La Deuda Millonaria de 17 Años: El Empresario Descubre Que El Dueño Legítimo de Su Fortuna Era El Hijo Que Su Padre Robó

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con Alejandro Guerra y la misteriosa deuda de hace 17 años. Prepárate, porque la verdad que se escondía detrás de la reja oxidada es mucho más impactante de lo que imaginas, redefiniendo por completo quién es el verdadero dueño de la fortuna Guerra.
I. El Precio de la Conciencia
Alejandro sudaba copiosamente dentro de su Mercedes S-Class negro. No era solo el calor húmedo y sofocante de la tarde en Monterrey; era la ansiedad. El traje de lino italiano se le sentía pesado, como una armadura que ya no podía soportar.
17 años. Una vida entera.
Durante todo ese tiempo, había vivido bajo la sombra de un secreto que su padre, Don Ricardo Guerra, el magnate de la construcción, le había asegurado que estaba "resuelto".
Pero Alejandro no era como su padre. El éxito que había construido sobre los cimientos de la empresa familiar se sentía hueco si estaba manchado por una injusticia antigua.
Aparcó el vehículo, cuyo valor superaba el ingreso anual de toda la colonia, frente a una pequeña casa. La fachada era de ladrillo sin pulir, con parches de cemento gris y una reja metálica devorada por el óxido.
El contraste era brutal.
En su mano, el sobre de manila parecía pesar una tonelada. Contenía $50,000 pesos, más una estimación generosa de intereses acumulados, sumando casi $85,000 pesos. Era un intento de comprar la paz.
Se ajustó la corbata, sintiendo el nudo apretado, reflejo exacto del nudo en su estómago.
Tocó el timbre. El zumbido eléctrico sonó estridente en el silencio de la calle.
La puerta se abrió lentamente, revelando la figura de una mujer de edad, cuyo rostro estaba marcado por el sol y el trabajo duro. Sus ojos, profundos y cansados, no mostraban sorpresa, solo una tristeza resignada.
Ella se llamaba Elena Martínez.
Elena observó a Alejandro de arriba abajo, deteniéndose en el logo del Mercedes.
"¿Sí, joven? ¿Se equivocó de casa?", preguntó Elena con una voz que era sorprendentemente suave para alguien que había enfrentado tantas penurias.
Alejandro carraspeó, sintiéndose incómodo en su propia piel y en su traje de diseñador.
"Señora Martínez, soy Alejandro Guerra. Hijo de Ricardo Guerra," dijo, extendiendo el sobre. "Mi padre… hace mucho tiempo, tuvo un asunto con su familia. Vengo a saldar esa deuda. Aquí está todo lo que se le debe, con intereses."
Elena no tomó el sobre. Sus manos ásperas permanecieron quietas a sus costados.
"¿Deuda?", repitió ella, y en su tono había un matiz de ironía que heló la sangre de Alejandro.
Él insistió, moviendo el sobre un poco más cerca de la reja. "Sí, el préstamo que mi padre tomó. Sé que fue un momento difícil para él, y lo lamento. $85,000 pesos. Es lo justo."
Elena dio un paso atrás, y entonces, sonrió. No era una sonrisa de alivio, ni de felicidad. Era una sonrisa que solo podía nacer de un dolor muy antiguo y profundo.
"Joven Alejandro," comenzó Elena, su voz bajando a un susurro conspirativo. "Usted se equivocó de dirección. No es usted quien me debe. Ni su padre me debe dinero."
Alejandro frunció el ceño. "¿Entonces por qué mi padre me habló de un préstamo? Él fue muy específico sobre la familia Martínez."
"Su padre era un hombre de negocios excelente, Alejandro. Siempre supo cómo cambiar las etiquetas y los nombres de las cosas," replicó Elena, acercándose a la reja de nuevo. "Él le hizo creer que era una deuda de dinero para que usted pudiera dormir tranquilo en su mansión."
El sobre se deslizó de los dedos de Alejandro, cayendo en el polvo del pavimento. El dinero se esparció ligeramente, pero ni él ni Elena prestaron atención.
"No entiendo, señora. ¿Entonces qué… qué le debe mi padre?"
Elena se inclinó hacia adelante, sus ojos fijos en los de Alejandro.
"La deuda que su padre tiene conmigo no se paga con plata, joven. Es una deuda de vida. Y la verdad es… que la deuda es exactamente al revés."
Alejandro sintió que el aire se volvía denso. "¿Al revés?"
"Sí. Yo soy la acreedora, pero lo que me debe su padre no es algo que pueda devolver. Me quitó mi herencia, mi apellido, mi futuro… y el de usted," dijo ella.
La cabeza de Alejandro empezó a dar vueltas.
"Mire, joven," continuó Elena, señalando con un dedo tembloroso hacia la ventanilla trasera del Mercedes, donde se reflejaba la luz del sol. "Usted vive la vida que le correspondía a mi hijo. Usted lleva el apellido que le correspondía a mi hijo."
Alejandro volteó, buscando algún objeto extraño, una persona escondida. No vio nada más que el reflejo de su propio rostro estupefacto.
"Mi hijo… Daniel," susurró Elena, y sus ojos finalmente se llenaron de lágrimas que se contuvieron por años. "Su padre, Ricardo Guerra, me quitó a mi bebé recién nacido hace 17 años. Mi hijo biológico, el verdadero heredero, murió a las pocas horas de nacer. Pero Ricardo no podía permitir que el linaje se rompiera. Él necesitaba un varón sano. Un dueño para su imperio."
Elena se secó una lágrima con el dorso de la mano.
"Usted, Alejandro Guerra, no es hijo de Ricardo Guerra. Usted es Daniel Martínez, mi hijo robado. Y el verdadero heredero de esa fortuna, legalmente, es el fantasma que su padre inventó."
El mundo de Alejandro se desmoronó.
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