La Línea Oculta: Lo que Sofía Encontró en el Testamento de Venganza de su Padre

Si usted está leyendo esto, es porque siguió el rastro desde Facebook.
Usted, como miles de personas, se quedó con la respiración contenida frente a esa última línea del documento.
Sofía, la hija que traicionó a su padre, Don Pedro, perdió la casa. Pero el abogado acababa de señalar que había algo peor.
Algo que ponía a Sofía en un riesgo inminente. Un riesgo que superaba cualquier pérdida monetaria.
El silencio en la oficina del abogado se hizo pesado. Sofía sintió que el aire le faltaba.
Ella había leído la línea, pero su cerebro se negaba a procesarla.
La línea decía: "Y el beneficiario del inmueble asume, a partir de esta firma, la total responsabilidad legal y física sobre el 'Anexo F' mencionado en el apéndice de la estructura del sótano."
¿Anexo F?
El abogado, un hombre de edad y mirada cansada, le pasó un sobre sellado. "Esto no es mío, señorita. Es una instrucción de su padre. Me pidió que solo se la entregara si usted o su novio intentaban tomar posesión de la casa."
Sofía arrancó el papel con furia.
"¿Qué es esto? ¡Un juego de mi padre!" gritó, la euforia de hace un momento convertida en pánico gélido.
El abogado simplemente se encogió de hombros. "La caridad es estricta. Si ese anexo existe y tiene contenido… legalmente, ahora es suyo."
Sofía salió disparada, con Marco, su novio, siguiéndola de cerca.
La casa que debió ser su victoria se sentía ahora como una trampa oxidada.
La Última Advertencia de Pedro
Condujeron en silencio. El rostro de Sofía estaba desfigurado por el miedo y la rabia.
Marco intentaba ser práctico, aunque sus manos sudaban sobre el volante.
"Sofía, tu padre es un obrero. ¿Qué podría haber construido? ¿Un armario extra? ¿Un escondite de dinero?"
"No lo entiendes," susurró ella. "Pedro no solo me odia. Él me conoce. Si me dejó esto, es para que sufra."
Llegaron a la casa al caer la tarde. La vivienda se veía idéntica, pero la atmósfera era distinta. Pesada.
El perro de la familia, Lucas, un pastor alemán fiel y viejo, se acercó a Sofía. Pero en lugar de saludarla, gruñó.
Gruñó a la puerta del sótano.
Sofía había evitado el sótano desde que su padre se fue. Era el lugar donde Pedro pasaba horas trabajando en sus proyectos, sus "locuras de construcción", como ella las llamaba.
Marco, tratando de demostrar coraje, tomó una linterna y bajó las escaleras.
El sótano olía a hormigón viejo, humedad y algo más, algo metálico y frío.
Los cimientos estaban a la vista, las tuberías, las herramientas de Pedro todavía colgadas de un clavo.
Sofía, con el sobre arrugado en la mano, encendió su teléfono para leer la nota de su padre.
No era una nota, era una sola frase escrita con letra pulcra: "La verdad siempre está enterrada en el lugar donde la construiste."
Marco estaba golpeando las paredes con la mano, buscando un sonido hueco.
"Aquí no hay nada, Sofía. Solo paredes sólidas. Muros de cemento."
Sofía se acercó. Recordó la manía de su padre por la perfección. Si Pedro construía algo, no se vería.
Se fijó en la pared del fondo, cerca del rincón que daba al jardín trasero. Era una zona que siempre estaba cubierta por lonas y tablas de madera.
Al retirar el material, la luz de la linterna reveló una sección de pared que era ligeramente diferente.
No por la pintura. Sino por la textura del cemento.
Era una plancha perfecta. Sin imperfecciones. Una línea de masilla apenas visible marcaba un rectángulo casi invisible.
"Lo encontraste," jadeó Marco. Su voz ya no era de desafío, sino de terror puro.
Pedro no había construido una simple pared. Había construido un acceso. Un sello.
Marco sacó un destornillador grande y empezó a buscar la junta. Necesitaban palanca.
Al encontrar el punto débil, forzó la herramienta con todas sus fuerzas. El cemento cedió con un crujido sordo.
Un golpe seco.
La placa de hormigón se movió apenas unos milímetros.
En ese instante, ambos se quedaron helados.
Desde el interior de esa oscuridad recién expuesta, escucharon un ruido distinto.
No era el crujido de la madera o el roce del metal.
Era un sonido bajo. Húmedo.
Y parecía moverse.
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