La Propuesta Inesperada del Millonario: Una Noche que lo Cambió Todo

Si vienes de Facebook, seguramente te quedaste con la intriga de saber qué pasó realmente con Marina y el enigmático Sr. Ramírez. Prepárate, porque la verdad es mucho más impactante, emocionante y compleja de lo que imaginas. Esta no es solo una historia de un jefe y su empleada; es un viaje al corazón de las apariencias, los secretos y la increíble forma en que el destino teje sus hilos.

Una Desesperación a Medianoche

El aire en la oficina de "GlobalTech Solutions" era denso y frío, incluso a finales de primavera. Las luces fluorescentes zumbaban, proyectando un brillo implacable sobre los escritorios desiertos. Solo quedaba una luz encendida, la de Marina.

Eran las doce y cuarto de la noche.

Marina, con el cabello castaño desordenado y unas gafas apoyadas precariamente en la nariz, tecleaba frenéticamente. Sus ojos, rojos por el cansancio, recorrían una hoja de cálculo interminable.

Cada número bailaba ante su vista.

Un suspiro pesado escapó de sus labios. Había prometido que terminaría ese informe vital antes de irse. Pero su mente, terca y agotada, se negaba a cooperar.

La razón de su agotamiento no era solo el trabajo.

Era la boda de su hermana menor al día siguiente. Un evento que, para cualquier otra persona, sería motivo de alegría pura. Para Marina, era una montaña rusa de ansiedad.

"¡No, de verdad! ¡Necesito un novio para mañana! ¡Aunque sea de alquiler!", susurró Marina al teléfono, con la voz quebrada por la desesperación.

Su hermana, al otro lado de la línea, intentaba calmarla.

"Marina, no es para tanto. Ven sola, nadie te va a juzgar."

"¡Claro que sí, Sofía! ¡Sabes cómo es la tía abuela Elvira! Si aparezco sin acompañante, me va a torturar con sus preguntas sobre 'cuándo sentarás cabeza' y 'no te quedes para vestir santos'."

Una lágrima solitaria rodó por su mejilla.

"Es la única forma de que mi tía abuela me deje en paz... Necesito un escudo. Una distracción."

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Mientras tanto, en el pasillo adyacente, el Sr. Ricardo Ramírez, CEO de GlobalTech, se dirigía a la salida. Su abrigo de lana fina colgaba sobre su brazo, y su maletín de cuero italiano descansaba en la otra mano.

Era un hombre imponente.

Rondaba los cuarenta y cinco años, con un porte elegante y un aire de misterio que lo envolvía como una segunda piel. Sus ojos, de un azul gélido, rara vez revelaban emoción.

Escuchó la voz de Marina.

Se detuvo. Su mano, ya extendida hacia la perilla de la puerta principal, se congeló en el aire.

Las palabras de Marina, dichas con tal angustia, resonaron en el silencio de la oficina.

"¿Novio de alquiler?" murmuró él para sí mismo, casi inaudiblemente. Una ceja se arqueó en su rostro, un gesto que Marina jamás le había visto.

Se quedó ahí, inmóvil.

Absorbía cada sílaba, cada inflexión de su voz, como si estuviera descifrando un código secreto. Una idea, extraña y audaz, comenzó a germinar en la parte más recóndita de su mente.

Marina, ajena a la presencia de su jefe, colgó el teléfono con un golpe seco. La frustración la embargó. Se pasó las manos por la cara, sintiendo el peso de la situación, el cansancio acumulado y la humillación anticipada.

Se suponía que la boda de Sofía sería un día de celebración.

Pero para ella, se había convertido en una pesadilla personal.

Levantó la vista, dispuesta a apagar el monitor y rendirse, al menos por esa noche.

Y entonces lo vio.

El Sr. Ramírez estaba parado frente a su escritorio. Su figura alta proyectaba una sombra larga sobre su espacio de trabajo.

La miraba fijamente.

Su mirada era indescifrable, una mezcla extraña de curiosidad y... ¿compasión? ¿O quizás algo más, algo que Marina no podía identificar?

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Un silencio tenso, casi palpable, llenó la oficina. Marina sintió que el corazón le daba un vuelco.

¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Cuánto había escuchado?

Él dio un paso más, acercándose. El leve aroma a su colonia cara llegó hasta ella. Se inclinó ligeramente, con un brillo inusual en sus ojos azules.

Abrió la boca para hablar.

La Propuesta que Desafió la Lógica

"Marina," su voz era grave, pero sorprendentemente suave para su tono habitual de negocios. "He oído su... dilema."

Marina sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso.

"Sr. Ramírez, yo... lo siento. No debería haber estado en el teléfono personal en horario de trabajo, pero era una emergencia."

Él levantó una mano, deteniéndola.

"No se disculpe. Todos tenemos vidas fuera de la oficina."

Hizo una pausa, y Marina notó cómo sus ojos recorrían su rostro, como si estuviera evaluando algo.

"Entiendo su necesidad de un acompañante."

Marina tragó saliva. El nerviosismo le apretaba la garganta.

"Sí, es... es complicado."

"Bien," dijo él, enderezándose. Su expresión volvió a ser la de siempre: seria, inescrutable. "Le haré una propuesta."

Marina parpadeó. ¿Una propuesta? ¿Sobre qué?

"¿Una propuesta, Sr. Ramírez?"

"Sí. Yo seré su acompañante en la boda de su hermana."

El aire pareció salírsele de los pulmones. Marina se quedó sin habla.

¿El Sr. Ricardo Ramírez? ¿El millonario, el soltero de oro, el hombre que encabezaba las listas de los empresarios más influyentes?

¿Él, yendo a la boda de su hermana como su "novio de alquiler"?

Era una locura.

"Pero... Sr. Ramírez... ¿por qué? Usted... usted no puede."

"¿Por qué no?" Su tono era desafiante. "Soy soltero. Tengo un traje. Sé cómo comportarme en eventos sociales."

"No, no es eso," Marina balbuceó, intentando encontrar las palabras. "Es... es demasiado. Usted es mi jefe. Y... y un hombre de negocios muy ocupado."

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"Precisamente," respondió él, sus labios formando una línea delgada. "Estoy aburrido de mis propias reuniones sociales. Esto sería... un cambio de aires."

Y luego añadió, con un tono que no dejaba lugar a dudas: "Además, consideraré que es un favor. Y los favores, Marina, a veces se pagan con otros favores."

Marina sintió un escalofrío. ¿Qué tipo de favor esperaría él a cambio? ¿Horas extra sin remuneración? ¿Proyectos imposibles?

"¿Qué... qué tipo de favor?" preguntó, con la voz apenas un susurro.

"Nada que no esté dentro de sus capacidades profesionales. O quizás, una pequeña ayuda con un asunto personal mío en el futuro, si surge."

"Pero... ¿la gente? ¿Qué pensarán?"

"Pensarán que usted tiene un novio muy apuesto y exitoso," dijo con una leve sonrisa que apenas curvó sus labios. "Lo más importante es que su tía abuela quedará satisfecha."

Marina lo miró, incrédula. La situación era tan absurda que casi parecía un sueño febril.

Un millonario, su jefe, ofreciéndose a ser su "novio" para salvarla de los comentarios de su familia.

¿Era una trampa? ¿Un juego?

No tenía otra opción. La boda era al día siguiente.

"Acepto," dijo, sintiendo cómo el miedo y la esperanza se mezclaban en su estómago.

"Excelente," asintió él, sacando su teléfono. "Envíeme la dirección y la hora. Pasaré a recogerla."

Se dio la vuelta, y esta vez, abrió la puerta. Pero antes de salir, se detuvo y la miró por encima del hombro.

"Ah, y Marina," dijo, con una sonrisa que esta vez sí alcanzó sus ojos, "intente no enamorarse de mí."

Luego, desapareció en la oscuridad del pasillo, dejando a Marina sola, con el corazón latiéndole a mil por hora, y una mezcla explosiva de pánico y curiosidad.

¿Qué había hecho?

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