El Testamento Oculto del Millonario: La Deuda de 8.000 Euros que Reveló una Herencia Inesperada en Mi Boda

El papel se arrugó en mis dedos mientras el sobre caía al suelo. La fotografía, la imagen de ese hombre desconocido y la niña que era mi viva estampa, junto al encabezado de un testamento con la palabra "Millonario", giraban en mi mente como un carrusel de locura. El nombre: Elías Vandergelt. Nunca lo había escuchado en mi vida. Mi mente luchaba por procesar la información, por encontrar un ancla en la tormenta de confusión que me asaltaba.

"¿Ana? ¿Qué ocurre? ¿Quién es esa mujer?", la voz de David, tensa y urgente, me sacó de mi estupor. Él intentó tomar mi mano, pero yo la retiré instintivamente. Mis ojos no se despegaban de Laura, que ahora me observaba con una expresión indescifrable, una mezcla de dolor y alivio.

"¿Quién es este hombre, Laura? ¿Qué significa esto?", mi voz apenas era un susurro ronco. Los invitados seguían murmurando, algunos se habían puesto de pie. El sacerdote, resignado, se apartó un poco, dándonos espacio, aunque su mirada era de clara desaprobación.

"Significa que tu vida, la que conoces, es una mentira, Ana", replicó Laura, su voz baja pero clara, lo suficiente para que David y yo la escucháramos. "Significa que lo que te debía no es nada comparado con lo que te han ocultado. Significa que eres la heredera legítima de una fortuna que te pertenece por derecho."

David soltó una risa nerviosa, forzada. "¡Esto es una broma de mal gusto, Ana! Laura siempre fue un poco... dramática. No le hagas caso. Es tu boda. No dejes que arruine nuestro día." Sus ojos, que antes irradiaban amor, ahora tenían un brillo extraño, casi de pánico.

Pero yo no podía apartar la vista del documento. Mis ojos se posaron en una sección subrayada: "Lego a mi nieta, Ana María Rojas, la totalidad de mi patrimonio, incluyendo todas mis propiedades, acciones y bienes inmuebles, valorados en...". La cifra que seguía era tan astronómica que mi cerebro se negó a registrarla por completo. Mi apellido. Rojas. El mismo que el mío.

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"¿Mi nieta?", repetí, sintiendo cómo el aire se escapaba de mis pulmones. Mis padres habían muerto cuando yo era muy joven, en un accidente. Mi abuela me había criado. Siempre me había dicho que mis padres eran hijos únicos. ¿Cómo era posible?

"Laura, ¿estás loca? Mi familia no tiene nada que ver con ningún millonario. Mis padres eran maestros, mi abuela costurera. Somos gente humilde", le espeté, mi voz subiendo de volumen, la incredulidad tiñéndola de rabia.

"Tu abuela te mintió, Ana. O, mejor dicho, la obligaron a mentirte", Laura se acercó un paso más, su mirada fija en David. El nerviosismo de David era ahora evidente. Se removía incómodo, sus ojos esquivando los de Laura. "Elías Vandergelt era tu abuelo materno. Tu madre era su única hija. Pero tu abuelo nunca aprobó su matrimonio con tu padre, un hombre sin fortuna. Hubo una disputa familiar enorme. Tu abuelo era un hombre orgulloso y obstinado. Desheredó a tu madre y la desterró de su vida."

La historia que Laura tejía era como un puñal en mi corazón. ¿Mi abuela, mi dulce abuela, me había mentido toda mi vida? ¿Mis padres habían sido desheredados?

"Cuando tus padres murieron en ese trágico accidente, tu abuelo, Elías, se sintió culpable. Un dolor inmenso lo consumió. Intentó encontrarte, Ana. Quería repararlo todo. Pero su ex-esposa, tu abuela paterna, la madre de tu padre, se negó a dársela. Ella te mantuvo oculta, creyendo que Elías te haría daño, o que solo quería comprarte. Ella quería que crecieras libre de la influencia de ese mundo de lujo y dinero que tanto despreciaba. Pero Elías nunca se rindió. Pasó los últimos años de su vida buscándote, y cuando te encontró, ya era tarde para conocerte en persona, pero no para dejarte lo que era tuyo."

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Mis ojos se posaron en David. Él estaba pálido, casi lívido. "Ana, por favor, esto es una locura. No tiene sentido. ¿Por qué Laura diría esto ahora? Está intentando arruinar nuestro día."

Laura soltó una risa amarga. "Oh, ¿de verdad, David? ¿No tiene sentido? ¿O es que te conviene que Ana siga en la ignorancia?" Se volvió hacia mí, su voz cargada de urgencia. "Los 8.000 euros que te pedí, Ana... no eran para una emergencia. Eran para un investigador privado. Descubrí la verdad hace un año, accidentalmente. Elías Vandergelt me contrató para un trabajo menor en su empresa antes de morir. Cuando leí su testamento, vi tu nombre, tu fecha de nacimiento. Me di cuenta de que eras tú. Él había dejado instrucciones explícitas para que se te buscara, pero sus abogados y su ex-esposa, la abuela paterna de Ana, se habían encargado de que la búsqueda fuera superficial, casi inexistente. Querían que el testamento caducara o que fuera impugnado fácilmente."

"¡Mentira! ¡Es todo una mentira!", David gritó, su voz resonando en la iglesia. La máscara de amor se había resquebrajado, revelando una furia y un pánico que nunca le había visto.

"¿Ah, sí?", Laura alzó una ceja. "Entonces, ¿por qué has estado tan interesado en la vida de Ana? ¿Por qué la convenciste de vender la casa de su abuela, la única propiedad que tenía, justo después de que te enteraste de que ella tenía una deuda de 8.000 euros y estaba desesperada por dinero? ¿Y por qué, David, te has mantenido tan cerca de los abogados de Vandergelt en los últimos meses, fingiendo ser un simple asistente legal en su firma?"

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Un escalofrío me recorrió la espalda. Las piezas empezaron a encajar con una velocidad aterradora. La insistencia de David en vender la pequeña casa de mi abuela, argumentando que era una carga. Su nuevo trabajo en una prestigiosa firma de abogados, que yo creí era un golpe de suerte. Sus preguntas sutiles sobre mi pasado, sobre mi familia.

"David, ¿es esto cierto?", mi voz apenas salió. Lo miré, buscando una negación, una explicación, algo que desmintiera la acusación de Laura. Pero sus ojos, antes azules y amorosos, ahora estaban llenos de una mezcla de rabia y desesperación.

"¡Ella está mintiendo, Ana! ¡Es una envidiosa! ¡Quiere separarnos!", intentó acercarse, pero retrocedí.

"No, David", Laura dio un paso adelante, sacando otro documento de su bolso. "Tú no eres un simple asistente. Eres un socio menor en la firma de abogados que maneja la herencia de Vandergelt. Y no solo eso, te has estado reuniendo en secreto con la ex-esposa de Elías, la abuela paterna de Ana, la señora Elena Rojas. Ambos han estado conspirando para impugnar el testamento de Elías, argumentando que Ana es una impostora, una 'cazafortunas' sin ningún derecho legítimo. Querían casarse contigo antes de que se descubriera la verdad, para tener control sobre la fortuna."

El mundo se detuvo. El velo de mi inocencia se rasgó. David, mi David, el hombre con el que estaba a punto de casarme, el amor de mi vida, era un traidor. Su amor, sus promesas, todo era una farsa, un elaborado plan para robarme lo que era mío por derecho. La deuda millonaria que Laura me había ayudado a descubrir no era la suya, sino la de David hacia mí.

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  1. Tito Enrique Mendoza rincón dice:

    Siempre me dejan con una duda de si terminarán la historia .me parece una faltar de respeto he decidido no leer más estás historias

    1. La historia esta completa, debes de darle clip al boton azul

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