Los 15 Años Robados: La Verdad Detrás de la Casa Vacía

El Escondite Forzado

Ramiro se congeló, el miedo paralizando cada uno de sus músculos. Había pasado de ser un hombre engañado a un intruso en un peligroso juego.

Se agachó detrás de los arbustos secos, pegado al muro trasero.

El chirrido no se repitió. Solo el viento, que silbaba a través de la casa vacía.

¿Fue su imaginación? ¿El trauma de la carta amplificando cada sonido?

Decidió que la amenaza de lo desconocido era menor que el pánico de no saber. El sótano, o lo que fuera, prometía la respuesta final.

Abrió la puerta de cemento de par en par. Descendían unos escalones irregulares. Esto no era un sótano, sino un búnker improvisado.

La luz tenue que se filtraba revelaba un espacio claustrofóbico de unos dos por dos metros. El olor era fuerte, a solventes, a humedad extrema.

Y no estaba completamente vacío.

En el centro del piso de tierra, había una maleta de viaje de lona, abierta y tirada de lado. Estaba llena de ropa de niño y de mujer. Habían huido tan rápido que no pudieron cerrarla.

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Ramiro se acercó a la maleta, con los ojos buscando algo más macabro.

No había cuerpos. Pero había documentos.

Sacó un grueso manojo de papeles envueltos en plástico. Eran escrituras de propiedades, títulos de inversión y, lo que lo heló, documentos legales con su nombre y su firma. Falsificadas.

Su dinero no solo se había usado para un "negocio". Había sido la carnada para una operación de lavado de dinero o una estafa inmobiliaria gigantesca.

Marta y su "socio" habían utilizado la fachada del migrante ausente para esconder activos y evadir a las autoridades o, peor aún, a gente peligrosa.

La Verdad en las Sombras

El corazón de Ramiro se hundió. La traición sentimental era solo la superficie de algo mucho más oscuro.

Encontró un pequeño diario de pasta dura, escondido bajo las sábanas de la maleta. Era la letra de Alejandra, su hija.

Ramiro lo abrió en la última página. Estaba datada la noche anterior.

3 de Octubre. Ramiro leyó esa fecha. Él había llegado hoy, 4 de Octubre.

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Ella acababa de escribir esto. Estuvieron aquí hasta hace horas.

El diario de Alejandra no hablaba de una vida feliz. Hablaba de miedo, de discusiones, de hombres que venían por las noches y gritaban.

"Mamá llora mucho. El Tío Manuel (el socio de Marta) dice que Papá Ramiro tiene que seguir enviando el dinero o nos van a encontrar."

Alejandra, la niña inocente, había sido cómplice involuntaria del engaño, viviendo en constante terror.

Leyó el último párrafo. La tinta aún parecía fresca.

"Tío Manuel nos hizo empacar en 10 minutos. Dice que se equivocó y que ‘ellos’ ya saben dónde estamos. Mamá está muy pálida. Me dijo que dejara mi locket en la casa y que cerrara la puerta del búnker. Me dijo que era un 'regalo' para Papá Ramiro, si es que alguna vez volvía."

Las manos de Ramiro temblaban incontrolablemente. Su hija, en un acto desesperado de conexión, le había dejado una pista de su sufrimiento.

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Pero la frase final de Alejandra fue lo que lo hizo retroceder hasta chocar con el muro húmedo.

"El Tío Manuel se puso furioso. Dijo que tuvimos que dejar la 'prueba'. Que si ‘ellos’ la encuentran, sabrán que huimos. Yo no sé qué es la prueba, pero dijo que está en el suelo, bajo el tapete viejo de la cocina."

Ramiro recordó el chirrido metálico. El ruido en la cocina.

La "prueba" que Marta y Alejandra habían dejado accidentalmente.

Y la persona que hizo el ruido en la cocina.

No era el viento. Era "ellos". La gente que venía a buscar la prueba, dándose cuenta de que la familia había huido justo a tiempo.

Ramiro escuchó pasos lentos, pesados, acercándose a la puerta del cuarto de servicio.

Estaba atrapado en el búnker, a metros de la maleta llena de pruebas, con el miedo helado de estar a punto de enfrentarse a los verdaderos dueños de su fortuna perdida.

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