La Anciana y el Testamento Olvidado: Lobos Congelados Revelan una Deuda Millonaria en Su Propiedad

Elena no se movió. El miedo la paralizó, pero también una punzada de indignación. ¿Criminal ella? ¿Por salvar vidas? Lentamente, levantó las manos, sus nudillos hinchados y enrojecidos por el frío y la edad, y abrió la puerta. El aire gélido entró a raudales, pero no era tan frío como la mirada de los hombres uniformados que la esperaban. Había al menos una docena de agentes, algunos con chalecos antibalas, otros con perros pastores alemanes que gruñían inquietos.

Un hombre alto, con un bigote espeso y una expresión severa, se adelantó. Su placa decía "Detective Miller". "Señora Elena, no queremos problemas. Sabemos que tiene a los lobos. Entregue a los animales y podemos resolver esto sin mayores complicaciones." Su voz era grave, pero no exenta de una autoridad implacable.

"¿Lobos?" Elena frunció el ceño, el desconcierto pintado en su rostro arrugado. "¿Qué lobos? Son crías, Detective. Congeladas, moribundas. Las salvé de la tormenta."

Miller suspiró, como si estuviera lidiando con una anciana delirante. "Señora, no se haga la inocente. Los rastreadores nos llevaron directamente aquí. Son lobos grises, una especie protegida. Y lo que es más importante, están en su propiedad. Y no solo por eso estamos aquí."

"¿Mi propiedad?" Elena se sintió confundida. Su cabaña y el pequeño terreno alrededor eran suyos, heredados de sus padres. "Esta es mi casa, siempre lo ha sido."

Artículo Recomendado  La Herencia Millonaria Revelada: Cómo Un Asiento en Primera Clase Destapó Un Testamento Oculto y Un Imperio Familiar

"Eso es lo que estamos investigando," dijo Miller, y su mirada se desvió hacia un punto detrás de la cabaña, donde un grupo de agentes con picos y palas estaba excavando con frenesí alrededor de un viejo roble nudoso. "¿Qué están haciendo?" preguntó Elena, la voz temblorosa.

"Tenemos una orden de registro, señora. Relacionada con la propiedad de Lord Archibald Finch. Su cabaña está en el límite de lo que era su vasto patrimonio. Un patrimonio que, casualmente, ha estado envuelto en una disputa legal millonaria desde su muerte hace seis meses." Miller hizo una pausa, sus ojos escudriñando el rostro de Elena. "Creemos que su propiedad, o al menos parte de ella, es clave para resolver el misterio de su testamento desaparecido."

Elena se quedó sin aliento. ¿Lord Archibald Finch? ¿El excéntrico y reclusivo millonario que vivía en la enorme mansión al otro lado del bosque, la que pocos habían visto y de la que se contaban leyendas de riquezas incalculables? Su existencia siempre había sido una sombra distante para Elena. ¿Y su testamento? ¿Qué tenía que ver ella con todo eso?

"No sé de qué me habla, Detective. Yo solo salvé a unos cachorros," insistió Elena, con la voz más firme de lo que se sentía.

En ese momento, uno de los agentes que cavaba cerca del roble emitió un grito. "¡Aquí! ¡Lo encontré!" Todos los ojos se volvieron hacia él. Estaba arrodillado en la nieve, sosteniendo una caja metálica rectangular, cubierta de tierra y raíces, pero claramente sellada y protegida del tiempo. La caja no era grande, pero parecía pesada. Había sido enterrada profundamente, justo donde las raíces más viejas del roble se entrelazaban.

Artículo Recomendado  El Padre que Vio Cómo un Millonario Intentó acabar con Su Hija Embarazada: La Historia Completa

Miller se acercó rápidamente, su expresión pasando de la severidad a una mezcla de asombro y expectación. "¡Tráigala aquí, con cuidado!"

Elena observó la escena con una mezcla de terror y fascinación. La caja, pensó, los lobos. Había sido precisamente cerca de ese roble donde había encontrado a los primeros cachorros. ¿Podría ser que, en su desesperación, al intentar cavar un refugio, los lobeznos habían desenterrado algo? La idea le pareció descabellada, pero la coincidencia era demasiado grande para ignorarla.

El Detective Miller tomó la caja, examinándola con un cuidado extremo. "Parece una caja fuerte de seguridad. Antigua, pero bien conservada." Sus ojos se posaron en Elena. "¿Sabe qué es esto, señora? ¿Por qué estaba enterrada en su propiedad?"

Elena negó con la cabeza, sintiendo el frío de la mañana calarle hasta los huesos. "Nunca había visto esa caja en mi vida. No tengo ni idea de cómo llegó ahí."

"Lord Finch era conocido por sus excentricidades," murmuró Miller, más para sí mismo que para Elena. "Es posible que haya enterrado aquí algo de gran valor. O un documento. O... el testamento."

Artículo Recomendado  El Secreto Enterrado en la Habitación Prohibida: La Última Deuda del Millonario

Los agentes dentro de la cabaña ya habían empezado a inspeccionar a los lobeznos, que ahora se movían con más energía, aunque con cautela. Uno de ellos, el más grande, emitió un gruñido bajo al ver a los extraños.

"Los animales serán llevados a un centro de recuperación de vida silvestre," anunció otro agente. "La señora Elena, tendrá que acompañarnos a la comisaría para responder algunas preguntas."

Elena sintió un nudo en el estómago. ¿La comisaría? Nunca había tenido un problema con la ley en toda su vida. Su mundo, que hasta hacía unas horas se reducía a la paz de su cabaña y la supervivencia en el bosque, se había vuelto de repente un torbellino de policías, testamentos, propiedades millonarias y cajas misteriosas. Miró a los lobeznos por última vez, sus ojos suplicantes. Ellos la miraron de vuelta, con una extraña mezcla de gratitud y miedo. La caja metálica brillaba bajo la pálida luz del sol invernal, un objeto inerte que había desatado una tormenta mucho mayor que la de nieve. Elena fue escoltada fuera de su cabaña, su mente girando con preguntas sin respuesta, con la certeza de que su vida nunca volvería a ser la misma.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir