El Terrible Secreto que Carmen Descubrió en los Contenedores de Basura

Los pasos comenzaron a bajar las escaleras. Lentos, deliberados. Como un depredador que sabe que su presa no tiene escape.

Carmen tomó la decisión más valiente de su vida.

Puso a la bebé en los brazos de María y tomó la pala que estaba contra la pared. Si iba a morir, al menos pelearía.

"¡Policía! ¡Está viniendo la policía!"

Mintió, esperando ganar tiempo.

Los pasos se detuvieron a mitad de las escaleras.

"No, Carmen. No llamaste a nadie. Revisé tu teléfono. Está arriba en la cocina."

Su voz sonaba calmada, casi amigable. Era esa calma la que más terror le daba.

"Pero no te preocupes. Esto va a ser rápido. Mucho más rápido de lo que fue para Elena."

Las piernas del señor Delacroix aparecieron en las escaleras. Luego su torso. Llevaba guantes de jardinería y una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

La Confrontación Final

"María, querida, te ves terrible. ¿No has estado comiendo bien?"

Se dirigía a ella como si fuera una mascota descuidada.

"Y tú, Carmen, eres muy curiosa para tu propio bien."

Carmen apretó la pala con más fuerza. Sus manos sudaban.

"La policía va a encontrar este lugar. Van a encontrar a Elena. Van a encontrar a todas."

El señor Delacroix rio. Una risa fría, calculada.

"¿Todas? Carmen, creo que me sobreestimas. Solo han sido tres. Elena, que era muy… problemática. Luisa, que quería más dinero del que merecía. Y ahora ustedes dos."

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Se acercó un paso más.

"La belleza de contratar empleadas ilegales, Carmen, es que nadie las busca cuando desaparecen. Sus familias piensan que las deportaron. La policía piensa que se fueron a otro estado."

Carmen se dio cuenta de algo horrible. Ella también era indocumentada.

"Pero contigo tengo un problema", continuó él. "Tú tienes familia aquí. Gente que te va a buscar."

Sacó algo del bolsillo. Una jeringa.

"Por eso esto tiene que parecer un accidente. Una sobredosis, tal vez. Muy triste. Una empleada que robó medicinas de la casa y se excedió."

Carmen no esperó más. Atacó con la pala.

El golpe le dio en el hombro. El señor Delacroix gritó y se tambaleó, pero no cayó.

"¡Corre!" le gritó María.

Carmen subió las escaleras de tres en tres. Escuchó pasos pesados detrás de ella, y los gritos de dolor e ira del señor Delacroix.

Llegó a la cocina y cerró la puerta del sótano. Pero sabía que no la detendría mucho tiempo.

Corrió hacia el teléfono, pero cuando llegó, la línea estaba cortada.

Por supuesto. Él había pensado en todo.

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Carmen corrió hacia la puerta principal. Estaba cerrada con llave. Las ventanas también tenían seguros especiales.

La mansión era una prisión.

Escuchó como la puerta del sótano se abría con violencia. Él subía de nuevo, y esta vez sonaba furioso.

Carmen corrió hacia la cocina de nuevo y tomó la pistola del cajón. Nunca había disparado una en su vida, pero no tenía opción.

Se escondió detrás de la isla de la cocina cuando él apareció.

"Carmen, esto es ridículo. Sal de ahí. Hagamos esto de manera civilizada."

Tenía sangre en la camisa, donde la pala le había dado.

"La policía ya viene en camino", mintió Carmen de nuevo.

"No, no viene. Pero aunque viniera, ¿qué crees que van a encontrar? Una empleada ilegal que mató a su jefe en un robo que salió mal."

Carmen se dio cuenta de que él tenía razón. ¿Quién le creería a ella sobre a él?

Pero entonces recordó algo. La nota de María en el refrigerador.

"María dejó una nota. La va a encontrar la policía."

La expresión del señor Delacroix cambió. Por primera vez, se veía genuinamente preocupado.

"¿Qué nota?"

"La que dice que trabajaba aquí. La que dice que tú la amenazaste."

Él corrió hacia el refrigerador. Carmen aprovechó el momento.

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Corrió hacia la puerta del sótano y gritó:

"¡María! ¡Voy a traer ayuda! ¡Resisté!"

Después corrió hacia el garage. Tal vez desde ahí podría escapar.

Pero el señor Delacroix era más rápido. La alcanzó en el pasillo.

Carmen se volteó y apuntó la pistola hacia él.

"¡No te acerques!"

Él levantó las manos, pero seguía sonriendo.

"Carmen, piénsalo bien. Yo soy un hombre respetado en esta comunidad. Miembro de la junta de la iglesia. Donante de caridades. ¿Tú qué eres? Una inmigrante ilegal con una pistola robada."

Carmen sintió que tenía razón. Nadie le creería.

Pero entonces escuchó algo que le devolvió la esperanza.

Sirenas. Sirenas que se acercaban rápidamente.

El señor Delacroix también las escuchó. Su expresión cambió completamente.

"Eso es imposible…"

Las sirenas se detuvieron frente a la casa. Carmen escuchó puertas de carros cerrándose, voces gritando órdenes.

"¡Policía! ¡Abran la puerta!"

¿Cómo habían llegado?

La respuesta vino en forma de un ladrido familiar. Rex, el perro del vecino, había estado ladrando sin parar desde temprano en la mañana.

Los vecinos habían llamado para reportar ruidos extraños y gritos viniendo de la mansión.

La puerta principal se abrió con violencia. Tres oficiales entraron con armas en mano.

FIN.

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

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