La Niñera que Susurraba Secretos: El Final Que Nadie Esperaba

El Descubrimiento Macabro
El hedor era insoportable. Una mezcla de humedad, podredumbre y algo más que Marcus prefirió no identificar.
Bajó los escalones de madera que crujían bajo sus pies. La linterna apenas iluminaba el camino.
Al final de las escaleras, encontró un cuarto pequeño con paredes de piedra húmeda.
Y ahí estaban.
Cuatro mujeres sentadas en sillas de madera. Sus ojos cerrados, sus cabezas colgando hacia adelante.
Sarah, la pelirroja. Mónica, la estudiante de pedagogía. Carmen, la señora mayor. Y Lisa, la que había durado apenas tres horas.
Marcus se acercó con piernas temblorosas.
No estaban muertas.
Respiraban lentamente. Como si estuvieran en un sueño profundo del que no podían despertar.
"Están dormidas", murmuró una voz detrás de él.
Marcus se volteó y encontró a Elena en su silla de ruedas, bajando por una rampa que él no había visto antes.
"¿Qué… qué es esto?" balbuceó Marcus.
Elena sonrió con esa misma expresión extraña del primer día.
"Esto es lo que les conté a tus hijos. La verdad."
"¿Las tienes drogadas?"
"No exactamente", Elena se acercó a Sarah y le acarició el cabello. "Digamos que están… descansando. Hasta que decida que ya pagaron por lo mal que trataron a tus hijos."
Marcus sintió náuseas. "Están vivas. Puedo verlas respirar."
"Por supuesto que están vivas. Yo no soy una asesina, Marcus."
Elena giró su silla para mirarlo de frente.
"Soy algo mucho peor."
En ese momento, Marcus notó algo que le heló la sangre. En una mesa al fondo del cuarto había fotografías.
Fotografías de él. De sus hijos. De su casa.
Pero algunas eran de años atrás. De cuando los niños eran bebés. De cuando aún estaba casado.
Elena había estado observándolos durante años.
"¿Quién eres realmente?" susurró Marcus.
Elena se rió suavemente. "¿No me reconoces, Marcus?"
Se quitó los lentes y la peluca castaña.
El rostro que apareció debajo hizo que Marcus cayera de rodillas.
Era imposible. Ella había muerto hace diez años.
En el accidente que también la había dejado paralítica.
"Hola, hermano", dijo su hermana gemela, que supuestamente había muerto en aquel choque.
"Catalina… pero tú…"
"¿Morí? Eso fue lo que les dijiste a todos, ¿verdad?"
Los recuerdos golpearon a Marcus como martillazos. El accidente. El hospital. La decisión de desconectar las máquinas.
Pero ella había desaparecido del hospital antes de que pudiera hacerlo.
"Llevo diez años planeando esto", susurró Catalina. "Diez años viendo cómo construiste tu vida perfecta sobre la mentira de mi muerte."
Marcus escuchó pasos en las escaleras.
Los cuatro niños bajaban lentamente, como sonámbulos.
"Es hora de que papá pague por lo que hizo", les dijo Catalina.
Los niños rodearon a Marcus con ojos vacíos.
Y entonces se dio cuenta de la verdad más horrible de todas.
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