La Propuesta Inesperada del Millonario: Una Noche que lo Cambió Todo

El Ensayo de una Mentira Perfecta

La mañana siguiente, Marina despertó con una sensación de irrealidad. El sol se filtraba por las persianas, pero la luz no disipaba la neblina de la noche anterior. ¿Había soñado todo aquello?

Se pellizcó el brazo. No, no era un sueño.

Ricardo Ramírez, su jefe, el temido y respetado CEO, se presentaría en su casa para llevarla a la boda de su hermana. Como su "novio".

El pánico la invadió. ¿Qué se pondría? ¿Qué le diría a su familia? ¿Cómo actuaría con él?

Su teléfono vibró. Era un mensaje de texto.

De: Ricardo Ramírez
Asunto: Boda
Hora: 14:00. Estaré en su puerta. Vístase acorde a la ocasión. No olvide los detalles de nuestra "historia".

Marina sintió un nudo en el estómago. La "historia". Habían pasado veinte minutos después de su propuesta discutiendo los pormenores de su falso romance.

Se habían conocido en un evento de caridad. Él, impresionado por su inteligencia. Ella, atraída por su carisma. Un romance discreto, profesional, pero intenso.

Todo una farsa.

Se duchó a toda prisa, el agua caliente no lograba calmar sus nervios. Eligió un vestido azul cobalto, elegante pero sencillo, que acentuaba su figura sin ser demasiado llamativo. Se maquilló con esmero, intentando ocultar las ojeras de la noche.

A las 13:58, un Mercedes negro, brillante y lujoso, se detuvo frente a su modesto apartamento.

El corazón de Marina dio un brinco.

Ricardo salió del coche. Llevaba un traje impecable de corte perfecto, una camisa blanca y una corbata de seda que realzaba el azul de sus ojos. Parecía sacado de una revista de moda.

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La esperaba con una sonrisa enigmática.

Marina bajó con pasos temblorosos.

"Sr. Ramírez," dijo, intentando sonar profesional, aunque su voz temblaba ligeramente.

"Ricardo, por favor," la corrigió, extendiéndole una mano. "Recuerde nuestro acuerdo."

Su mano era cálida y firme. Un escalofrío recorrió a Marina.

"Ricardo," repitió, sintiendo que la palabra se le atascaba en la garganta.

Él abrió la puerta del coche para ella. El interior olía a cuero nuevo y a su colonia.

Durante el trayecto, repasaron su "historia". Ricardo era sorprendente. Recordaba cada detalle que habían inventado, incluso los más pequeños. Hacía preguntas sobre su familia, sobre su hermana, sobre la dinámica familiar.

"Necesito saber a quién voy a impresionar," dijo con un brillo divertido en los ojos. "Especialmente a la tía abuela Elvira."

Marina se encontró riendo, una risa genuina que la sorprendió.

"Ella es... formidable," admitió. "No tiene filtros. Espera que todos se casen y tengan hijos lo antes posible."

Ricardo asintió, pensativo. "Entendido. La estrategia será 'caballero encantador pero misterioso, con un compromiso serio pero sin prisa por el matrimonio'."

Cuando llegaron a la iglesia, el lugar bullía de gente. Marina vio a su hermana, Sofía, ya radiante en su vestido de novia, a punto de entrar.

"Aquí vamos," murmuró Ricardo, entrelazando sus dedos con los de Marina. El gesto fue tan natural, tan seguro, que Marina casi se lo creyó.

Entraron juntos. Las cabezas se giraron. Los susurros comenzaron de inmediato.

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"¿Quién es ese hombre con Marina?"

"¡Es guapísimo!"

"¿Y cuándo se echó novio?"

Marina sintió una oleada de alivio y vergüenza. El plan estaba funcionando.

La tía abuela Elvira, una mujer pequeña pero con una mirada de águila, los divisó de inmediato. Sus ojos se abrieron de par en par.

Se acercó a ellos, con una sonrisa forzada.

"¡Marina, querida! ¡Qué sorpresa! ¿Y este apuesto caballero?"

Ricardo dio un paso adelante, su sonrisa impecable. "Buenas tardes, señora. Soy Ricardo Ramírez, el novio de Marina."

Le besó la mano con una elegancia que dejó a la tía abuela sin aliento.

Marina observó la escena, atónita. Ricardo era un actor nato. Sus palabras eran suaves, su mirada, intensa. Hablaba con la tía abuela con un respeto fingido que la mujer absorbía como una esponja.

La ceremonia transcurrió. Marina, sentada junto a Ricardo, sentía su presencia a cada instante. Su mano, de vez en cuando, apretaba la suya suavemente, un recordatorio de su papel.

En la recepción, la situación se intensificó. La familia de Marina, curiosa por naturaleza, rodeó a la "pareja".

"¿Y a qué te dedicas, Ricardo?" preguntó su tío, un hombre corpulento que siempre desconfiaba de los "señoritos".

"Soy empresario," respondió Ricardo con calma. "Tengo una empresa de tecnología."

"¿Una empresa? ¿Qué tipo de empresa?"

Ricardo, con una paciencia sorprendente, explicó brevemente su negocio, omitiendo los detalles de su inmensa fortuna.

Marina se sentía cada vez más incómoda. La mentira era un telón frágil que en cualquier momento podría rasgarse.

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Pero Ricardo lo manejaba todo con una maestría asombrosa. Respondía a las preguntas, desviaba las incómodas, y siempre tenía un comentario amable para todos.

Hubo un momento, durante el brindis, en que Ricardo levantó su copa. Sus ojos buscaron los de Marina.

"Por los novios," dijo, su voz resonando en el salón. "Y por el amor, en todas sus formas. Que nos encuentre cuando menos lo esperamos, y nos cambie para siempre."

La mirada que le dirigió a Marina en ese instante fue profunda. Por un segundo, Marina sintió que no estaba actuando. Que había una verdad detrás de esas palabras.

La noche avanzaba. Marina bailó con Ricardo, sus cuerpos moviéndose al ritmo de la música lenta. Él la sostenía con firmeza, y ella apoyó su cabeza en su hombro.

"Lo estás haciendo muy bien," susurró Ricardo en su oído.

"Tú también," respondió Marina, sintiendo un calor inesperado al estar tan cerca de él.

Pero la tensión seguía ahí. La mentira era pesada.

De repente, un hombre se acercó a ellos. Alto, de unos treinta y tantos, con una sonrisa arrogante.

"¿Ricardo Ramírez? ¡No me lo puedo creer!" exclamó. "Soy Marcos, de 'Tech Innovations'. Tuve una reunión contigo el mes pasado. ¿Qué haces aquí?"

Ricardo endureció la mandíbula. Su sonrisa se desvaneció.

Marcos miró a Marina con curiosidad. "Y esta bella dama, ¿quién es?"

La mano de Ricardo, que sostenía la espalda de Marina, se tensó. El momento de la verdad se acercaba.

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