El Vuelo a Cancún: Un Susurro Helado y la Verdad que Nadie Quería Escuchar

La Verdad Oculta en la Pantalla
Mis dedos temblaron al tomar el teléfono de Sarah. La pantalla quemaba.
La imagen era clara, nítida. Demasiado clara.
No era una noticia de último minuto, sino un artículo antiguo.
De hacía unos seis meses.
El titular, en letras grandes y rojas, decía: "Vuelo 713 Desaparecido: ¿Accidente o Conspiración?"
Debajo, una foto borrosa de un avión.
El mismo modelo que el nuestro.
Y una imagen más pequeña: el rostro de un hombre.
El hombre del traje oscuro. El mismo que había pasado por mi pasillo minutos antes.
"El capitán del Vuelo 713, John Miller, y dos auxiliares de vuelo, Emily Davis y Mark Peterson, fueron los únicos que no abordaron el avión en el último minuto", leí en voz baja, mi voz apenas un susurro.
"Se reportaron enfermos repentinamente. El avión despegó con una tripulación de reemplazo."
Sarah asintió con la cabeza, sus ojos fijos en los míos.
"Ellos... ellos fueron los afortunados", dijo, su voz ronca.
"El Vuelo 713 nunca llegó a su destino. Nunca se encontraron restos. Solo un informe oficial que hablaba de 'fallo mecánico catastrófico'."
Mi mente intentaba procesar la información. Un vuelo desaparecido. Un hombre idéntico.
"¿Y el hombre de la foto?", pregunté, señalando al tipo de traje oscuro.
"Es Richard Vance", respondió Sarah. "Un 'consultor de seguridad' que siempre aparece en los vuelos problemáticos."
"Estaba en el Vuelo 713", continuó. "Y ahora... está en el Vuelo 419. Nuestro vuelo."
Sentí un frío que me calaba hasta los huesos.
"Pero... ¿por qué?", logré balbucear. "¿Qué tiene que ver eso con nosotros?"
Sarah me arrebató el teléfono. Navegó rápidamente.
Me mostró un mensaje de texto que había recibido en su chat de grupo de la tripulación.
Era de una compañera, Elena.
"Chicas, acabo de ver a Vance en el Vuelo 419. Y creo que vi a los 'huéspedes especiales' en la bodega de carga. Lo mismo que en el 713. Tengan cuidado."
La fecha del mensaje era de hacía apenas media hora.
Mis ojos se abrieron de par en par. ¿"Huéspedes especiales"? ¿En la bodega de carga?
"¿Qué significa eso?", pregunté, mi voz más fuerte ahora.
"Elena es muy observadora", explicó Sarah, mirando nerviosamente hacia la terminal. "Ella notó que el Vuelo 713 transportaba una carga inusual. Cajas selladas, custodiadas por hombres como Vance."
"Nunca se supo qué había en esas cajas", continuó, "pero la teoría es que era algo tan valioso o peligroso que la compañía no podía permitirse que cayera en manos equivocadas."
"¿Y si el 'fallo mecánico' fue intencional? ¿Para destruir la carga y eliminar a los testigos?"
La idea era monstruosa. Impensable.
"Estás diciendo que... ¿el avión iba a ser derribado?", pregunté, sintiendo náuseas.
Sarah asintió lentamente.
"Es la única explicación que tiene sentido para la tripulación que se bajó. Para Vance. Para Elena. Y para mi terror cuando lo vi a él abordando."
"Y la señal que te hice... hacia la parte trasera del avión..."
Hizo una pausa, su voz bajó a un susurro casi inaudible.
"Vi a Vance y a otro hombre idéntico supervisando la carga de un contenedor especial. En la cola. Donde el Vuelo 713 tuvo su 'fallo'."
Un sudor frío me empapó la frente.
Entonces, un anuncio resonó por los altavoces del aeropuerto.
"Vuelo 419 a Cancún, ya se ha cerrado la puerta. Próximo a despegar."
Mi corazón se detuvo.
Miré a Sarah. Sus ojos estaban llenos de un horror silencioso.
El avión, nuestro avión, comenzó a moverse lentamente por la pista de rodaje.
Una oleada de adrenalina me golpeó.
No podía dejar que esto pasara.
"Tenemos que hacer algo", dije, mi voz firme a pesar del temblor en mis manos.
"Nadie nos creerá, Alex", respondió Sarah, las lágrimas brotando de nuevo. "Es la palabra de una sobrecargo asustada contra una corporación poderosa."
"Y la de un pasajero que fingió un infarto", añadió con amargura.
Pero yo ya estaba corriendo.
Corriendo hacia la torre de control, hacia la seguridad del aeropuerto, hacia cualquier autoridad que pudiera escucharme.
Corriendo contra el tiempo.
El Vuelo 419 aceleraba, la velocidad aumentando.
Sentí el rugido de los motores en mis entrañas.
Cada segundo era crucial.
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