La Deuda Millonaria del Novio: El Secreto de su Ex que Impactó su Herencia y su Boda de Lujo

El silencio en la iglesia se volvió tan denso que casi se podía cortar. Juan, pálido como el mármol del altar, no podía apartar la vista de los tres pequeños que caminaban con Sofía. Sus ojos eran idénticos a los suyos, un detalle genético innegable. El mundo de Juan, construido sobre apariencias y negaciones, se estaba desmoronando en ese mismo instante.

Sofía se detuvo en la tercera fila, directamente frente a donde Juan estaba parado, esperando a su prometida. Los trillizos se aferraron a su vestido, sus pequeños rostros serios mientras observaban al hombre en el altar. El más pequeño, Mateo, levantó un dedo regordete y señaló a Juan.

"¡Papi!", exclamó con voz clara y dulce, que resonó por toda la catedral.

La palabra "Papi" fue como una detonación. Camila soltó un grito ahogado. Su padre, el honorable Senador Santoro, se puso de pie de un salto, su rostro enrojecido por la ira. Los murmullos se convirtieron en exclamaciones.

Juan finalmente encontró su voz, aunque era un susurro ronco. "Sofía, ¿qué demonios significa esto? ¿Qué haces aquí?"

Sofía sonrió, una sonrisa fría y calculada. "Juan, ¿de verdad creíste que podrías casarte sin antes conocer a tus hijos? Mateo, Isabella y Lucas. Tus hijos. Nuestros hijos."

"¡Es una locura! ¡Estás mintiendo! Nunca tuvimos hijos", espetó Juan, intentando desesperadamente recuperar el control. Su mirada se dirigió a los invitados, buscando apoyo, pero solo encontró asombro y condena.

Artículo Recomendado  El Testamento Millonario y la Noche de Traición: El Juez Revela la Deuda de Sangre del Yerno

"¿Mentir?", Sofía alzó una ceja. "El tiempo dirá, Juan. Pero el ADN es un juez implacable, ¿no crees? Y no soy yo quien está en juego aquí."

Camila, la prometida, finalmente reaccionó. Corrió hacia el altar, sus ojos inyectados en sangre. "¡Juan! ¿Quiénes son esos niños? ¿Qué está pasando?"

"¡Cálmate, Camila! ¡Esta mujer está loca! ¡Es una extorsión!", gritó Juan, aunque su voz sonaba temblorosa.

En ese momento, un hombre mayor, de traje impecable y porte distinguido, se levantó de la primera fila. Era el abogado de la familia De la Vega, el señor Anselmo Rivas, un hombre conocido por su seriedad y su impecable reputación. Caminó lentamente hacia el altar, su expresión grave.

"Señor De la Vega", comenzó Rivas, su voz resonando con autoridad. "Me temo que la señorita Sofía tiene un punto muy válido. Y un asunto que, lamentablemente, afecta directamente a su herencia familiar."

Juan palideció aún más. "¿De qué habla, Rivas? ¡Esto no tiene nada que ver con la herencia de mi abuelo!"

"Al contrario, joven Juan Carlos. Tiene todo que ver", respondió Rivas, sacando un documento doblado de su bolsillo interior. "El testamento de su abuelo, el difunto Don Ricardo de la Vega, estipulaba una cláusula muy específica para la sucesión de la mayor parte de su fortuna, incluyendo la mansión familiar y las acciones mayoritarias de 'De la Vega Holdings'."

Artículo Recomendado  El Hombre Que Encontré Con Mi Esposa Era Alguien Que Yo Conocía... Y Lo Que Descubrí Después Me Rompió Para Siempre

Un escalofrío recorrió la espalda de Juan. Sabía de la existencia de cláusulas, pero nunca imaginó que pudieran afectarle de esta manera. Había asumido que su riqueza estaba asegurada.

"La cláusula 7B", continuó Rivas, leyendo en voz alta, "establece que el heredero principal de la fortuna De la Vega deberá haber reconocido y mantenido a todos sus hijos legítimos antes de cumplir los treinta años de edad. En caso de no cumplir con esta condición, o de haber abandonado a sus descendientes, la mayor parte de la herencia pasará a un fideicomiso gestionado por la fundación 'Ricardo de la Vega para la Infancia', con el fin de asegurar el bienestar de dichos descendientes y de otros niños en situación de vulnerabilidad."

Las palabras cayeron como mazos sobre Juan. Él cumplía treinta años el mes siguiente. Y había negado a sus hijos.

"¡Pero si no los reconocí porque ella nunca me dijo que eran míos!", se defendió Juan, desesperado.

Sofía dio un paso al frente. "Te envié cartas, correos, mensajes. Te llamé innumerables veces. Te busqué en tu oficina. Te rogué que te hicieras cargo. Pero tú me bloqueaste, cambiaste de número y te mudaste sin dejar rastro. Dijiste que yo era una cazafortunas y que esos niños no podían ser tuyos."

Artículo Recomendado  El Dueño Millonario: El Gerente despidió a la camarera por ayudar a un vagabundo, sin saber que era el verdadero propietario del restaurante.

Las lágrimas brotaron de los ojos de Camila. "¡Me mentiste! ¡Me dijiste que no tenías hijos! ¡Que Sofía era una ex despechada!"

El Senador Santoro se acercó a su hija, su rostro una máscara de furia. "¡Esto es inaceptable, Juan Carlos! ¡Una afrenta a mi familia! ¡A mi honor! ¡Esta boda está cancelada!"

Juan miró a su alrededor. La boda de lujo, su reputación, su herencia millonaria, todo se estaba desvaneciendo frente a sus ojos. Los trillizos, ajenos al drama, miraban a su alrededor con inocencia.

"¡No! ¡No pueden hacerme esto!", gritó Juan, su voz rompiéndose. "¡Exijo una prueba de paternidad! ¡Ahora mismo!"

Anselmo Rivas asintió gravemente. "Ya está todo arreglado, señor De la Vega. Tenemos los resultados. Y me temo que confirman lo que la señorita Sofía afirma."

El sacerdote, finalmente, bajó del altar, su rostro compungido. La iglesia, que momentos antes era un símbolo de unión, se había convertido en un campo de batalla de verdades ocultas y consecuencias devastadoras.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir