El Último Secreto de Sofía: La Nota que Destrozó la Boda y la Vida

El Aliento de la Amenaza

Juan se congeló, el corazón latiéndole contra las costillas como un pájaro atrapado.

Se giró de golpe, buscando el origen del ruido. La oscuridad era espesa y traicionera.

"¿Hola? ¿Hay alguien ahí?", su voz era apenas un susurro áspero.

Silencio. Solo el zumbido distante de la ciudad y el viento entre los esqueletos de las naves industriales.

Decidió que la paranoia lo estaba alcanzando. Tenía que terminar esto. La urgencia de Sofía pesaba más que su miedo.

Empujó la puerta del contenedor 174. El óxido chilló en protesta, un sonido que podría haber alertado a todo el vecindario.

Adentro, la oscuridad era casi total. El aire estaba viciado, frío y con un olor químico que le picó la nariz.

Encendió la linterna de su teléfono. El haz de luz cortó la penumbra, revelando pilas de cajas viejas, lonas polvorientas y herramientas abandonadas.

La bodega no parecía haber sido tocada en años.

El Escondite

Juan se movió lentamente, buscando un rastro de Sofía, o quizás, de Laura.

Siguió las instrucciones vagas de la nota. Buscó algo "oculto bajo el sello".

En una esquina, detrás de unos barriles de aceite secos, encontró una sección del piso que parecía más clara, como si algo pesado hubiera sido retirado recientemente.

Artículo Recomendado  El Terrible Secreto que Miguel Descubrió en la Botica que Cambió Todo

Se arrodilló. La luz reveló que la capa de polvo sobre esa zona era ligeramente menos densa que el resto del piso de concreto.

Tiró de una de las lonas cercanas. Debajo, encontró un pequeño cincel y una barra de palanca.

Las herramientas estaban limpias. Esto no era antiguo. Esto había sido usado recientemente.

El pánico se apoderó de él. Si alguien había estado aquí hace poco, ¿qué se había llevado?

Usó el cincel para abrir una grieta en el borde de la losa de concreto. Con la palanca, tiró con todas sus fuerzas.

La losa cedió con un raspado terrible.

Debajo no había tierra, sino un compartimento cuadrado excavado en la base de la bodega.

Dentro, había una caja metálica de seguridad, de esas que se usan en bancos pequeños. Estaba abierta.

El giro fue tan brutal que casi pierde el equilibrio. Sofía no había dejado las pruebas para él. Alguien más había llegado primero.

Se acercó. El interior de la caja de metal estaba casi vacío.

Excepto por un objeto pequeño, en la esquina.

Era un disco duro externo, de esos modelos robustos que se usan para almacenar grandes cantidades de video.

Juan lo agarró. La superficie estaba fría, pero al tocarla, sintió una vibración tenue. Estaba conectado.

Artículo Recomendado  Lo Que Le Pasó al Influencer Que Humilló a "El Mayo" Zambada Te Dejará Sin Palabras (HISTORIA COMPLETA)

Miró más de cerca. El disco duro estaba conectado a un pequeño reproductor de vídeo portátil que Sofía siempre llevaba en sus viajes de trabajo.

Encendió el reproductor, rogando porque la batería funcionara.

La pantalla parpadeó y se encendió. No había archivos, solo un video cargado que se reprodujo automáticamente.

Era Sofía. Estaba en su coche, filmando con su teléfono, aunque sus manos temblaban.

"Si estás viendo esto, Juan, lo siento. No puedo decírtelo cara a cara. Tienes que saber la verdad sobre el trato de Laura con… con ellos."

Sofía se detuvo, mirando aterrorizada por el espejo retrovisor.

El video se aceleró. Se oían gritos de pánico y luego el sonido inconfundible de un impacto metálico.

La cámara enfocó borrosa la ventanilla del coche. Se veía la silueta de un camión, y luego, un rostro borroso asomándose a la ventanilla rota.

No era un accidente, sino una colisión intencional. Y la persona que se inclinaba sobre su cuerpo agonizante no era un extraño.

El rostro se enfocó justo antes de que la pantalla se llenara de estática. Era el hermano de Laura, Marcos.

Y en ese instante, Juan no solo entendió que Sofía había sido asesinada, sino que Laura era cómplice, usándolo para cubrir la verdad.

Artículo Recomendado  Lo Que Vicente Fernández Hizo por la Niña Ciega que Cantaba en la Plaza Dejó a Todos Sin Palabras

El disco duro se apagó.

Juan sostuvo la prueba de un asesinato de sangre fría. La sensación era como un puñetazo en el estómago.

Pero faltaba algo. ¿Por qué Marcos y Laura?

Buscó desesperadamente de nuevo en el compartimento. Debía haber más.

Encontró un pequeño diario escondido bajo el disco. En la última página, la letra de Sofía era una carrera de miedo.

"Lo sabe. Él sabe que lo sé. Marcos le dijo a Laura que me vio grabarlo todo. Me están buscando. Tienen que silenciarme antes de que hable sobre el dinero sucio y el desfalco del padre de Laura."

Juan respiró hondo. El plan de Laura no era solo tapar un accidente. Era tapar un crimen financiero familiar.

Se levantó de golpe. Tenía que irse. Tenía que ir a la policía.

Pero al girarse, su linterna iluminó la pesada puerta de acero que había dejado ligeramente entreabierta.

Había una sombra. Una figura alta que se recortaba contra la poca luz exterior.

Y esa figura sostenía algo metálico y brillante.

No era su paranoia. Alguien había estado esperándolo. Alguien sabía que él había encontrado la nota.

"Juan," susurró la voz, fría y dulce a la vez.

Era Laura.

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir