La Deuda Millonaria: El Secreto del Abogado que Salvó al Magnate de la Trampa de su Esposa

La Investigación Secreta y el Codicilo Perdido
Ricardo condujo como un fugitivo, vigilando constantemente el espejo retrovisor. El Audi, aunque viejo, era rápido.
Llegó a la casa de campo de Don Elías dos horas después. Era una propiedad antigua, rodeada de altos muros de piedra y protegida por la discreción de sus guardias de seguridad personales.
Elías, un hombre delgado de ochenta años con la mente aguda de un joven fiscal, lo recibió en la biblioteca, rodeado de volúmenes de leyes y jurisprudencia.
"Siéntate, muchacho. Tienes que contarme todo, sin omitir detalles," dijo Elías, ofreciéndole un whisky.
Ricardo relató la escena con Leo, la mirada de Sofía, y el pánico del motor encendido.
"El plan era perfecto, Elías. Un accidente en la carretera, sin testigos. Ella heredaba, la fusión se retrasaba o se cancelaba, y ella se quedaba con el control total."
Elías asintió gravemente, acariciándose la barbilla.
"Eso es lo que ella cree. Pero la ambición de Sofía es su mayor debilidad. Ella no solo quiere tu dinero, Ricardo. Quiere tu legado."
Elías se levantó y caminó hacia una caja fuerte oculta detrás de un estante de libros.
"Cuando te casaste con ella, yo no confiaba. Su historial financiero era… demasiado limpio. Demasiados cabos sueltos en su juventud en Europa. Hice una investigación profunda, y aunque no encontré nada que justificara romper el compromiso, sí encontré indicios de que ella estaba buscando algo muy específico."
Abrió la caja fuerte y sacó un documento amarillento, envuelto en un lazo rojo.
"Este es el testamento original de tu abuelo, el que fundó la empresa. Y este," Elías sacó un papel más pequeño, "es un codicilo que tu abuelo me pidió guardar en secreto, solo para ser revelado en caso de extrema necesidad, o si la línea de sucesión se veía amenazada por intereses externos."
Ricardo tomó el papel, sintiendo el peso de la historia familiar.
"¿Qué dice?"
"Tu abuelo era un hombre sabio, Ricardo. Sabía que la riqueza atrae a los buitres. El codicilo establece que si el heredero principal (tú) muere antes de la edad de cincuenta años sin herederos directos de sangre, la totalidad de la fortuna, incluyendo la mansión y los activos no líquidos, se transfiere a una fundación benéfica, con una sola excepción."
Elías se acercó, su voz baja y urgente.
"La excepción es si la muerte es probada como un asesinato perpetrado por el cónyuge. En ese caso, el cónyuge no solo queda excluido de la herencia, sino que la fundación se encarga de utilizar los fondos para llevar el caso ante la justicia, sin importar el costo."
Ricardo se sintió mareado. Sofía no solo había fallado en matarlo, sino que si lo hubiera logrado, habría perdido todo.
"Pero ella no lo sabía," murmuró Ricardo.
"Exacto. Ella solo conocía tu testamento actual, el que te deja todo a ella. Por eso, el momento era crítico: antes de que firmaras la fusión y blindaras el fideicomiso."
El Regreso a la Mansión y la Trampa
Ricardo sabía que no podía quedarse escondido. Necesitaba pruebas de la conspiración para que la policía actuara, y las pruebas estaban en su mansión.
"Elías, necesito el disco duro de la computadora de la casa. Y el teléfono de Sofía. Ahí deben estar las comunicaciones con Javier."
"Es demasiado peligroso," protestó Elías. "Ella sabrá que falló y estará esperando."
"No si cree que estoy muerto," replicó Ricardo con una frialdad que asustó incluso al abogado.
Ricardo ideó un plan audaz. Usaría el viejo Audi, pero en lugar de ir directamente a la mansión, llamaría a la policía desde un teléfono público, reportando un accidente grave en la curva del acantilado, sin dar su nombre.
"Quiero que se genere un caos mediático. Que Sofía crea que el plan A funcionó, pero que aún no se ha confirmado mi identidad debido al estado del vehículo."
Elías accedió a regañadientes, pero insistió en enviar a dos de sus guardias de seguridad, discretamente vestidos de jardineros, a la propiedad de Ricardo.
Cuando Ricardo llegó a la mansión al anochecer, la escena era de falso luto. Había un coche de policía en la entrada, y Sofía estaba hablando nerviosamente con un oficial.
Ella había puesto en marcha el teatro.
Ricardo se deslizó por la entrada de servicio. Llevaba ropa oscura y una gorra.
Se dirigió directamente al estudio, donde estaba la caja fuerte que contenía el disco duro de la computadora principal.
Mientras trabajaba en la combinación, escuchó voces en el pasillo. Eran Sofía y un hombre.
"¡Estás diciendo que el idiota se salvó por un niño mugroso!" La voz de Sofía estaba llena de furia contenida.
"Parece que sí. El coche que explotó era un señuelo de un vecino. El Mercedes estaba intacto, solo con los frenos cortados, como pediste. Pero no lo usó," respondió la voz áspera de Javier, el ex jefe de seguridad.
"Maldición. Elías debe haberle dicho algo. ¿Revisaste el estudio? Necesito el codicilo de su abuelo. ¡Él me dijo que si Ricardo moría, yo tenía que tener ese papel!"
Ricardo se congeló. El codicilo. Pero Sofía no sabía que Elías lo tenía. ¿Por qué lo buscaba en el estudio?
Javier continuó: "No está. Solo encontré esto."
Escuchó el sonido de papel arrugándose.
"¿Qué es eso? ¡Una nota de amor estúpida! Necesito el documento que le da el control de la Fundación de la Deuda Millonaria. ¡Si no lo encuentro, todo esto fue en vano!"
Deuda Millonaria. Ese era el nombre de la fundación benéfica del abuelo.
Sofía estaba buscando el codicilo para destruirlo, no para usarlo.
Ricardo terminó de abrir la caja fuerte, sacó el disco duro y se escondió detrás de las cortinas pesadas mientras Sofía y Javier entraban al estudio.
"No te preocupes, Sofía. Si el idiota está vivo, lo encontraremos. Y cuando lo hagamos, haremos que parezca un suicidio por la presión del negocio. Pero primero, debemos asegurarnos de que el niño no hable."
Ricardo sintió que la sangre le hervía. No solo era una asesina, sino que ahora iba tras Leo.
Vio a Javier acercarse a la mesa, donde Ricardo había dejado su teléfono móvil personal (el que Sofía conocía). Javier lo tomó.
"Mira esto. Un mensaje de texto. 'Voy a ver a Elías. Tengo el codicilo y voy a exponer tu traición'."
Sofía sonrió, una sonrisa cruel y victoriosa.
"Perfecto. Ahora sabemos a dónde va. Y sabemos que tiene el codicilo. Javier, prepara el coche. Vamos a terminar esto de una vez por todas. Elías es viejo, no podrá detenernos."
Ricardo sintió que su corazón latía en sus sienes. Había caído en su propia trampa. Dejó el mensaje a propósito para que creyeran que él tenía el documento.
Ahora, se dirigían directamente a Don Elías, el único hombre que realmente lo protegía.
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