El Testamento Oculto de la Esposa del Millonario: La Traición en la Mansión y el Giro que Nadie Esperaba

El Secreto Tras el Documento y el Inicio de la Trampa

Ricardo permaneció inmóvil tras la cortina, con el corazón martilleando contra sus costillas. La adrenalina recorría su cuerpo, pero su mente de estratega empezó a trabajar a mil por hora. Si irrumpía en ese momento, ella podría alegar un ataque de nervios o simplemente esconder sus verdaderas intenciones legales. Necesitaba pruebas. Necesitaba saber qué era exactamente lo que ella sostenía con tanta satisfacción.

Isabella se sentó en una de las sillas de mimbre del jardín, dejando a la anciana y a los niños llorando en el suelo, ignorando su sufrimiento como si fueran muebles viejos. Sacó su teléfono personal, uno que Ricardo nunca había visto, y marcó un número.

—Ya lo tengo todo —dijo ella con una sonrisa gélida—. El abogado ya falsificó la firma de Ricardo en el poder notarial absoluto. Solo necesito que la vieja firme este último documento de "cesión de derechos por incapacidad mental". Con eso, toda la herencia de su difunto esposo y las propiedades a su nombre pasarán a mi administración directa. Ricardo no se dará cuenta de que ha perdido el control de sus activos hasta que sea demasiado tarde.

Ricardo sintió un escalofrío. El "abogado" al que ella se refería debía ser alguien infiltrado en su propia firma. Estaba siendo víctima de una estafa millonaria orquestada por la mujer que dormía a su lado. Pero lo que escuchó después fue lo que realmente selló el destino de Isabella.

Artículo Recomendado  La Boda del Millonario y la Herencia Oculta: El Niño que Desveló la Verdad sobre la Mansión y la Traición Familiar

—¿Y el resto del plan? —preguntó ella a la persona al otro lado de la línea—. No te preocupes por el accidente de Ricardo. Una vez que los papeles estén registrados mañana a primera hora, el fallo en los frenos de su coche de lujo se encargará del resto. Seré la viuda más rica y joven del país, y nadie sospechará de la "pobre mujer destrozada" que perdió a su marido.

El millonario cerró los ojos por un segundo, asimilando que su vida estaba en peligro inminente. Isabella no era solo una cazafortunas; era una asesina a sangre fría. Miró a su madre, que intentaba secarse el agua sucia con su falda de seda, y a sus hijos, cuyos rostros reflejaban un terror absoluto. En ese momento, Ricardo dejó de sentir miedo por sí mismo. Solo sentía una furia fría y calculadora.

Decidió no entrar por el jardín. En lugar de eso, retrocedió con la misma cautela con la que llegó, salió de la mansión y subió a su coche. Sus manos temblaban sobre el volante, pero su voz era firme cuando llamó a su jefe de seguridad privada, un ex agente de inteligencia que le era leal hasta la muerte.

—Marcos, activa el protocolo de emergencia. Necesito que bloquees todas mis cuentas personales y empresariales de inmediato bajo el código de "intento de fraude interno". Y escucha bien: necesito un equipo de grabación oculto en mi habitación y en el despacho antes de que yo regrese formalmente en una hora. No preguntes, solo hazlo. Mi vida y la de mis hijos dependen de esto.

Artículo Recomendado  La Herencia del Millonario: El Abogado, la Mansión y el Testamento que Escondía un Secuestro.

Ricardo esperó en una cafetería cercana, cronometrando cada minuto. Su mente repasaba cada interacción con Isabella. ¿Cómo pudo ser tan ciego? Los regalos caros, las cenas románticas… todo había sido una inversión para ella. Ella no amaba al hombre; amaba el imperio que él había construido.

Una hora después, Ricardo regresó a la mansión, esta vez haciendo ruido con el coche y entrando por la puerta principal como si acabara de llegar del trabajo. Isabella, en una transformación actoral digna de un premio, corrió hacia él con una sonrisa radiante, ocultando el sobre de cuero negro bajo un cojín del sofá.

—¡Amor! Qué sorpresa verte tan temprano —dijo ella, intentando besarlo.

Ricardo sintió asco, pero le devolvió la sonrisa con una maestría que ni él mismo sabía que poseía.

—Se canceló la reunión, querida. ¿Dónde están mi madre y los niños? —preguntó él, fingiendo total ignorancia.

—Oh, están en el jardín jugando —respondió ella con naturalidad—. Tu madre tuvo un pequeño accidente con una jarra de agua, ya sabes cómo está de distraída últimamente, pero ya la ayudé a cambiarse. Los niños están con ella.

Ricardo caminó hacia el despacho, sintiendo la mirada de Isabella en su espalda. Sabía que ella estaba esperando el momento oportuno para que él firmara cualquier cosa o simplemente para verlo salir por última vez en ese coche que ella ya había sentenciado. Pero Ricardo tenía otros planes. En su despacho, Marcos ya había instalado cámaras microscópicas y micrófonos.

Artículo Recomendado  La Abuela Dejó una Nota que Cambió el Testamento de Toda la Familia en el Último Momento

Esa noche, durante la cena, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Ricardo observaba a sus hijos, quienes estaban inusualmente callados y evitaban mirar a Isabella. Su madre, doña Elena, tenía la mirada perdida, aún traumatizada por la humillación de la tarde.

—Ricardo, querido —dijo Isabella mientras servía una copa de vino tinto de mil dólares—, hoy el abogado Martínez llamó. Dijo que hay unos documentos urgentes sobre la nueva propiedad en la playa que necesitas firmar. Los dejó aquí para que no tengas que ir a la oficina mañana. ¿Por qué no los revisamos después de cenar?

Ricardo la miró fijamente a los ojos. El momento había llegado. Ella estaba a punto de entregarle su propia sentencia de muerte disfrazada de trámite legal.

—Claro, Isabella. Revisémoslos ahora mismo en el despacho. Tengo mucha curiosidad por ver qué "sorpresas" me tienes preparadas.

Ella sonrió, creyendo que el pez finalmente había mordido el anzuelo. No sabía que, al entrar en ese despacho, no estaba cerrando un negocio, sino entrando en la trampa que Ricardo había diseñado para desenmascararla frente a las autoridades.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir