El Velo Rasgado: La Verdad Detrás del Llanto del Príncipe

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con Elara, la esclava, y el bebé real. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante de lo que imaginas.
El Eco de un Dolor Silencioso
Elara se movía como una sombra. Sus pies descalzos apenas rozaban el frío mármol de los pasillos del palacio de Eldoria. Un palacio donde el lujo se derramaba por cada esquina, en cada tapiz de seda, en cada lámpara de oro macizo.
Pero para ella, una esclava sin nombre, solo existía el eco de su propia insignificancia. Su vida era un susurro de órdenes, un trabajo incesante desde el amanecer hasta que las estrellas se apagaban.
No tenía voz. No tenía rostro para la mayoría.
Solo manos, fuertes y curtidas por años de servicio.
En los últimos días, sin embargo, el palacio había cambiado. Una melodía discordante y desgarradora se había apoderado de sus muros. El llanto.
El llanto incesante, casi fantasmal, del bebé del príncipe viudo.
La reina, la dulce y etérea Reina Lyra, había muerto al dar a luz. Su partida había dejado un vacío inmenso y un pequeño ser que no encontraba consuelo.
Día y noche, el lamento del infante resonaba, traspasando las gruesas puertas de madera, colándose por las rendijas hasta la mismísima cocina donde Elara pelaba verduras.
Su corazón se encogía con cada quejido. Un dolor ajeno que sentía como propio.
Los sirvientes murmuraban. Las nodrizas contratadas habían fracasado una tras otra. El pequeño príncipe, Kael, rechazaba cualquier pecho que no fuera el de su madre ya ausente.
Se decía que estaba muriendo de hambre. Que su espíritu se negaba a vivir sin el calor de Lyra.
Elara escuchaba todo, pero mantenía la cabeza baja. Era su lugar. Escuchar, pero nunca opinar. Ver, pero nunca ser vista.
Un día, el murmullo se convirtió en un grito. Una orden perentoria, urgente.
"¡Traigan a la esclava de la cocina! ¡La que tiene leche!"
Elara sintió un escalofrío. ¿Ella? ¿Leche? Había dado a luz hacía poco, su propio bebé, una niña, había sido arrebatada de sus brazos al nacer, una práctica común para las esclavas. Nunca la había visto. Pero sí, la leche aún corría por sus pechos, una triste ofrenda a un vacío.
La tomaron por el brazo, con brusquedad. La arrastraron por los pasillos que nunca antes había cruzado, pasillos reservados para la realeza.
El mármol pulido brillaba bajo la luz de las antorchas. El aire se volvía más denso, cargado de incienso y desesperación.
La llevaron a la cámara real.
El lugar era suntuoso, pero el lujo se veía opacado por la sombra de la tragedia. Cortinas de terciopelo pesado, un dosel dorado sobre la cama. Y en el centro de la habitación, el Príncipe Theron.
Su rostro, antes tan noble y sereno, ahora estaba desfigurado por el dolor, la desesperación. Sus ojos, rojos e hinchados, se clavaron en ella. Una esclava.
Ella, que siempre había sido invisible, ahora era el foco de su mirada rota.
"Tú... tú tienes leche," dijo el príncipe, su voz ronca, apenas un susurro que se quebraba. "Mi hijo está muriendo de hambre. Por favor... amamántalo."
Era una súplica. Una súplica de un rey a una esclava.
Elara sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. La idea era impensable. Prohibida. Una esclava amamantando al futuro rey. Las leyes lo prohibían. Las costumbres lo condenaban. Su propia vida estaría en peligro.
Pero el llanto del bebé era desgarrador. Una súplica viva que le taladraba el alma. Venía de una cuna dorada, cubierta con velos transparentes.
El príncipe le extendió al pequeño. Kael.
El infante se retorcía, débil, famélico. Sus diminutos puños se agitaban en el aire. Sus ojitos estaban cerrados, hundidos en su carita pálida. Su boquita, pequeña y rosada, buscaba desesperada algo que nunca encontraba.
Las manos de Elara temblaron.
El príncipe, con una delicadeza inesperada para un hombre de su porte, acercó al bebé a su pecho.
Elara sintió el calor del pequeño cuerpo contra el suyo. Un instinto primario, ancestral, la invadió. Miró los labios temblorosos del niño, su necesidad tan cruda, tan urgente.
La decisión que tomó Elara en ese momento cambiaría no solo su destino, sino el de todo el reino. Y desenterraría una verdad oculta que nadie se atrevía a pronunciar.
Sigue leyendo la continuación tocando el botón de abajo 👇
Deja una respuesta

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA