La Limpiadora Descubrió el Plan Secreto de la Enfermera para Robar la Herencia Millonaria del Juez

La Confrontación en el Despacho del Millonario

María salió del armario con la libreta escondida bajo su blusa de uniforme. El frasco de veneno lo dejó, por ahora, en su sitio.

Tenía que hablar con Eduardo de inmediato. Pero la hora era terrible, las 3:45 de la madrugada.

Subió corriendo las escaleras de mármol, ignorando el protocolo de no molestar al Dueño de la Mansión.

Llamó a la puerta del despacho de Eduardo, que estaba débilmente iluminado.

"Adelante," se escuchó la voz ronca de Eduardo.

Él estaba sentado frente a un escritorio de caoba, con gafas de lectura puestas, revisando un montón de documentos legales relacionados con la administración de la Herencia de su madre.

"María, ¿qué sucede? ¿Le pasó algo a mi madre?" preguntó Eduardo, alarmado por su presencia.

"Señor Valdés, tiene que escucharme. Es urgente. Su madre no está enferma, la están… la están envenenando," susurró María, su voz temblando por la adrenalina.

Eduardo se quitó las gafas y la miró con una expresión de cansancio y escepticismo.

"María, por favor. Sé que estás preocupada, pero no digas tonterías. Los mejores médicos del país han dicho que es un fallo natural."

Ella sacó la libreta de Priscila.

"Mire esto, señor. Lo encontré en el armario de suministros. Léalo. Es de la enfermera Priscila."

Eduardo tomó la libreta con desdén. Al principio, solo vio números y términos médicos. Pero luego, sus ojos se posaron en la línea roja: "Pago final 1.2 Millones USD. Cómplice: A.L. Tarea final: Testamento."

Artículo Recomendado  La Decisión del Millonario que Cambió Todo: Lo que Nadie Esperaba

Su rostro palideció.

"¿Qué significa esto? ¿A.L.? Esto es una locura, María. ¿Por qué Priscila tendría esto?"

"Ella está administrando una dosis lenta de veneno. Lo pone en el té de la tarde. Hoy toca la dosis 15 de 28. Si no hacemos algo, en dos semanas su madre estará muerta, y la Herencia se ejecutará bajo el nuevo Testamento."

Eduardo se levantó, agitado. Caminó hasta la ventana, mirando la oscuridad de sus vastos jardines.

"Esto es grave. Si tienes razón, esto es un intento de asesinato y fraude Millonario. Pero si te equivocas, María, si inventaste esto… te acusarán de difamación y te despediré."

"No me importa. Solo salve a Doña Elena. Yo sé que es verdad."

El Abogado y el Plan

Eduardo, aunque escéptico, no podía ignorar el terror en la voz de María ni la evidencia escrita.

"A.L. A.L…" murmuró Eduardo, repasando mentalmente a sus conocidos. Solo había una persona con esas iniciales en su círculo legal: Alonso López, el Abogado de la familia y albacea del Testamento.

Alonso era el encargado de manejar la fortuna de la familia desde que el Juez Valdés murió. Era un hombre de confianza.

"Imposible. Alonso ha sido como un tío para mí," dijo Eduardo, negándose a creer.

"El dinero corrompe, señor. Y si la enfermera recibe más de un millón, ¿cuánto recibirá el cómplice que puede manipular el Testamento?" replicó María con lógica simple.

Artículo Recomendado  La Verdad Detrás de las Rejas Doradas: Lo Que Esta Madre Descubrió Cambió Su Vida Para Siempre

Eduardo se dio cuenta de que si llamaba a la policía ahora, Priscila y Alonso se desharían de las pruebas antes de que llegaran. Necesitaba atraparlos en el acto.

"María, vamos a hacer esto a mi manera. Mañana por la tarde, a la hora del té, necesito que hagas un cambio. Necesito que retires el veneno y lo sustituyas por agua. Pero hazlo sin que Priscila sospeche."

"Ella no me deja acercarme al armario," advirtió María.

"Yo la distraeré. Le pediré una consulta médica privada y urgente en mi despacho. Tú tendrás diez minutos."

El plan era arriesgado, casi suicida.

La Trampa del Té

Al día siguiente, la Mansión estaba cargada de una tensión invisible.

A las 4:00 PM, la hora fatídica del té, Eduardo llamó a Priscila a su despacho con una excusa de salud.

"Doctora Durán, tengo unas palpitaciones extrañas. ¿Podría revisarme en privado?"

Priscila, siempre profesional, dejó la bandeja de té lista en la cocina y siguió a Eduardo.

María, con el corazón latiéndole como un tambor, se deslizó por el pasillo.

Fue directamente al armario de suministros. El frasco oscuro estaba allí, esperando.

Lo tomó, sintiendo su peso frío. Abrió la tapa con cuidado y vertió el contenido en un pequeño recipiente de muestras que había robado del botiquín. Lo llenó rápidamente con agua de la llave y lo volvió a sellar.

Artículo Recomendado  El Secreto Enterrado en la Habitación Prohibida: La Última Deuda del Millonario

Justo cuando estaba guardando el frasco de veneno real, escuchó pasos veloces.

Priscila regresaba, con los ojos entrecerrados.

"¿Qué estás haciendo aquí, María?" Su voz ya no era fría; era un silbido de pura rabia.

María se congeló, el frasco de veneno real en su mano.

Priscila se abalanzó sobre ella, empujándola contra el estante. El frasco de veneno cayó al suelo, pero no se rompió.

"¡Maldita entrometida! ¿Qué has visto? ¿Qué has tocado?" Priscila intentó arrebatarle el frasco.

"¡Sé lo que está haciendo! Está matando a Doña Elena por dinero. El Abogado Alonso es su cómplice!" gritó María, defendiéndose con uñas y dientes.

Priscila se rio, una risa seca y aterradora.

"¿Y quién te va a creer, la sucia limpiadora? Crees que un hombre como Eduardo te escuchará a ti sobre el diagnóstico de un especialista y la palabra de su Abogado? ¡Te equivocas!"

Priscila logró sujetar el cuello de María, apretando con fuerza.

"No debiste meter tus narices donde no te llaman. Ahora, no solo perderás tu trabajo, perderás algo mucho más valioso. Sé dónde vive tu familia, María."

Justo cuando el pánico se apoderaba de María y su vista comenzaba a nublarse, la puerta del pasillo se abrió de golpe.

Una figura alta y desesperada apareció en el umbral, iluminada por el sol de la tarde.

Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇

IMPRESCINDIBLES DE LA SEMANA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir