El Testamento del Millonario: El Secreto de la Criada y la Herencia Perdida

El silencio en el estudio era tan pesado que parecía vibrar. Montgomery se enderezó lentamente, la fotografía aún en su mano, sus ojos fijos en el rostro de Elara. La criada, pálida, había cubierto su boca con ambas manos, como si quisiera contener un grito o una confesión. La cicatriz en la foto, el rostro de la mujer, el hombre... todo encajaba con una pieza de su pasado que había enterrado bajo capas de riqueza y resentimiento.
"¿Quién es esta mujer, Elara?", preguntó Montgomery, su
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