lujo.

Mientras tanto, en el sótano, el forense hizo el descubrimiento crucial.

El cuerpo, aunque en un estado avanzado de descomposición, fue identificado positivamente como Elías Mendoza. La causa de la muerte fue un traumatismo contundente en la parte posterior del cráneo. Asesinato.

El detective Delgado confrontó a Ricardo en la sala de interrogatorios.

"Sabemos que lo mataste, Ricardo. Sabemos que Elías nunca te vendió la casa. Fue un fraude para robar su propiedad."

Ricardo se hundió en la silla de metal, su bravuconería anterior completamente destrozada.

"¡No, no, no! Él me la dio," gimió. "Estaba viejo, estaba loco. Dijo que se iba a viajar por el mundo y que yo podía tener la casa."

"¿Y por qué lo enterraste en el sótano?"

"¡Fue un accidente! Una discusión. Me empujó, se golpeó la cabeza con una herramienta. Entré en pánico. Pensé que si llamaba a la policía, nadie me creería. Yo ya tenía los papeles de la casa listos…"

La historia era débil, pero el móvil era claro: avaricia por la propiedad.

Pero el caso dio un giro inesperado.

Mientras los técnicos forenses terminaban de limpiar el área donde había estado el cuerpo de Elías, uno de ellos, un joven delgado y observador, notó algo peculiar bajo el nivel donde había estado el esqueleto.

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"Detective, venga a ver esto. Parece que la tierra removida no fue solo para enterrar el cuerpo."

Ramírez y Delgado bajaron. El suelo de tierra, ahora completamente vacío, tenía una forma perfectamente cuadrada y hundida.

"Parece que cavó más profundo que la tumba," comentó Ramírez.

Con cuidado, usaron palas pequeñas y cepillos. A unos sesenta centímetros de profundidad, encontraron una caja de seguridad metálica, de las que se usan para guardar documentos importantes.

Estaba sellada herméticamente y protegida de la humedad.

Ricardo, al ser interrogado sobre la caja, negó saber nada. Juró que nunca había visto la caja, ni había cavado tan profundo.

"¡Solo cavé lo suficiente para ocultarlo! ¡Juro que no sé qué es eso!" gritó.

La caja fue llevada al laboratorio. El detective Delgado usó una pequeña palanca para forzarla.

Dentro, había varios documentos envueltos en plástico de burbujas.

El primero era una póliza de seguro de vida gigantesca, a nombre de Elías Mendoza, valorada en cinco millones de dólares. El beneficiario era un fideicomiso, administrado por el bufete de abogados 'Sterling & Finch'.

El segundo documento era un manuscrito antiguo.

Era la última voluntad y testamento de Elías Mendoza, fechado solo tres días antes de su desaparición.

Elías no había vendido la casa a Ricardo. Había sido engañado para firmar documentos de venta fraudulentos.

Pero lo que impactó al detective fue la cláusula final del testamento. Una cláusula escrita a mano, con la firma de Elías y dos testigos (ambos ya fallecidos o inalcanzables).

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Elías, un hombre solitario, había observado a su jardinero, Ricardo, y a su pequeña hijastra, Sofía, durante meses. Había notado el trato cruel y el abandono hacia la niña.

El testamento establecía que, en caso de su muerte o desaparición, todos sus bienes (incluyendo la fortuna y la colección de arte) pasarían a un fideicomiso.

Y aquí venía el giro legal y emocional:

Elías había estipulado que la única heredera del fideicomiso sería "la menor de edad que sea identificada como residente vulnerable en la propiedad de Maple 147 al momento del descubrimiento de mi cuerpo, con la condición de que el perpetrador del crimen sea el actual ocupante legal."

Elías, anticipando la traición de Ricardo, había creado una trampa legal perfecta.

El detective Delgado sintió un escalofrío. Elías Mendoza no solo había sido asesinado por su fortuna, sino que, incluso desde la tumba, había orquestado un acto de justicia poética.

Pero había un problema. El testamento necesitaba ser validado por un juez. Y Ricardo, aunque acusado de asesinato, aún tenía abogados que lucharían por la propiedad, alegando que el testamento era falso o que la cláusula era inconstitucional.

La fortuna estaba en juego, y la inocencia de Sofía dependía de que este testamento, escondido bajo la tierra de la tumba de su protector, fuera aceptado.

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