El Velo Rasgado: Un Secreto Familiar Que Despertó La Furia

El Juramento de Silencio

El médico me aseguró que el bebé estaba bien. Un milagro, considerando la brutalidad del ataque.

Mis heridas eran superficiales, rasguños y moretones, pero el golpe emocional era profundo.

Doña Clara entró de nuevo en la habitación, esta vez sola. Su rostro había perdido la dureza anterior.

Ahora mostraba una máscara de preocupación, una súplica silenciosa.

Se sentó en la silla junto a mi cama, sus manos entrelazadas en su regazo.

"Elena, mi niña", comenzó, su voz apenas un susurro. "Lamento esto. Lamento tanto lo que Sofía te ha hecho."

No sabía qué decir. Las palabras se me atascaban en la garganta.

"¿Por qué, Doña Clara?", logré murmurar, mi voz ronca. "¿Por qué me atacó Sofía? ¿Qué le hice?"

Ella suspiró profundamente, un suspiro que parecía llevar el peso de años de secretos.

"Sofía... ella no está bien, Elena. Ha pasado por momentos muy difíciles. Y a veces, su mente... no es clara."

Sentí una punzada de incredulidad. ¿No estaba bien? ¿Era esa su excusa?

"Ella mencionó a Mateo, Doña Clara. Dijo que yo no podía tener a 'su bebé'. ¿Qué significa eso?"

Doña Clara desvió la mirada, sus ojos se posaron en la ventana.

"Sofía siempre ha sido muy protectora con Mateo. Demasiado. Es una fijación, una obsesión casi enfermiza."

"Ella cree que Mateo es de su propiedad, que nadie más puede estar con él. Es una enfermedad, Elena."

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Las palabras de Doña Clara me sonaron huecas. Había algo más. Lo sentía en el aire, en su nerviosismo.

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Era Mateo.

Entró corriendo, su rostro pálido, sus ojos llenos de terror al verme con los vendajes y la expresión de angustia.

"¡Elena! ¡Mi amor! ¿Qué pasó? ¡Me acaban de llamar! ¿Estás bien? ¿Y el bebé?"

Se arrodilló junto a la cama, sus manos temblorosas acariciaron mi cara, luego mi vientre.

Su preocupación parecía genuina, su angustia palpable.

Pero la imagen de Sofía, su hermana, gritando y atacándome, se superponía a la de Mateo.

"Mateo", dije, mi voz apenas audible. "Tu hermana... ella me atacó. Dijo cosas extrañas. Tu madre dice que está enferma."

Mateo apretó los labios, su mirada se encontró con la de Doña Clara. Una comunicación silenciosa pasó entre ellos.

Un entendimiento que me excluyó por completo.

"Sofía tiene problemas, Elena", dijo Mateo, su voz apagada. "Desde hace años. Es una pena. No sé qué le pasa."

Pero su tono no era convincente. Había una sombra en sus ojos, una evasión.

"¿Problemas de qué tipo, Mateo?", insistí, mi corazón empezando a latir con desconfianza. "Ella me dijo que no podía tener 'su bebé'. ¿De quién hablaba?"

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Mateo se puso de pie, alejándose un paso de la cama.

"No le hagas caso, Elena. Son delirios. Ella inventa cosas. Estás embarazada de nuestro bebé, no hay nada más."

Pero el pánico en sus ojos, la forma en que evitaba mi mirada, me decía que mentía.

Doña Clara se levantó también, se acercó a Mateo y le puso una mano en el brazo.

"Hijo, ve a hablar con el doctor y la policía. Elena necesita descansar."

Era una maniobra para alejar a Mateo, para evitar que yo siguiera preguntando.

Pero la semilla de la duda ya estaba plantada, germinando en mi mente.

Mateo me besó la frente y salió, su paso era más lento de lo habitual.

Doña Clara se volvió hacia mí, su expresión ahora era de una seriedad sombría.

"Elena, por favor, te pido que no le des importancia a lo que Sofía dijo. Es una mujer trastornada. Lo que importa es que tú y el bebé estén bien."

"Pero, ¿y si no son delirios, Doña Clara?", pregunté, la voz temblorosa. "¿Y si hay algo más que no me están contando?"

Ella se sentó de nuevo, esta vez más cerca, sus ojos fijos en los míos.

"Hay secretos en todas las familias, Elena. Algunos son para proteger. Otros, para evitar más dolor."

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"Pero esta es mi vida, Doña Clara. Y la vida de mi bebé. Merecemos saber la verdad."

Suspiró de nuevo, más profundamente esta vez. "La verdad... a veces la verdad es un arma, Elena. Y puede destruir a todos."

"Sofía ha tenido una vida muy difícil. Y Mateo... Mateo ha cometido errores. Errores muy grandes."

Mi corazón dio un vuelco. "Errores. ¿Qué errores, Doña Clara?"

Ella se mordió el labio, sus ojos buscando una respuesta en algún lugar lejano.

"No puedo decirte, Elena. No todavía. Pero te prometo que haré lo posible para que no te vuelva a pasar nada. Y para que tu bebé nazca en paz."

Era un juramento de silencio, una promesa a medias, que solo aumentaba mi angustia.

Sentí que estaba atrapada en una telaraña de secretos familiares, y yo era la mosca que acababa de caer en ella.

La imagen de Sofía, gritando con tanto odio, seguía grabada en mi mente.

Y la forma en que Mateo y Doña Clara se protegían mutuamente, ocultando algo.

Todo mi mundo, el que creía seguro y lleno de amor, se estaba desmoronando ladrillo a ladrillo.

¿Podría confiar en Mateo? ¿O era todo una farsa, una mentira cuidadosamente construida?

La oscuridad de la noche se colaba por la ventana, tan densa como mis pensamientos.

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