Fingí Pobreza para Salvar a mi Hijo, pero el Abogado del Millonario Reveló un Testamento y una Deuda de Sangre

La Investigación Secreta de la Madre "Humilde"

Laura regresó a la mesa, sintiendo que su corazón latía en sus sienes. El resto de la noche fue una neblina. Asintió, sonrió, bebió agua, pero su mente estaba a miles de kilómetros, analizando la palabra "Custodia" y la fecha "1998".

A la mañana siguiente, Laura se despertó con una determinación fría. Abandonó su personaje de "madre humilde" y contactó a su viejo amigo, Ricardo, un investigador privado que se había retirado, pero aún tenía contactos en el mundo legal y médico.

"Necesito que busques dos cosas, Ricardo. Un registro en el Hospital Santa Lucía de 1998, expediente con la palabra 'Custodia'. Y necesito saber todo sobre Doña Elena Montenegro en ese año, antes de que se casara con Ricardo Montenegro y se convirtiera en la millonaria que es hoy."

Ricardo, intrigado por la urgencia de Laura, prometió comenzar de inmediato.

Mientras esperaba, Laura tuvo que mantener la fachada de la suegra sencilla. Camila la invitó a almorzar en un club exclusivo. Laura se presentó a propósito con un bolso de lona barato.

En el club, Laura se sentó en silencio, observando a Doña Elena, que estaba en una mesa adyacente, hablando por teléfono con un tono de voz inusualmente bajo y tenso.

"No me importa lo que diga el Abogado Valdez. Ese documento no puede salir a la luz, ¡jamás! Lo que pasó en 1998 se queda enterrado, ¿entiendes? ¡Si el Juez lo ve, perdemos todo!" Elena colgó el teléfono con un golpe seco, con el rostro pálido bajo el maquillaje perfecto.

Laura sintió un escalofrío. Abogado, Juez, perder todo. Esto no era solo un romance pasado. Era un asunto de dinero y legalidad.

El Archivo Olvidado

Dos días después, Ricardo llamó. Su voz era grave.

"Laura, lo que encontré no tiene sentido. El Hospital Santa Lucía no existe como tal. Fue absorbido por un consorcio hace quince años. Pero encontré un registro. En 1998, Doña Elena, entonces Elena Pérez, era una enfermera administrativa de bajo nivel, no una millonaria. Y tu ex-esposo, Javier, no era un don nadie. Estaba allí como… un paciente."

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"¿Un paciente? ¿Qué le pasó?", preguntó Laura, sintiendo que su garganta se cerraba.

"Murió, Laura. Oficialmente, por un paro cardíaco repentino. La fecha: una semana después del nacimiento de Fernando."

Laura se recostó contra la pared. El hombre que ella creía que la había abandonado, en realidad había muerto.

"Pero esto es lo extraño, Laura. Javier no tenía parientes conocidos. El hospital gestionó la incineración. Pero antes de morir, él firmó un documento de 'Custodia Temporal' de un menor."

"¿De quién?", exigió Laura.

"Ese es el agujero negro. El nombre del menor está tachado en el registro. Pero hay una nota marginal escrita a mano por Elena Pérez (Doña Elena). Dice: 'Garantía del Testamento Montenegro'. Y el nombre del padre del niño: Don Elías Montenegro."

Laura sintió un mareo. Montenegro. El apellido de la familia millonaria.

"Ricardo, ¿quién era Elías Montenegro?"

"Elías Montenegro era el patriarca de la fortuna. El padre del actual Don Ricardo. Murió sin dejar un heredero directo en 1999, un año después de esto. Hubo un gran escándalo legal sobre un testamento perdido. Elías era conocido por tener 'aventuras' y se rumoreaba que tenía un hijo ilegítimo."

El Plan de la Herencia Robada

Laura ató los cabos con una velocidad aterradora.

Javier, su esposo, no era el hijo ilegítimo. Era el testigo o el guardián del verdadero hijo.

Doña Elena, la enfermera pobre, debió haber descubierto la existencia de ese heredero mientras trabajaba en el hospital. Ella, ambiciosa, vio su oportunidad. Si Javier, el único que conocía la verdad, moría, y si el verdadero heredero desaparecía o era manipulado, ella podría casarse con el hijo menor del patriarca, Don Ricardo, y asegurar la fortuna para sí misma.

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Pero ¿quién era el bebé de la "Custodia Temporal"?

Laura miró la foto de Javier y Elena. La palabra "Custodia" la atormentaba.

Se dio cuenta de que si Javier había muerto, la única persona que podía haber tomado legalmente la custodia temporal del niño era… la persona en la foto con él. Elena.

Y si ese niño era el verdadero heredero Montenegro, el dueño legítimo de toda la Mansión Ámbar, de los hoteles, de la fortuna…

El pensamiento la golpeó con la fuerza de un tren.

Laura volvió a la Mansión Ámbar esa misma tarde con Fernando, bajo el pretexto de haber olvidado una bufanda.

Mientras Fernando y Camila charlaban en el jardín, Laura se dirigió a la biblioteca privada de Don Ricardo, sabiendo que Doña Elena estaría en su clase de yoga.

Encontró la caja fuerte oculta detrás de un retrato. No sabía la combinación, pero recordó una conversación trivial. Don Ricardo había dicho que su combinación era el año de su boda con Elena. 1999.

Laura tecleó 1-9-9-9. El pestillo cedió.

Dentro, no había dinero, solo documentos legales antiguos. Y en el fondo, un sobre grueso con el sello de un bufete de abogados de prestigio.

Lo abrió con manos temblorosas. Era un Testamento. El Testamento de Elías Montenegro.

Y ahí, en la cláusula de herederos universales, leyó el nombre completo del hijo ilegítimo, el heredero perdido: Camilo Javier Montenegro.

Camilo. No Camila.

Y la descripción: nacido en 1998, hijo de una relación extramatrimonial, cuya custodia fue temporalmente transferida a un tal Javier Rojas.

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Laura sintió el pánico. Si Camila no era la heredera, ¿quién era?

De repente, escuchó el sonido de tacones en el pasillo. Doña Elena había terminado su clase de yoga antes de tiempo.

Laura apenas tuvo tiempo de deslizar el Testamento bajo su blusa cuando la puerta se abrió de golpe.

Doña Elena la vio parada frente a la caja fuerte abierta. Su rostro se descompuso, pasando de la sorpresa al odio puro.

"¿Qué crees que estás haciendo, mujerzuela? ¡Llamaré a seguridad!" gritó Elena, acercándose como una fiera.

"Sé lo que hiciste en 1998, Elena," dijo Laura, con la voz firme a pesar del miedo. "Sé de Javier, de la Custodia, y sé que tu hija no es la heredera. ¿Dónde está Camilo Javier?"

Elena se detuvo en seco. Sus ojos se fijaron en el pecho de Laura, donde la forma del documento se marcaba ligeramente.

"Tú… no sabes nada. Eso es un error administrativo. Mi hija es Camila Montenegro. La dueña. Y tú, la madre pobre, vas a desaparecer de nuestras vidas. ¡Ahora!"

Laura retrocedió, su mente buscando una salida. Tenía el Testamento, pero no la prueba de quién era Camilo Javier.

De repente, la puerta principal de la biblioteca se abrió, y entró un hombre alto, con traje impecable y maletín de cuero. Era el Abogado Valdez.

"Doña Elena. Lamento interrumpir. Pero el Juez ha emitido una orden. Necesito que me entregue a la persona cuya identidad fue robada para asegurar la Herencia. Y creo que sé exactamente dónde encontrarlo."

El abogado Valdez miró fijamente a Laura y luego a Fernando, que acababa de entrar corriendo alarmado por los gritos.

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