La Propuesta Inesperada del Millonario: Una Noche que lo Cambió Todo

El Desenmascaramiento y la Verdad Oculta

El corazón de Marina dio un vuelco. La mano de Ricardo en su espalda se tensó, y ella sintió la rigidez de sus músculos. Marcos, el hombre de "Tech Innovations", la miraba con una curiosidad que rozaba la insolencia.

"Soy Marina," dijo ella, intentando mantener la compostura. La voz le salió un poco más aguda de lo que quería.

"Marina es mi... acompañante," dijo Ricardo, con un tono que no dejaba lugar a dudas sobre la propiedad. Su mirada hacia Marcos era gélida, una advertencia silenciosa.

Marcos, sin embargo, no pareció captar la señal. "¡Acompañante! Vaya, Ricardo, no sabía que tenías este tipo de... arreglos." Hizo una pausa, y su sonrisa se amplió, llena de malicia. "Pensé que estabas en una relación muy seria con la Señorita Dubois, ¿la hija del senador? ¿O acaso ya terminaron?"

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Marina sintió que la sangre se le helaba en las venas. ¿Señorita Dubois? ¿Relación seria? Todo el castillo de naipes que habían construido estaba a punto de derrumbarse.

Las miradas de los familiares cercanos, que habían estado escuchando la conversación, se clavaron en ellos. La tía abuela Elvira, con los ojos entrecerrados, parecía haber olido la farsa.

Ricardo soltó la mano de Marina. Dio un paso adelante, colocándose entre ella y Marcos. Su postura era imponente, su voz, baja pero cargada de autoridad.

"Marcos," dijo. "Mis asuntos personales no son de tu incumbencia. Y te agradecería que no hicieras suposiciones sobre la situación de Marina."

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Marcos se encogió de hombros, aparentemente inmutado. "Solo digo lo que se rumorea en la ciudad. Que tú y la señorita Dubois son inseparables. Un romance de alto perfil."

Marina sintió una punzada en el pecho. Por un momento, una parte de ella había empezado a creer la farsa. Había sentido algo real en los bailes, en las miradas.

Pero ahora, la cruda realidad se estrellaba contra ella. Él tenía una vida, una "relación de alto perfil". Ella era solo un "acompañante" para un favor.

Ricardo, con una frialdad calculada, dijo: "Los rumores son solo eso, Marcos. Si me disculpas, estoy en un evento familiar y no tengo tiempo para chismes."

Agarró a Marina suavemente del brazo y la alejó de Marcos, quien se quedó parado con una expresión de triunfo.

"¿Una relación de alto perfil?" preguntó Marina, su voz apenas un susurro cuando estuvieron fuera del alcance de los oídos indiscretos.

Ricardo suspiró. Se pasó una mano por el cabello, un gesto de frustración que Marina nunca le había visto.

"Es complicado, Marina. La señorita Dubois es la hija de un socio importante. Hay presiones de negocios para... mantener una imagen."

"¿Una imagen? ¿Así que soy parte de tu 'imagen' hoy? ¿Un favor para un favor, que incluye ocultar a tu verdadera novia?" La indignación crecía en ella.

"No es así," dijo Ricardo, su voz más suave ahora. "Ella no es mi novia, no en el sentido que piensas. Es un acuerdo de conveniencia, al igual que esto."

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"¿Un acuerdo de conveniencia?" Marina se sintió herida. "Así que no hay diferencia entre ella y yo. Ambas somos piezas en tu juego de ajedrez."

Se soltó de su brazo.

"Esto es un error, Ricardo. No puedo seguir con esta farsa."

Dio media vuelta, dispuesta a irse, a desaparecer, a enfrentar a la tía abuela Elvira y a toda su familia antes que seguir con esa mentira dolorosa.

Pero Ricardo la detuvo. La agarró de la muñeca.

"Espera, Marina." Su voz era urgente. "Por favor, escúchame."

Ella se volvió, sus ojos llenos de lágrimas contenidas.

"Los rumores sobre la señorita Dubois son exagerados. Sí, hemos asistido a eventos juntos. Sí, hay presiones para que se vea como algo más. Pero no hay nada real entre nosotros. Nada de lo que se rumorea."

"¿Y yo?" preguntó Marina, su voz temblorosa. "¿Qué soy yo en todo esto?"

Ricardo la miró a los ojos. Su mirada gélida se había derretido, revelando una vulnerabilidad que Marina nunca había imaginado en él.

"Cuando te escuché anoche," comenzó, su voz apenas audible, "vi tu desesperación. Y por alguna razón, quise ayudarte. Pero también... también me intrigaste."

"¿Intrigada?"

"Sí. Tu pasión, tu honestidad. La forma en que te preocupas por tu familia. Es algo que no veo a menudo en mi mundo."

Hizo una pausa, y su pulgar acarició suavemente su muñeca.

"Y hoy, Marina... hoy no ha sido solo un favor. Me he sentido... diferente. Cómodo. Contigo."

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Marina lo miró, intentando descifrar la sinceridad en sus palabras. ¿Era otra actuación? ¿O realmente había algo más?

"Cuando bailamos," continuó Ricardo, su voz más baja aún, "cuando te miré durante el brindis... no estaba actuando. Esas palabras, 'el amor nos encuentra cuando menos lo esperamos y nos cambia para siempre', las sentí."

Una lágrima se escapó de los ojos de Marina.

"No sé qué decir," susurró.

"No digas nada," dijo Ricardo, soltándole la muñeca y en su lugar, tomando su mano. "Solo... dame una oportunidad para demostrarte que esto, lo nuestro, puede ser más que una farsa. Más que un acuerdo de conveniencia."

La música seguía sonando en el salón. La gente seguía bailando, riendo. La boda de Sofía continuaba, ajena al drama que se desarrollaba en ese rincón.

Marina miró la mano de Ricardo, entrelazada con la suya. La calidez de su palma, la firmeza de sus dedos.

La tía abuela Elvira los observaba desde lejos, con una sonrisa de satisfacción que Marina no pudo entender. Quizás, a veces, las apariencias podían engañar a todos, incluso a la más astuta de las tías abuelas.

Esa noche, bajo el velo de una mentira, una verdad inesperada comenzó a florecer. Una verdad que no buscaba fama ni dinero, sino algo mucho más valioso: una conexión genuina entre dos personas que se encontraron cuando menos lo esperaban. Y Marina, por primera vez en mucho tiempo, sintió que el amor, en efecto, era capaz de cambiarlo todo.

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